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Culto
La feroz normalidad

La feroz normalidad

Es simplemente salvaje que el cliché sea cierto: el productor poderoso abusó una y otra vez de su poder para ejercer humillación frente a mujeres cuyas carreras dependían de él.

Algo curioso ocurrió con el primer artículo que apareció en The New York Times sobre el sistemático abuso y acoso sexual de Harvey Weinstein a jóvenes mujeres de Hollywood. Como las denunciantes eran actrices menos conocidas o de menor fama -como Ashley Judd-, el estallido no fue inmediato. A nivel medios, y comentarios de redes sociales, parecía existir la duda de si algo tenían que ganar estas mujeres al disparar contra el productor más famoso de Hollywood de ser un pervertido. Sólo unos días después, cuando nombres como Angelina Jolie y Gwyneth Paltrow se sumaron con testimonios, abriendo un alud que aún no cesa, además de las acusaciones de Asia Argento y otras de violación publicadas por The New Yorker, que el caso llegó finalmente a todos los diarios y noticiarios de países tan lejanos como Chile. Y que se generó la verdad comunitaria de que sí, las mujeres dicen la verdad.

Lo anterior es feroz. Es simplemente salvaje que el cliché sea cierto: el productor poderoso abusó una y otra vez de su poder para ejercer humillación frente a mujeres cuyas carreras dependían de él. Es feroz porque, sabemos las mujeres, pasa en todas las industrias y en todos los países, y que sólo cuando una Gwyneth o una Angelina alzan la voz, es que el relato se vuelve creíble masivamente.

Es feroz, además, y simplemente triste, porque explica que menos del diez por ciento de los directores de Hollywood sean mujeres y por qué no hay muchas películas protagonizadas por mujeres. Porque el caso Weinstein y luego su repercusión nos recuerda a todas que la respuesta automática ante cualquier acusación siempre es: “estás exagerando”.

Es feroz porque Tippi Hedren -Los Pájaros-, tuvo que salir a recordar: ¿se acuerdan cuando les conté lo que me hacía Hitchcock?

Es feroz porque toda mujer que ha recibido un avance que le ha dejado el cuerpo y el alma helada, tiende a silenciarse para no llamar la atención. Y eso hace que tengan menos espacios laborales.

Lo feroz del caso Weinstein es que sorprende a todos, pero en realidad, no sorprende a nadie.

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