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Culto
Kumail Nanjiani, comediante: “La mayoría de las comedias románticas descuidan la relación entre sus personajes”

Kumail Nanjiani, comediante: “La mayoría de las comedias románticas descuidan la relación entre sus personajes”

El protagonista y guionista de Por eso lo llaman amor habla con La Tercera sobre cómo transformó un trauma en una de las cintas más aclamadas del año.

“Hace dos años yo estaba participando de un festival, South by Southwest, haciendo stand up, y Judd Apatow también iba ese año. Y ahí fue cuando hablamos por primera vez”, cuenta Kumail Nanjiani (Silicon Valley) a La Tercera, sobre un primer encuentro que probablemente cambió su carrera para siempre. El comediante y actor, nacido y criado en Pakistán, ha vivido un año de consolidación, transformándose en uno de los nombres más aclamados de la comedia norteamericana, país en el que vive hace más de 20 años. Y todo se puede rastrear a ese primer encuentro con Apatow, uno de los reyes del humor estadounidense.

“Una vez me preguntó si tenía una idea para una película. Fue allí que le conté sobre esta cosa real que me pasó. Y me dijo que la trabajáramos juntos”, dice Nanjiani (39). Esa película se transformó en Por eso lo llaman amor, estrenada el jueves pasado en Chile y la comedia romántica más elogiada del año. Y esa “cosa real”, es la historia verdadera de cómo Nanjiani conoció a su mujer, Emily V. Gordon, junto a quien escribió el guión, y que Apatow produce. En una historia que mezcla romance con temáticas serias, como las diferencias culturales que viven los musulmanes en Estados Unidos, la cinta muestra cómo en los inicios de la relación entre el comediante y Emily (Zoe Kazan), esta última fue víctima de una extraña enfermedad que la dejó en coma. A pesar de ser en tono de comedia, Nanjiani asegura: “tuve que revivir algunas de las experiencias más difíciles y traumáticas de mi vida”.


Cuando trabajaban el guión con su mujer ¿Cómo decidían cuándo ser fieles a la verdad y cuándo contar ficción?

Al principio la escribimos exactamente cómo pasó. Y una vez que tuvimos esa versión, nos reunimos con Judd y los otros productores, y la idea fue: “ya, ahora que tenemos los hechos, cómo pueden transformarse en la mejor película posible”, sin importar si era necesariamente la verdad.

¿Fue difícil separar la vida personal de la profesional?

Nos tomó un poco de tiempo descifrarlo (se ríe). Cuando estás casado con la persona con la que escribes, se puede tender a estar trabajando todo el día. Entonces establecimos reglas: Si estábamos acostados en la cama, no podíamos hablar de la película. Si estábamos en casa, y alguien quería hablar del tema, porque se le ocurrió una idea, había que pedirle primero permiso al otro.

La historia real sucedió hace más de diez años, pero la película se sitúa en el tiempo presente. ¿Por qué tomaron esa decisión?

Es que se sentía más sencillo. Cada vez que una película se sitúa en una época determinada, necesitas mucho trabajo para dejarlo en claro. Hay que usar música de esa era, asegurarte que la tecnología encaje con esos tiempos, autos, detalles así. Filmamos en Chicago e incluso hay edificios nuevos desde que eso pasó. Entonces, para nuestro presupuesto, era mucho más fácil hacer la historia en el presente. Además, realmente no había nada en esta historia que la ubicara necesariamente a fines de la década pasada.

¿Cómo se logra traspasar una experiencia tan dramática como esta a una comedia?

Obviamente era una historia compleja. El hacerlo comedia te da una nueva perspectiva de los eventos y los puede hacer graciosos, siendo que en la realidad no era para la risa. Sé que cuando se lee la trama de esta historia puede parecer muy densa, sobre un tipo pakistaní que se enamora de una americana blanca y ella cae en coma (se ríe). Pero la comedia es donde todos los que trabajamos aquí nos sentíamos cómodos, entonces sabríamos que saldría bien.

¿Era un objetivo suyo mostrar con esta película un poco de la cultura pakistaní?

Lo que quería en realidad era representar a mi familia de una forma real, que fuera honesta con quienes son, mostrando el choque cultural que hemos vivido. No era realmente la idea principal hacer esta película porque pensara que (mi cultura) necesitara más representación, pero sabíamos que para que fuera buena, eso tenía que ser un efecto secundario. Había que a mi familia en una forma honesta y fidedigna.

Hay un chiste (muy gracioso) sobre el atentado a las Torres Gemelas en la película. ¿Estaba nervioso que esa broma pudiera ofender al público?

Desde que se nos ocurrió ese chiste, algunos en la película sí estábamos algo preocupados. Se podía malentender o sonar insensible. Pero también creíamos que la broma era muy graciosa y creíamos que se entendía el contexto; el chiste surge del nerviosismo de mi personaje (en una de sus primeras conversaciones con sus suegros), de no conocer a estas personas y estar en una situación difícil. Y la prueba final era mostrársela a la audiencia y ver si se reían o se ofendían. Antes de que se estrenara la película, tuvimos algunas funciones de prueba, donde se la mostrábamos a una fracción de público y nos decían que pensaban. Y esa broma funcionó muy bien. Entonces supimos que sería graciosa y no ofensiva.

¿Le sorprendió como el estreno de la película coincidió con una época en donde la discriminación en contra de los musulmanes y los inmigrantes se ha transformado en un tema muy discutido en Estados Unidos?

Lo que me pasa es que, obviamente es un tema del que se está hablando mucho más ahora, pero nunca ha sido algo que no se esté debatiendo. Ha sido un problema por muchísimo tiempo. Obviamente aumentó después de las Torres Gemelas y el auge de los talibanes, pero antes de eso en los 80 estaba hezbolá. Ahora sólo pasa que quizás el debate está un poco más presente en la mente de la opinión pública. Pero para mí el estado actual no es para nada sorpresivo. Uno siempre ha sabido hacia dónde van las cosas.

La cinta recupera cierta inocencia y encanto de las comedias románticas tradicionales, siendo que las comedias actuales son más irreverentes y ácidas. ¿Qué le hizo pensar que una historia honesta, alejada de todo cinismo, podía reencantar a la audiencia?

Era mi esperanza. No tengo ningún problema con las comedias ácidas, pero creo que el desafío más grande cuando haces una película romántica es convencer a la audiencia de que estas dos personas deberían estar juntas, y que su amor es real. Creo que la mayoría de las comedias románticas descuidan la relación entre sus personajes. La presentan como: “estas dos personas están enamoradas”, y claro, la audiencia compra eso, pero no lo siente. Nosotros queríamos que el público sintiera la conexión entre estas dos personas. Aquí mostramos una relación que vive un quiebre en la primera mitad de la película, y luego ella cae en coma. Entonces teníamos un tremendo desafío, que era sentir la relación entre estas personas cuando ella no puede responder. Tenía que ser dulce y tenía que ser honesta. Esta es finalmente la historia de mi esposa y yo, entonces nos esforzamos mucho en eso.

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