Culto
Laurie Anderson: “Hoy el mundo se siente como una emergencia constante”

Laurie Anderson: “Hoy el mundo se siente como una emergencia constante”

Una de las más polifacéticas figuras de la música norteamericana habla de cómo las pérdidas recientes han moldeado su obra, sobre todo la de su ex marido, Lou Reed: "Fue increíble ser parte de su vida y de su muerte". Además, advierte que no toda la responsabilidad sobre los problemas de su país debe caer sobre Donald Trump.

La artista Laurie Anderson (70) recuerda una historia en particular en que se mezclan Chile, Neruda, Lou Reed y algunos de los momentos más hermosos de su vida reciente.

“La última vez que estuve en Chile (en 2008) fui a la casa de Neruda con Lou y fue un verdadero sueño. No podíamos creer lo bella que era, estaba tan llena de poesía y de magia, fue una experiencia increíble. Siempre tuve sus libros y quería ir a conocer donde vivía. Lou también amaba su manera de escribir, porque le gustaba mucho la escritura hermosa. Éramos grandes fans y nos tomamos muchas fotos en esa visita, guardo imágenes realmente maravillosas de todo lo que hicimos en ese tiempo”, rememora la artista, al teléfono con La Tercera desde Nueva York y en constante evocación a su ex marido, el influyente cantautor fallecido en 2013.

Aunque se trata de una reminiscencia detonada por una coyuntura puntual, la de su próxima visita al país como parte del festival En órbita, las historias de quienes ya no están o de hechos que el tiempo ha empezado a desvanecer forman hoy la médula del trabajo de la cantante y compositora multidisciplinaria. Su último gran proyecto, Heart of a dog (2015), es un registro audiovisual y un álbum donde la muerte de su perra Lolabelle sirve como punto de despegue para reflexionar sobre otras pérdidas, como la de su madre, la de un par de amigos y, por supuesto, la de Reed, retrocediendo hasta el 11 de septiembre de 2001, la jornada del luto mayor en la historia contemporánea de Estados Unidos.

Todo en una narración muchas veces al borde del susurro, con toques de piano y violín, y quiebres que de pronto giran el relato, en el trayecto experimental que desde su irrupción solista en los 80 ha transformado en su marca más característica. Por lo demás, es parte del contenido que mostrará en su nueva escala chilena.


Usted ha sufrido muchas pérdidas en el último tiempo. ¿Fue muy difícil encarar este proyecto?

-Es que ahí hago la gran diferencia: dije cosas personales, pero no cosas privadas. Los recuerdos personales son vivencias con las que otras personas pueden relacionarse y pueden entenderlas; en cambio, las cosas privadas son momentos que yo sólo guardo para mí y que jamás le diría a la gente. Como artista, siempre es bueno tener una vida privada.

Y en esa diferencia entre lo personal y lo privado, ¿le cuesta mucho hablar de temas como su vida con Lou Reed?

-No, me puedes preguntar.

Por ejemplo, ¿qué recuerdos tiene de sus últimos días con él?

-Mmm, eso es una pregunta demasiado personal, pero puedo decirte que era un personaje maravilloso y valiente. Era la persona más maravillosa, generosa, inteligente y amable que he conocido, por lo que para mí fue increíble ser parte de su vida y de su muerte. De todas maneras.

Y en este disco y película, ¿por qué también decidió retomar un recuerdo tan doloroso para su país como el 11 de septiembre?

-Sólo lo hice para utilizarlo como ejemplo de la forma en que recordamos y olvidamos. No es una historia biográfica, una imagen biográfica o algo donde quiero que me conozcan. A partir de los recuerdos, me gusta ver cómo funcionan las palabras, y cómo los aplicamos al momento de recordar y olvidar. Nunca he estado interesada en hacer cosas sobre mí misma, sobre todo de modo tan literal, no es algo que me mueva.

Mirando a los EE.UU. de 2001, ¿es muy distinto a los EE.UU. de 2017?

-Es diferente para todos, vivir aquí es una verdadera pesadilla. Todo cambió, nuestro sentido del tiempo, del futuro, de la justicia, de mirarse el uno al otro, del contacto social. Todo eso ha cambiado y es por eso que la gente está teniendo crisis nerviosas para decir la verdad. La gente está enfrentando tiempos difíciles, porque las cosas suceden tan rápido que es complejo reaccionar: un día es la guerra termonuclear, otro los neonazis, en la próxima Puerto Rico desaparece. Hoy el mundo se siente como una emergencia constante.

En todo este tiempo, ¿se ha intentado explicar por qué ganó Trump?

-Creo que más bien es un golpe corporativo, no creo que sea necesariamente algo relativo a Trump. Todo lo que ha sucedido pasa cuando las corporaciones se apoderan del gobierno y el dinero se convierte en lo más importante. Eso aquí en EE.UU. es un mal que se ha repetido durante décadas. Por ejemplo, uno de cada cien estadounidenses está en prisión, la población más alta en el mundo. ¿Por qué pasó eso? Por las privatizaciones de las cárceles. Cuando las cárceles se convierten en un negocio, entonces necesitas más prisioneros. Además del problema de las armas, añade el de la prisión y obtienes un verdadero lío. Mucha gente dispara y los pones en la cárcel, todo como resultado de lo accesible que hoy son las armas.

¿Cree usted que el problema es más general? ¿No sólo Trump?

-En parte sí. Ahora tenemos a un idiota absoluto, que es malo y estúpido. Es cien veces más perturbador que Berlusconi, y es un matón. Pero no quiero tratar de culpar a una persona de todos nuestros problemas. Tenemos que aceptar también nuestra responsabilidad. Tenemos que ser capaces de ver lo que está sucediendo y de una vez abrir los ojos.

Sobre el autor:

Claudio Vergara |
Editor de Espectáculos de La Tercera y periodista especializado en música popular.