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Maestro actor: rescatan película protagonizada por Claudio Arrau

Maestro actor: rescatan película protagonizada por Claudio Arrau

En el Día del Patrimonio Audiovisual, la Cineteca de la Universidad de Chile exhibirá el desconocido filme de 1935 y pondrá en línea otras 60 producciones.

En los primeros años 30, México era el país de las segundas oportunidades para los que no tenían otra en su propia nación. El gran cineasta soviético Sergei Eisenstein encontró en la patria de los presidentes revolucionarios Plutarco Calles y Lázaro Cárdenas la posibilidad de reactivar su carrera fílmica con la película ¡Qué viva México! y, guardando las distancias, el cineasta chileno de origen alemán José Bohr (1901-1994) relanzó su vida profesional tras tras su paso por Hollywood.

Una de aquellas películas mexicanas de Bohr se llamó Sueño de amor (1935). Fue protagonizada por otro artista chileno que buscaba suerte fuera de su ecosistema natural: Claudio Arrau, alejado de Alemania tras el ascenso al poder de los nazis en 1933, fue actor por primera y última vez en su vida. El filme, que durante mucho tiempo tuvo características casi mitológicas (nadie sabía si existían copias), fue recientemente restaurado por el coordinador de la Cineteca de la Universidad de Chile, Luis Horta. Tras exhibirse la semana pasada en el Festival de Valdivia, la cinta debuta el próximo jueves a las 18.30 h en el Insituto de Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile (ICEI), en el marco de las celebraciones del Día Mundial del Patrimonio Audiovisual.

“Sueño de amor es una de aquellas películas de existencia casi imaginaria. Nadie sabía realmente si había una copia, hasta que encontramos esta en el año 2008”, explica Horta, que halló una copia en 16 milímetros mientras hacía una pasantía en la Universidad Nacional Autónoma de México.

En el largometraje de 70 minutos, Claudio Arrau interpreta al compositor y pianista húngaro Franz Liszt (1811-1886), uno de los grandes virtuosos del instrumento en el siglo XIX.

“La película no encajaba con el tipo de producciones que se hacían en México en esa época y por lo mismo no tuvo mucho éxito”, agrega Horta acerca de la atípica propuesta de Bohr, quien incursionó en el western, el policial, la comedia y ya de vuelta en Chile fue responsable del clásico El gran circo Chamorro (1955).

Desde el punto de vista extra cinematográfico, Sueño de amor tiene el valor de informar sobre la relevancia de dos artistas locales en períodos no demasiados conocidos de sus carreras. Arrau tenía 34 años cuando protagonizó la cinta y su elección habla de su fama en ese momento, al menos en el circuito musical. “El ya era conocido y José Bohr, que siempre quiso hacer una cinta musical, aprovechó su paso por México. Arrau venía de Alemania, donde había logrado un importante perfil. Muchos asocian a Arrau con el señor de fama mundial ya con más de 70 años, pero este documento nos da otra visión”, dice Luis Horta.

En 1935, Arrau había grabado varios discos, interpretó todas las obras de Bach y se separó de su primera esposa, la mezzosoprano letona Erika Burkewitch. En ese momento de cambios personales y gran dedicación profesional lo pilló la película de Bohr, una rareza. “La verdad es que actúa bastante mal, pero hay largos pasajes, hasta de 10 minutos, donde toca el piano. Por otro lado la película tiene grandes valores de producción y dirección de arte, a la par con lo mejor de la época en México”, explica Horta.

La trama de la historia, desaforada y algo populista como todo el cine de Bohr, reinventa la vida de Liszt a partir de hechos reales: enamorado despechado de una mujer de la nobleza, el músico se transforma en un artista de las masas, venerado por la gente común, desde los gitanos a los taberneros.


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Las actividades de la Cineta de la U. de Chile por el Día del Patrimonio Audiovisual también incluyen la liberación de 60 cintas chilenas de carácter patrimonial, que se podrán ver en el sitio de la institución (cinetecavirtual.uchile.cl).

Entre estas producciones destacan las cintas de Miguel Littin antes del exilio, los filmes de Cristián Galaz (incluyendo sus filmaciones de Los Prisioneros), las películas de Elisa Eliash (Mami te amo, Aquí estoy , aquí no, entre otras), todas las obras con dirección de fotografía de Héctor Ríos (desde Yo era un camarada hasta clips de Los Prisioneros) y el registro de la exhumación del cadáver de Salvador Allende, de Hernán Dinamarca.

A nivel de exhibiciones en el ICEI también destaca la proyección de Solo (1966), película inédita e inconclusa de Aldo Francia. La cinta es de alguna forma un preludio de Valparaíso, mi amor (1969) y registra los encuentros que tiene el crítico de cine Orlando Walter Muñoz con habitantes de los cerros del puerto.

El largometraje de Francia se dará el martes 31 de octubre a las 19.00 h en la Sala Sazié de la Casa Central de la Universidad de Chile, precediendo la exhibición de Manuela, obra del cubano Humberto Solas, que fue uno de los emblemas del cine latinoamericano de los años 60. La cinta retrata el caso de una campesina que se une a los revolucionarios cubanos de Sierra Maestra durante los últimos días del dictador Fulgencio Batista.

Sobre el autor:

Rodrigo González |
Sub-editor de Cultura de La Tercera.