*

Culto
Vidas mínimas

Vidas mínimas

Jesús revela una mirada atenta a su tiempo y, por esta vía, una propuesta digna de estima.

Jesús (el no profesional Nicolás Durán) baila k-pop, no estudia ni trabaja, es huérfano de madre y cada tanto se topa con su papá (Alejandro Goic), trabajador itinerante a quien cuenta mentirillas sobre su día a día. También ve videos chocantes para tener emociones fuertes, se borra en plazas y parques con droga y alcohol, e intima con chicas y con chicos. Y cierta noche, en el Parque O’Higgins, participa en una pateadura semejante a la que acabó en 2012 con la vida de Daniel Zamudio. De estas rutinas, con sus sombras largas y sus pequeños esplendores, está hecho el segundo largo de Fernando Guzzoni (Carne de perro, 2012). Y si bien no renuncia al (neo)realismo dardenniano, en esta pasada le da un mejor destino, provisto de un método más ad hoc. Por lo pronto, no pocos miembros del reparto son gente a la que conoció en más de un año investigando tribus juveniles. Lo anterior contribuye a armar un set de tonos y climas convincentes, aun si a la progresión dramática y al pulso emocional no siempre les basta con eso. Pero incluso cuando el simulacro no pasa por espontaneidad, Jesús revela una mirada atenta a su tiempo y, por esta vía, una propuesta digna de estima.



Jesús. De Fernando Guzzoni. Con Nicolás Durán, Alejandro Goic, Sebastián Ayala. Chile, 2016. 85 minutos. Nota: 5

Sobre el autor: