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Culto
Loving Vincent: la película que “pintó” los útimos días de Van Gogh

Loving Vincent: la película que “pintó” los útimos días de Van Gogh

Este jueves llega a salas el filme que cuenta el ocaso del artista holandés, recreando su propio estilo. Su co-director Hugh Welchman explica cómo fue crear 65 mil cuadros y luego transformarlos en largometraje.

¿Por qué se mató Van Gogh? ¿Cómo es posible que para tal propósito se haya disparado en el estómago y no en la cabeza? ¿Fue un suicidio realmente? ¿Le dispararon? Según el director de animación británico Hugh Welchman hay demasiados eslabones perdidos en los últimos días de vida del pintor holandés y el caso parece un rompecabezas para un detective privado. Por eso, si él y su esposa polaca Dorota Kobiela iban a hacer una película sobre el genio del pelo rojo era mejor tomar el camino de un thriller, del suspenso clásico.

El resultado fue Loving Vincent, el primer largometraje hecho en estilo pictórico, somo si el propio Van Gogh hubiera sido devuelto a la vida para pintarlo cuadro por cuadro. La ardua labor requirió el trabajo de 125 profesionales, quienes durante dos años llegaron a crear 65 mil cuadros al óleo. Son las células de esta película estrenada en junio en el Festival de Cine de Annecy (el más importante de animación en el mundo) y que pasado mañana llega a salas chilenas.

Paralelamente a la exhibición de la cinta, que esta semana también entra a los cines de Gran Bretaña y Francia, el Museo Van Gogh de Amsterdam exhibe una retrospectiva con algunos de los cuadros que inspiraron la película. En total fueron 120 las pinturas de Van Gogh que Hugh Welchman y Dorota Kobiela utilizaron de referencia para Loving Vincent. Pero eso fue sólo el inicio: tras cinco años de trabajo, el equipo terminó animando miles de cuadros.

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“Cada uno nos tomó desde medio día hasta tres días de trabajo. Cada movimiento de un personaje, por ejemplo una cabeza que gira, significaba pintar una vez más y tomar una fotografía”, explica Hugh Welchman, co-director de Loving Vincent. “Es lo mismo que se hace en stop-motion con las fotos de maquetas, como en Wallace y Gromit o en Coraline. La diferencia es que nosotros pintábamos y tomábamos la fotografía, hasta llegar a los 65 mil cuadro”, agrega el ganador del Oscar al Mejor Corto Animado por su cinta Peter and the wolf (2006).

Sin embargo, antes de que los equipos de animación de esta co-producción polaco-británica se pusieran a trabajar, Welchman y Kobiela se encargaron de rodar una historia con actores de carne y hueso. Ellos serían luego pintados a mano por sus técnicos. Una tarea de chinos: “Filmamos las escenas con los actores, cada uno vestido de acuerdo a la época, pero sobre fondos verdes. Esas mismas tomas eran vistas por nuestros animadores, que se encargaban de recrearlas en estilo de Van Gogh. Todo esto era, a su vez, hecho sobre un gran fondo, que era de algún cuadro de Van Gogh”.


Los actores del puzzle

De esta manera en Loving Vincent intervienen actores conocidos como Saoirse Ronan en el rol de Marguerite Gauchet y Chris O’Dowd como el cartero Joseph Roulin, pero también otros de bajo perfil como el polaco Robert Gulaczyk en el papel de Van Gogh y Douglas Booth en el personaje de Armand Roulin, el hijo del cartero. Gulaczyk sólo aparece en flashbacks, mientras que Booth es el auténtico protagonista, suerte de investigador accidental decidido a saber que pasó con Van Gogh en sus últimos días.

La película, donde el pintor es más bien un fantasma que aparece y se va, reconstruye la peripecia de Roulin, quien llega al pueblo de Auvers-sur-Oise con una carta en la mano. Es la última que escribió Van Gogh e iba a dirigida a su hermano Theo, quien murió seis meses después de la muerte de Vincent. Como el remitente y el destinatario ya están muertos, Roulin se dedica a recabar información entre los lugareños.

“Desde un principio Dorota Kobiela y yo tuvimos claro que nos íbamos a centrar en los últimos días de vida de Van Gogh y en las circunstancias que rodearon su suicidio. Era muy claro que no sacábamos nada si no teníamos una buena historia, por muy extraordinaria que fuera la animación”, dice Hugh Welchman.

“Hubo dos cosas que nos hicieron construir la historia en la forma final. En primer lugar los testimonios de los conocidos de Van Gogh diferían mucho sobre cómo había sido su comportamiento. Por otro lado, siempre nos preguntamos porque se habría suicidado si es que las cosas habían mejorado considerablemente para él y si además en sus cartas escribió abiertamente contra aquel acto: dijo que quien cometía suicidio se convertía al mismo tiempo en asesino de su familia y de sus amigos”, especula el realizador.

Y, ¿Por qué optar por Armand Roulin como personaje central de la, película? “Roulin conoció a Van Gogh, pero en esa época era sólo un herrero. Con el tiempo se convirtió en policía. Esa vuelta en su vida nos fascinó: ¿Por qué se convirtió en policía? ¿Siempre lo quiso? Así es que le dimos un rol detectivesco al personaje. El no sabe quien está diciendo la verdad y nuestra historia lo hace ir hasta el fondo de la situación”.

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