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Culto
Libro perfila a un Lennon atormentado, esotérico y demasiado atento a McCartney

Libro perfila a un Lennon atormentado, esotérico y demasiado atento a McCartney

Acaba de aparecer en español una nueva edición de Nowhere man, la biografía de John Lennon escrita por una de las pocas personas, fuera del círculo interno del músico, que tuvo acceso a sus diarios personales. Allí, el escritor Robert Rosen describe a un Lennon prisionero de su fama, encerrado en su habitación y desvariando sobre Jesucristo mientras una comitiva de sirvientes atendía sus necesidades.


A comienzos de los años 80, Robert Rosen, un periodista freelance neoyorkino, tuvo acceso a los diarios íntimos de John Lennon, donde el ex-Beatle escribió detalladamente los últimos cinco años de vida, antes de ser asesinado. “Cada sueño, cada conversación, cada bocado de comida que se ponía en la boca, el flujo perpetuo de la conciencia”, como anota Rosen.

De esa experiencia se nutre Nowhere man: los últimos días de John Lennon, la biografía que mezcla los recuerdos del escritor con los diarios del músico, traducida por René Portas.


-Según escribió el biógrafo Philip Norman, “en Mick Jagger todo es falso”. ¿Cómo era el Lennon que tú descubriste?

-El John Lennon que yo encontré en sus diarios, los cuales cubrían de 1975 a 1980, era un hombre rico y contradictorio. Mientras estuvo encerrado en el Dakota, cuando estaba retirado del negocio de la música, estuvo celoso del éxito de Paul McCartney y de su cadena de discos triunfantes. Cada día pensaba en Paul. Cada día escribía obsesivamente en su diario. Algunos días John huía y rechazaba su pasado Beatle, del cual no podía escapar. Otros días abrazaba ese pasado, disfrutando su fama y el ser reconocido en la calle, disfrutando su dinero y su capacidad de comprar cualquier cosa que quisiera. Estaba locamente enamorado de su hijo Sean, a quien veía como una última oportunidad para arrepentirse de sus pecados contra su primera esposa, Cynthia, y su primer hijo, Julian, a quien abandonó por Yoko Ono. Estaba sexualmente frustrado y ansiaba estar con su amante, May Pang. Aunque amaba y necesitaba a Yoko. Y, por supuesto, era un talentoso músico y compositor que, después de un largo silencio, se había finalmente re-conectado con su inspiración. Él era el maldito John Lennon, una súper-estrella del rock ‘n’ roll.

-En el libro cuentas que para 1979 Fred Seaman te dio una imagen de Lennon como alguien acabado, que nunca haría música de nuevo y que incluso parecía cansado de vivir. ¿Sus diarios de vida confirmaron esa impresión?

-En parte, sí. A comienzos de 1980, Lennon estaba a la deriva. Sabía que era hora de terminar su aislamiento y volver a hacer música. Pero había perdido la inspiración y no sabía si sería capaz de recuperarla. No quería escribir música “coloreada por números”, como McCartney. Le temía a la mediocridad. En su diario, su escritura era inconexa, algunas veces bordeando lo incoherente. Pero, no, yo no pienso que estuviera cansado de vivir. Él quería ver a Sean crecer.



-¿Por qué piensas que le dedicaba tanto tiempo a sus diarios, que parecen una actividad central en sus años en Nueva York?

-Los diarios eran su única salida creativa en ese tiempo. Yo no estoy seguro de si era consciente o inconsciente, pero en cierto nivel, pienso que él sabía que estaba escribiendo un borrador rústico de sus grandes memorias, unas que iban a volarle la mente a todo el mundo, especialmente a Paul.

-¿Por qué crees que se tomaba tan en serio el tarot?

-No era solo el tarot. Yoko metió a John en las más diversas artes ocultas: el tarot, la magia, la numerología, la astrología. Lo hacía para tener control sobre sus adversarios en los negocios. Era sobre ver el futuro y hacer más dinero. Era sobre recobrar el control de sus vidas. Yo pienso que John creía en todas las materias ocultas hasta cierto grado. Pero Yoko creía totalmente. Ella fue a Colombia y le pagó a una bruja $ 60,000 dólares para que le enseñara a lanzar hechizos mágicos. Tenían un lector de cartas de tarot de tiempo completo, John Green, a quien llamaban “Charlie Swan”. John se sentaba por ahí con Charlie y realizaban lecturas sobre el futuro.

-En tu libro anotas algunas de las lecturas de Lennon, que asoma como un lector voraz. ¿Cuáles te llamaron la atención?

-Él leía todos los periódicos y revistas, desde The New York Times hasta National Enquirer, desde Esquire hasta la National Geographic. Estaba interesado en todo tipo de cosas: la política, la ciencia, la historia, y especialmente los chismes. Pensaba que el Enquirer era más acertado que el Times, al menos cuando se trataba de los Beatles. En cuanto a los libros, estaba metido en Henry Miller, especialmente en La primavera negra, el cual le recordaba su estancia en Hamburgo con los Beatles a principios de los 60. Él leyó Miedo y asco en Las Vegas, de Hunter Thompson, y estaba tan metido, que quería interpretar a Thompson en una versión fílmica del libro. Leyó Helter Skelter, el libro sobre los asesinatos de Manson, de Vincent Bugliosi, y eso lo asustó: la idea de que Manson estuvo escuchando el Álbum Blanco y pensaba que los Beatles le estaban enviando mensajes secretos, para que empezara una guerra racial. Leyó libros sobre el sueño lúcido, que explicaban cómo programar los sueños. No le gustaba usar lentes y leyó libros sobre el mejoramiento de la vista. Cuando decidió que quería aprender a navegar a vela, leyó todo tipo de libros sobre pilotaje y navegación. Y, por supuesto, estaba su “biblia” de numerología, El libro de los números de Cheiro, que se convirtió en una obsesión.

-¿Por qué crees que estuvo tanto tiempo encerrado en el Dakota?

-Para 1975, John había estado en el negocio de la música por 20 años, y estaba hastiado de eso. Su contrato con la Capitol Records había expirado y él quería dejar de hacer música para una corporación. Cuando Sean nació, en octubre de 1975, John y Yoko decidieron que iba a retirarse por cinco años, quedarse en casa y formar a Sean. Y eso es lo que hizo: pasó un montón de tiempo con Sean, pero le dejó todo el trabajo duro de criar a un niño a su personal doméstico. Asimismo pasaba un montón de tiempo solo en su dormitorio, fumando hierba, viendo la tv, escribiendo en sus diarios, durmiendo, soñando y registrando sus sueños. Esos fueron sus llamados años de “marido hogareño”. Pero viajó un montón también: a Japón, Florida, Bermudas, Cold Spring Harbor. Así que no estaba totalmente “encerrado”.



-¿Fue su disco Double fantasy una manera de huir de esa etapa?

-Cuando terminaron sus cinco años como marido hogareño, él supo que era hora de volver a la brega y hacer música. Realizó un viaje en bote de vela a las Bermudas para “centrarse” y recuperar su inspiración. En las Bermudas, empezó a escuchar el nuevo LP de McCartney, el McCartney II, que contenía la exitosa canción “Coming up”. Esta se dirigía a John directamente y llamaba a una reunión de los Beatles. “I don’t wanna face it” fue la respuesta de John y así fue como empezó a re-conectarse con su inspiración, al responder a McCartney. Poco después, tuvo la idea del Double fantasy como un diálogo entre él y Yoko. Pero eligió no incluir en el álbum alguna de su nueva música más potente, como “Serve yourself”, “Borrowed time” y “Face it”. Pensó que esta no enviaba el mensaje correcto sobre su familia y su matrimonio. Estaba planeando poner esas canciones en su próximo álbum, pero fue asesinado antes de que pudiera hacerlo. Milk and honey fue el primer lanzamiento póstumo y contiene versiones inacabadas de esas canciones.

-Para terminar, ¿cuál es tu disco favorito de Lennon?

-Mi favorito de Lennon es su primer disco en solitario, el Plastic Ono Band. Mis tres canciones favoritas del álbum son “Working class hero”, “God” y “I found out”. Son tan crudas y honestas y desnudas. He escuchado el Plastic Ono Band por más de 40 años y algunas de esas canciones todavía me dan escalofríos.


Sobre el autor:

Alejandro Jofré |
Editor de Culto. En Twitter es @rebobinars