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Culto
El cuento de la tía: la cinta sobre la secretaria de la DINA

El cuento de la tía: la cinta sobre la secretaria de la DINA

El jueves se estrena El pacto de Adriana, filme premiado en Berlín donde la directora Lisette Orozco relata la historia de su lazo con una familiar acusada de secuestro y asesinato.

Tía Chany. Con ese nombre conocen todos en la familia a Adriana Rivas González, la mujer que entre 1973 y 1976 trabajó como secretaria en la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA) y que en una de sus tantas visitas a Chile desde Australia fue detenida por efectivos policiales en al aeropuerto. Aquel hecho determinó el curso de la vida de su sobrina Lisette Orozco, estudiante de cine para quien ella había sido hasta ese momento la luz y la alegría de las reuniones familiares.

En el año 2007, Adriana Rivas González pasó de ser la tía que contaba mil historias y traía regalos de Australia a ser acusada como coautora del secuestro y asesinato de dos líderes del Partido Comunista en 1976. La experiencia gatilló un cambio ético en la actitud de Lisette Orozco (1987), quien al mismo tiempo iba registrando una serie de entrevistas con su tía, desde los años en que aún no tenía claro el rol de ella en la ex DINA hasta cuando la evidencia de los hechos le hizo dudar de la inocencia que hasta hoy se atribuye Rivas.

Prófuga de la justicia local desde 2011, cuando aprovechó de retornar a Australia durante un período de libertad condicional, Rivas ha vivido en ese país hace más de 40 años. Allá llegó después de trabajar en los organismos de inteligencia chilenos. En Australia rechazan la extradición, bajo el argumento de que tiene además esa nacionalidad y de que no es culpable, sino que sólo sospechosa. Todo eso y mucho más constituye la historia de El pacto de Adriana, el documental de Lisette Orozco que este jueves se estrena en salas y que en el último Festival de Berlín ganó el premio Peace Film Award dedicado a cintas que abogan por los derechos humanos.


La historia de Chile

La trama parte con pequeñas conversaciones de Lisette y Adriana a través de skype, luego vienen detalles de la vida cotidiana de la realizadora, donde entran a jugar personajes como su tía Francia y su abuela, con problemas galopantes de deterioro senil. Poco a poco, cándidamente, Orozco va reconstruyendo el lazo que en algún momento la unió a Chany, la más dinámica e histriónica de las hermanas Rivas González. Desde siempre ella ejerció gran influencia en la muchacha, que se crió sin madre ni padre a la vista, pero sí con sus tías y sus abuelos como objetos de admiración.

Pasan los años y desde aquella detención en el aeropuerto todo empieza a ir en otra dirección: la directora comienza a entrevistar a Adriana a la luz de la evidencia de la historia. “Tenía bastante material acumulado, había logrado un magíster en documentales, y si tenía todas esas filmaciones al menos debía hacerme cargo”, cuenta Lisette Orozco, que acaba de presentar la película en el Docs Barcelona de Valparaíso. “En 2011 decidí que iba a hacer un largometraje con la historia de mi tía. No pude ir a Australia a filmarla, pero le envié una cámara para que ella misma se grabara en su casa”, cuenta sobre el proceso de creación de la película.

En El pacto de Adriana contrastan al menos tres tipos de testimonios: su tía, que niega haber participado de torturas o detenciones; su familia, que tiene una actitud más bien pasiva, y abogados e involucrados en causas de derechos humanos, que la creen culpable. “Empiezo la película en forma bastante ingenua, con mucha ignorancia, pero de pronto se me vino encima la historia de Chile y tengo que enfrentarla. Afectó mi moral y me transformó. Cuando recién empecé, mis principales fuentes de información era mi familia pinochetista”, explica Orozco.

Antes de estrenar el largometraje, la directora se lo envió a Adriana Rivas y la relación se fracturó. “Obviamente no le gustó”, dice la cineasta. También se cortó el lazo con buena parte de sus familiares, sobre todo lo más viejos, “ varios de ellos cómplices del silencio de mi tía”. A la realizadora, sin embargo, esto no le importa. O, al menos, le importa menos que otra cuestión: “Al menos las nuevas generaciones de mi familia entendieron más la película. Estoy hablando de mis primos y mis hermanos, por ejemplo. Todos los que nacieron desde el 87 para adelante: la película está dedicada a ellos”.

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