Culto

En puntillas

Cinco años desde Battle born, el último paso por estudio de The Killers y conquistan su primer número uno en el listado Billboard 200. Triunfo comercial, felicitaciones al departamento de marketing, porque la calidad del álbum sugiere otra cosa. Wonderful wonderful es un regreso que se desvanece intrascendente sin dejar huella. Lo que el debut Hot fuss (2004) conseguía con facilidad, acá implica una quimera.

Una de las bandas más importantes del mundo -con esa reputación son cabeza de cartel en el próximo Lollapalooza Chile-, persiste en producir música ligera, un amasijo de sonidos, melodías y arreglos de manual que cargan con un contrasentido. Líricamente Wonderful wonderful es una obra con una temática densa. Se concentra en la figura de Tana, la esposa del líder Brandon Flowers, de infancia terrible y problemas de depresión.

El cantante va relatando distintos episodios y estados de su pareja desde el temprano abandono por parte de la madre (el corte homónimo), “Rut”, donde pide ayuda, y “Life to come”, que alude a un episodio cuando el músico abandonó una gira por una crisis en el estado anímico de Tana.

Este material de enormes posibilidades dramáticas, queda reducido a un pop rock que presume grandilocuencia sin espesor alguno. En The Killers todo se ha ido adelgazando. El registro de Brandon Flowers ha evolucionado en forma inversa a la gran mayoría de los cantantes populares que sacrifican agudos a medida que pasa el tiempo. Ahora entona engolado como si para levantar la voz tuviera que ponerse en puntillas y estirar el cuello maridando una especie de soul blanqueado ajeno a cualquier atisbo de sangre y sudor. Luego, el trabajo instrumental continúa en reversa. Las líneas de bajo punzantes de Mark Stoermer y la energía del baterista Ronnie Vanucci se han diluido, mientras el guitarrista Dave Keuning permanece fiel a su estilo minimalista fotocopia de la fotocopia de algún riff y efecto perdido de The Edge.

La supuesta ironía contenida en el single “The man” -una canción discotequera que tiene nada menos que 14 firmas-, se concentra en un festival de clichés ochenteros. Un montón de créditos que no logra ocultar lo central: The Killers se ha ido desequilibrando siempre en favor de Flowers, hasta convertir a los restantes músicos en mera comparsa. Este grupo, que en sus inicios fue empaquetado y ofrecido como rock indie, terminó en esa liga donde figuran Bon Jovi y Maroon 5, rock pop corporativo jugoso en ganancias y escaso en esencia.