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Culto
CorpArtes 2018: de Ai Weiwei a Plácido Domingo

CorpArtes 2018: de Ai Weiwei a Plácido Domingo

La nueva temporada de la fundación parte con el pie a fondo en enero, con dos conciertos del gran tenor español, y en marzo alcanza máxima velocidad con la llegada de la retrospectiva “En tus ojos”, del controvertido artista chino. He aquí más detalles del año.

Eran el símbolo de estatus para todo chino que quisiera ser respetable en los tiempos de Mao. Las fabricaban masivamente en Shanghai, se desperdigaban por millones en las calles de Beijing, pero para una familia del extremo noroccidental de China, cerca de la India y Pakistán, eran el ejemplo exacto de un bien escaso e inalcanzable. Las bicicletas Forever (Yongju, en el original) estuvieron siempre en el imaginario del niño y joven Ai Wewei (1957) mientas crecía entre Heilongjiang y Shihezi, lejos del mundanal ruido de Beijing, su ciudad natal. Ya hecho y derecho, en 2003, el artista creó una de sus instalaciones más populares con 42 de aquellas viejas bicicletas en la Tate Gallery. Con el tiempo, las sucesivas reelaboraciones del proyecto variarían en número hasta llegar a los 1.200 vehículos en la propuesta desarrollada en el Estadio Nacional de Beijing (2011).

El trabajo, que tiene como nombre Forever bicycles, es claramente uno de los hits artísticos de Weiwei y será parte de “En tus ojos”, la gran retrospectiva dedicada al artista que se desplegará en la Fundación CorpArtes entre marzo y junio de 2018. La exposición del creador chino más mediático de los últimos años es una de las paradas obligadas del programa 2018 de CorpArtes, cuya programación será anunciada el jueves 19 y de la cual ofrecemos algunos adelantos de primera línea. La llegada de sus obras fue prologada por la visita que Weiwei hizo a principios de agosto, con una charla en CorpArtes y una visita a la casa de Pablo Neruda en Isla Negra.

Hijo del poeta Ai Qing (1910-1996), Ai Weiwei viene desplegando sus obras en arte conceptual, escultura, arquitectura, música y cine desde, al menos, principios de los años 80. Influido en primera instancia por el dadaísmo y por Marcel Duchamp, el creador pekinés fue absorbiendo los legados de Andy Warhol y del poeta Allen Ginsberg, con quien su padre mantuvo estrechos lazos literarios. Siempre crítico y alerta a los vicios del colectivismo y el capitalismo, Ai contó en un principio con el respaldo del Gobierno chino e incluso fue el principal consultor en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Poco tiempo después, sin embargo, se transformaría en un paria en su propio país: tras revelar la deficiente construcción de una escuela como una de las causas de la muerte de más de cinco mil estudiantes en el terremoto de mayo del 2008 en Sichuan, Ai sufrió arresto domiciliario y ya en 2011 fue a parar a la cárcel, donde permaneció 81 días.

Desde que fue puesto en libertad no ha hecho más que viajar por el mundo y exponer a ritmo frenético. Su fama de disidente es planetaria, pero su obra artística está más o menos al mismo nivel de popularidad. El MoMA de Nueva York, la Tate Modern de Londres y el Centro Pompidou de París son paradas habituales, pero en un lugar muy especial están las calles y las ciudades. Como artista en interacción con los acontecimientos, siempre dialoga con el presente. Un ejemplo: acaba de inaugurar una instalación masiva en los cinco principales sectores de Nueva York: “Good fences make good neighbors”. Se trata de una serie de jaulas, rejas y letreros digitales (y tradicionales), que aluden a las fronteras y a los conflictos migratorios. Están en Washington Square, Central Park y la Quinta Avenida, entre otros hitos neoyorquinos.


El capítulo chileno

La retrospectiva “En tus ojos”, muestra itinerante curada por el brasileño Marcello Dantas y que parte en noviembre en Buenos Aires, también traerá, por ejemplo, la exitosa Sunflower seeds: una instalación hecha a partir de 100 millones de semillas de girasol de porcelana pintadas a mano. Originalmente creado para el Tate Museum de Londres, en octubre de 2010, este proyecto demandó el trabajo de 1.600 artesanos de la ciudad de Jingdezhen (sureste de China), famosa por sus milenarias creaciones de porcelana. Las 150 toneladas de semillas tomaron dos años y medio de labor intensiva y, a la larga, el trabajo invertido y el resultado es para Weiwei una metáfora de dos cuestiones: el sometimiento de los chinos a un partido único y el sistema de producción masivo del capitalismo oriental.

Hablando de masividad y porcelana, “En tus ojos” también incorpora su obra He Xie (“Cangrejos”). Se trata de miles de réplicas de pequeños crustáceos rojizos hechos de porcelana y que tienen un significado político e irónico: en chino, “he xie” también significa “armonía”, un eufemismo utilizado por el gobierno para referirse a la censura. La obra fue desarrollada en 2011, después de que las autoridades de Beijing mandaran destruir su estudio de Shanghai.

El espíritu de multiplicación también se apropia de Bang, construcción compuesta de 886 sillas y pisos de madera que Weiwei creó para la Bienal de Venecia 2013, específicamente para el pabellón alemán.


Los suizos y el bailarín feo

En el terreno musical, dos de las más importantes visitas de la Temporada 2018 de CorpArtes serán Plácido Domingo y la Orquesta de la Suisse Romande. El gran tenor español ofrecerá, como ya anunció La Tercera, un concierto masivo el domingo 14 de enero, a las 20 horas, en el Estadio Nacional, con entradas que van entre $ 5.000 y $ 32.500. Junto a la soprano puertorriqueña Ana María Martínez y a la Filarmónica de Bogotá, dirigida por Eugene Kohn, Domingo cantará un repertorio de amplio rango, desde los clásicos de la música docta (Verdi, Puccini, Bizet) hasta el cancionero pop y tradicional hispanoamericano.

El tenor, que con esta visita celebra los 50 años de su primer concierto en Chile, también estará tres días antes -el jueves 11, a las 20 horas- en el Teatro CorpArtes, en un recital que celebrará los 15 años de la fundación homónima. Este concierto no tendrá el mismo repertorio que el del domingo 14.

También en el terreno musical se instala otra de las grandes visitas del año: la Orquesta de la Suisse Romande, dirigida por su titular, Jonathan Nott. El conjunto suizo está en el top 10 de las agrupaciones sinfónicas de Europa y su primera visita a Chile se concretará el 10 de mayo, a las 20 horas, también en el teatro de la fundación. Esta presencia se enmarca en la celebración de sus 100 años, abogando preferentemente por un repertorio del siglo XX, pero sin descuidar nunca los clásicos de las centurias anteriores. Con sede en Ginebra y creada por el conductor, teórico y matemático suizo Ernest Ansermet, la Orquesta de la Suisse Romande ha estrenado en su siglo de vida obras de Debussy, Stravinsky y Honegger, privilegiando siempre un sonido intuitivo y arriesgado, cercano a los sentidos más que a la ejecución cerebral de sus parientes de la tradición germana.

En ese sentido, es una orquesta muy distante de los estándares de Austria y Alemania, replicados en los países anglosajones. Es otra cosa, muy cercana en sonido a lo que en algún momento buscaron los franceses Ravel y Debussy, así como el ruso Stravinsky. Con más de 300 discos grabados para Decca por el legendario Ernest Ansermet, la Suisse Romande está ahora bajo el mando del inglés Jonathan Nott, uno de los más contagiosos y efusivos directores de las últimas décadas, quien acá dirigirá el Preludio a la siesta de un fauno, de Debussy; el Concierto para chelo, de Antonin Dvorak (con el chelista francés Xavier Phillips), y el poema sinfónico Una vida de héroe, de Richard Strauss.

En teatro, que este año trae obras locales y extranjeras, sobresale Historia de amor con hombre bailando, la primera producción íntegramente hecha en CorpArtes. Se trata de la adaptación de la novela homónima de Hernán Rivera Letelier, dirigida por Bastián Bodenhofer y con las actuaciones de Felipe Ríos, Maira Bodenhofer, Christian Zúñiga, Emilio Edwards y Maitén Montenegro. Es la historia de un hombre particularmente feo, aunque con una infinita capacidad para bailar, y transcurre durante los años 60 en el Salón Grande de la localidad salitrera de Coya. La puesta en escena integra una gran cantidad de bailes y música en vivo.

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