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Culto
La idea contracultural de Pablo Lescano: la cumbia villera

La idea contracultural de Pablo Lescano: la cumbia villera

En un mundillo educado por las letras que apuntaban a las relaciones, el líder de Damas Gratis se convirtió en el gurú con un mensaje diferente, uno vinculado estrechamente con el barrio.

Lo venía sintiendo desde hace tiempo. Cuando entendió que muchas de sus composiciones, cuestionadas por su contenido, no verían la luz en Amar Azul, Pablo Lescano dijo basta. Contracultural, el por entonces tecladista de la banda liderada por Miguel Ángel D’Anibale, fue por otra cosa. Estaba podrido: le cansaba que gran parte de las letras hablaran de amor. En los bailes todo le parecía igual. Le hacía ruido que no le dieran cabida al barrio, que no existiera la intención de romper y retratar la crudeza del día a día. Flor de Piedra, la banda, fue su apuesta. Mejor imposible.

Desde que era “pibe”, casi como una herencia, Pablo encontró en la cumbia a su fiel compañera. También en los instrumentos. Cuenta que visitaba con frecuencia la casa de un vecino en el barrio argentino de “La Esperanza” de San Fernando para tocar teclado. Aún joven decidió ganarse la vida con la música.

A los 12 años suspendió un viaje de egresados para, con ese dinero, pagar la primera cuota de su órgano Kawai. Después le siguió un Roland. Hoy, en cada uno de sus multitudinarios conciertos, dispara sonidos midis desde sus particulares e inseparables keytars tuneados con diseños de fusiles, favor que le hizo un amigo de Lomas de Zamora.



En 1996 se unió a Amar Azul, participando activamente de discos tan emblemáticos como Cumbia nena (1997), pero tres años después optó por una idea contracultural dentro la música tropical para darle vida a un nuevo matiz. Con un sonido directo y letras dedicadas, entre otros, a los vagos, la policía, los dealers y los ladrones, nació la “cumbia villera”, concepto ideado al voleo por un productor. No tardó en romperla.


En la sección Mi vida en 20 canciones de Rolling Stone, Pablo Lescano destacó que en el segundo disco de Amar Azul tuvo “arte y parte”, componiendo temas como “Yo me enamoré”.

En paralelo a Flor de Piedra, donde fue autor, compositor y marcó el flamante camino, Lescano abandonó esa suerte de segundo plano en el que estaba relegado para crear Damas Gratis, grupo donde, de manera improvisada, pasó de tecladista a cantante. Y se quedó. No sólo eso: la banda se convirtió en el referente más importante de cumbia villera en Argentina, sobreviviendo hasta la actualidad, a diferencia de otros conjuntos como Los Pibes Chorros, Los Gedes y Yerba Brava.

“Acá no es como el rock, que los fans te van a ir a ver para siempre. Para seguir vivo, tenés que grabar un disco bueno. Sino, chau. Fuiste. Nosotros metemos dos o tres temitas piolas por álbum para refrescar la propuesta, y así nos logramos mantener”, explicó Lescano en una entrevista concedida a Rolling Stone en 2012.



Pronto, este método de composición, marcado por su peculiar batallón de sonidos midis, lo convirtieron en el gurú de la nueva música tropical, le abrieron la puerta al Luna Park y, consecuentemente, a la historia cultural del país trasandino. Incluso, como él mismo indicó en su famosa aparición en Encuentro en el Estudio, logró tocar “en primera” junto a referentes del rock argentino, como Los Fabulosos Cadillacs (“Padre Nuestro”, La luz del ritmo) y Andrés Calamaro (“Tres Marías”, On the rock).


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