Culto
Estrenan Jesús, la película que quiso ir más allá del caso Zamudio

Estrenan Jesús, la película que quiso ir más allá del caso Zamudio

El jueves se estrena el filme de Fernando Guzzoni que se inspira libremente en el crimen ocurrido en 2012.

El 26 de octubre del 2016 salió en libertad condicional uno de los cuatro acusados de participar en la golpiza que condujo a la muerte de Daniel Zamudio en 2012. Fabián Mora Mora, de 24 años, era el más joven de los cuatro implicados y, de acuerdo a todos los antecedentes, tuvo un rol poco relevante en el mortal ataque. Durante sus tres años en prisión mantuvo buen comportamiento, fue a talleres de Gendarmería y pasó la prueba de la conducta intachable.

A un año exacto de su salida, una película chilena que se acaba de estrenar con buenas críticas en EEUU y que antes estuvo en el prestigioso Festival de Toronto, conecta de alguna manera con la biografía de Fabián Mora. El largometraje Jesús, inspirado muy libremente en el trágico episodio de 2012, se estrena este jueves 26: su protagonista, el Jesús del título, es un confundido chico de 18 años que participó oblicuamente en la brutal muerte de otro joven.

Jesús es la segunda película de ficción del director chileno Fernando Guzzoni (1983), que antes fue premiado en el Festival de San Sebastián por Carne de perro (2012), sobre un ex torturador devenido en taxista. En ambas, como figura relevante, actúa Alejandro Goic, aunque en esta ocasión comparte el protagonismo con Nicolás Durán (Bala loca), que interpreta a Jesús. Gran parte del resto del elenco ni siquiera son actores. Más bien se trata, como informa Guzzoni, de jóvenes de las subculturas del k-pop (pop coreano) y del otaku (gusto por el manga y el animé). Muchachada que se desplaza entre el edificio de la Mutual de Seguridad en Alameda, el GAM y el Eurocentro.

“Es una generación que tiene una fascinación por los medios, por la tecnología y que se expone sin tapujos en los espacios públicos”, comenta Fernando Guzzoni. “Bailan, algunos aprecian la cultural oriental y enfrentan su sexualidad en forma desinhibida”, comenta el realizador, quien hace un alcance clave sobre su filme: “El protagonista estuvo entre los de la golpiza, pero perfectamente él podría haber sido el agredido”.

La reflexión anterior tiene que ver con una idea fuerza detrás del largometraje: alejarse de la verdad instalada inmediatamente después del crimen de Daniel Zamudio. “No creí en la primera versión oficial de los medios, que decían que una banda de neonazis golpeó a Daniel Zamudio hasta matarlo. Todo es mucho más complejo que eso”, dice Guzzoni sobre el largometraje, que próximamente se estrenará en Francia, Alemania e Italia.

El director trata siempre de dejar en evidencia que el caso Zamudio es el punto de fuga a una trama diferente. “Realicé una investigación, hablé con amigos y empleadores de los asesinos, pero hice una película absolutamente libre, con muchas licencias. No quería un filme con héroes y villanos, no quería victimizar a nadie”, enfatiza.


Padre e hijo

Filmada en locaciones que privilegian el exterior (Paseo Ahumada, Parque O’Higgins, Paseo Cousiño), Jesús es la segunda película estrenada en menos de un año que remite al asesinato de Zamudio. La otra fue Nunca vas a estar solo (2016), de Alex Anwandter, que se internaba en la relación de la víctima con su padre.

Las similitudes entre ambas son pocas. “El móvil original de Jesús es la relación padre e hijo. Estas dos figuras son llevadas a un paisaje urbano: tenemos al papá, que nació en los 50, y al muchacho, que nació en los años 90 y está mucho más influido por las culturas orientales y norteamericanas, y es muy libre en su sexualidad”, cuenta Guzzoni.

En la película no se especifica el barrio donde vive Jesús. El director dice que evitó el cliché: “No son cabros de población ni son lumpen. Son muchachos de clase media baja, como la mayoría en Chile”. Jesús, que es mal estudiante y bueno en los bailes k-pop, está a punto de cursar un 2×1 (tercero y cuarto medio en un año). Su padre (Goic) habla poco con él y cuando lo hace, generalmente es para hostigarlo por su holgazanería. No hay madre.

El joven se rodea de un grupo de compinches aún más enajenados y uno de ellos, el Beto, es peligrosamente violento. Una noche de borracheras precipita el crimen cuando a los cuatro se les cruza en el parque un chico que apenas puede articular palabra. Vive cierto estado crítico de embriaguez y Beto, bruto sin remedio, empieza la golpiza en la que Jesús participa para no desentonar con el resto.

¿Será el momento para que el padre ausente busque proteger a su hijo? La película lo dilucidará. Mientras, Guzzoni aventura una opinión sobre Fabián Mora, el “menos culpable” de los verdugos de Daniel Zamudio: “Se le había muerto la mamá y la tía, vivía con la abuela, había entrado y salido de la universidad, y no me parecía ni sociópata ni criminal. Le gustaba la cultura otaku, etc. Me imagino que de un día para otro se vio metido en uno de los casos criminales más emblemáticos de Chile. Eso habla de los límites que uno puede fácilmente sobrepasar en la juventud, de lo frágil que es todo”.

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