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Culto
Rudolph Philippi: el sabio recluido

Rudolph Philippi: el sabio recluido

Poco sabíamos de la tremenda labor científica que Rudolph Philippi desarrolló por más de 40 años en Chile, labor que no pasó desapercibida para Charles Darwin. Este magnífico libro enmienda nuestra ignorancia al respecto

Rudolph Amandus Philippi entró a estudiar Medicina en 1826, cuando la entonces célebre Universidad de Berlín era dirigida nada menos que por Hegel, y entre los maestros que tuvo el joven aspirante a doctor figuraban lumbreras de la talla de Humboldt y Lichtenstein. Esto permite suponer que, nomás poner un pie en Chile, Philippi pasó a ser el hombre mejor educado del país, mérito que, sin embargo, no conmovió demasiado a sus coterráneos.

Alentado por un hermano aventurero y al ver que sus opciones profesionales se veían disminuidas por razones políticas, Rudolph decidió emigrar a Chile en 1851. Y aunque hoy desconozcamos gran parte de la tremenda labor que el sabio desarrolló en su patria adoptiva (murió en Santiago en 1904), su empeño no pasó desapercibido para el naturalista más importante de la época, Charles Darwin, quien le escribió felicitándolo por la dedicación puesta en divulgar el conocimiento de la naturaleza chilena.

Si bien Philippi no comulgaba a pie juntillas con la Teoría de la Evolución, a él le debemos un logro crucial en nuestra educación laica. Así lo cuenta Ulrike Steenbuck en el prefacio de El orden prodigioso del mundo natural, el magnífico libro que rescata la figura y la obra del sabio alemán: “No fue fácil para Philippi establecer la obligatoriedad de la enseñanza de las ciencias en un país donde el catolicismo todavía formaba un frente al progreso científico. Sin embargo, tras arduos debates logró implementarla, en 1866, en el Instituto Nacional de Santiago. Para ello redactó Elementos de historia natural, el primer libro de instrucción de Ciencias Naturales en Chile”.

Asolado por la tragedia de haber perdido a seis hijos pequeños, dos hijos adultos (una mujer y un hombre) y finalmente a su esposa, Philippi escribió frases lúgubres desde su refugio en la Quinta Normal, el jardín botánico que había creado en 1876 luego de un dilatado encargo estatal: “Yo vivo acá como un eremita, no visito a nadie, no conozco a nadie, y desde la muerte fatal de mi señora soy, no quisiera decir más hostil hacia los hombres, pero sí más retraído”. No obstante el dolor y el desencanto manifiesto de estas palabras, tras ellas aún es posible percibir la inmutable convicción que el sabio abrazó desde muy joven: la necesidad de reclusión total para poder desarrollar su trabajo. Philippi publicó centenares de artículos sobre la historia natural de Chile, exploró buena parte del país, descubrió más de mil especies botánicas y llegó a ser el mayor contribuyente al saber zoológico autóctono de su época.

Llamativos también son los apuntes etnográficos referidos a los indios valdivianos. Allí, el observador destaca las propiedades gastronómicas y nutritivas del ulpo, apunta que “las mujeres son tan anchas de cinturas como de caderas”, menciona una misteriosa planta alucinógena que se da en la zona, y a través de una pincelada irónica, o una suerte de trabalenguas bien urdido, coteja a los mapuches con los huincas: “Se les ha descrito como ladrones y es verdad, no es raro que roben mucho, pero ni mucho menos tan frecuentemente como los descendientes de los españoles, entre los cuales incluso hay muchos a quienes les gusta pasar por caballeros y practican el robo del ganado casi como profesión”.

El orden prodigioso del mundo natural contiene fabulosas láminas a color que hablan del talento del sabio para el dibujo, actividad que emprendió con esa reconocida seriedad suya a partir de los seis años. El volumen cuenta con un puñado de cartas de su hija Ella, que adoraba a su papaíto, las cuales profundizan en la dimensión humana del personaje. A lo anterior se suman artículos luminosos, escritos por expertos, que explican en detalle la importancia del legado de Philippi. Además, todo el material reunido proviene de las colecciones de la Universidad Austral de Chile, cuya casa editorial viene sorprendiéndonos desde hace un buen rato con sus intachables publicaciones

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