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Culto
The Who: categoría y poderío en Stgo Rock City

The Who: categoría y poderío en Stgo Rock City

En el primer día del festival la legendaria banda británica dio una clase de rock clásico como debe ser: ruidoso, temperamental y explosivo. Guns N’ Roses palideció ante los británicos.

Quizás Axl Rose ganó el gallito de quien cerraba la noche argumentando un show extendido y detalles de logística. Pero si el mundo fuera un lugar justo, la primera jornada del Stgo Rock City debió ser clausurada por The Who. Los británicos, genuinos miembros de la máxima realeza del rock, artistas que han dictado pautas a generaciones de músicos, ofrecieron un concierto extraordinario. Que Pete Townshend y Roger Daltrey superen los 70 años no hace más que resaltar la energía y el poderío desplegado ayer.

Nos sorprendieron como esos goles a segundos del pitazo inicial. The Who acaparó el escenario seis minutos antes de lo programado a las 18:30. El riff revienta, guitarra atronadora para “I can’t explain”, el primer single de su historial. De inmediato el cantante Roger Daltrey puso a girar cable y micrófono como una voleadora y Pete Townshend a batir el brazo derecho como si activara un dínamo, que a cada pasada aumentaba el volumen de la banda que a mediados de los 70 tuvo el récord Guinnes como la más ruidosa del planeta. A pesar de la potencia del sonido, cada instrumento se apreciaba en alta definición, sobresaliendo la guitarra del líder y la batería de Zak Starkey, el hijo de Ringo Starr que ha sido vital en las últimas décadas del grupo.

Siguió “The seeker” (1971), otro fraseo de guitarra tremendo, combinación precisa de voltios mezclados con tonalidad acústica. Sin descanso descerrajaron “Who are you?” El público la reconoce y levanta los brazos instalada en la memoria cortesía de la serie CSI. Luego Townshend presenta Kids are alright, un regreso a esos primeros años cuando diseñaban rock atribulado, masculino y existencial cruzado de pop, arte y violencia. Avanzan con la psicodélica “I can see for miles” hasta llegar a “My generation”, uno de los grandes himnos del rock. Daltrey impecable en el tartamudeo que hizo de esa canción un hitazo entre otros grandes detalles contando fieros solos de bajo. Más tarde “Behind blue eyes”, canción confesional de Townshend escrita para Lifehouse, proyecto archivado que presagiaba la Internet, fue un ejemplo de alternancia entre suaves guitarras que irremediablemente conducen a un mazazo de rock clásico.

Más tarde uno de los momentos de la cita: “Amazing journey”, pieza central de la obra maestra Tommy (1969), ejemplo de rock progresivo llevado a la perfección. Siguieron “Pinball wizard”, otro clásico imbatible de aquel peak creativo, y “See me, feel me”, canción litúrgica que marcó uno de los momentos de Woodstock hace casi medio siglo.

Como si no fuera suficiente, atacaron con “Baba O’Riley” mientras una bengala se encendía en la cancha para seguir ese ritmo de marcha rock cien por ciento. “No llores, no levantes la vista, es sólo desolación adolescente”, entonó Townshend emocionando al Monumental.

El show pudo concluir ahí pero faltaba más. “Won’t get fooled again”, con sus sintetizadores, redobles y juego de luces, remató perfecto. The Who fue todo lo esperado y más. Leyenda, himnos, potencia y rock en expresión máxima.



Historia repetida

20:20. El logo de Guns N’ Roses aparece en las pantallas gigantes. Sonidos telúricos, el video de una carretera que se incendia. Fuegos de artificio para el arranque con “It’s so easy”. Comparado a The Who el sonido de los estadounidenses es opaco y rústico. Empalme con la pastosa “Mr. Brownstone”, bajón con “Chinese democracy” y rápido ascenso con “Welcome to the jungle”. En cancha todos saltan. Los aires progresivos de “Estranged” de Use your illusion II (1991) dan paso a una poderosa versión de “Live and let die”, y después a una enérgica entrega “You could be mine”.

A pesar de clásicos como “Civil war” y “Sweet child o’ mine” más la visita de hace apenas un año y el desgaste propio de una larga gira, Guns N‘ roses parece depender más que nunca de la extraordinaria habilidad de Slash. El iconográfico guitarrista es el pivote del sonido, la actitud y la imagen de la banda. Axl Rose y Duff McKagan cumplen con sus roles sin descollar. Tampoco se justificó un concierto con una treintena de temas, contando varios covers intrascendentes y desconocidos para el gran público.

Cuando Guns N‘ roses se desbandó a mediados de los 90 las largas giras fueron un motivo. Ahora la historia se asemeja peligrosamente.

Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras