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Culto
Fabián Casas, escritor argentino: “La nostalgia es un pecado capital”

Fabián Casas, escritor argentino: “La nostalgia es un pecado capital”

Llegan a librerías tres de sus títulos: la novela Ocio, los cuentos Los Lemmings y otros y el elogiado Diario de la edad del pavo.

Es un veinteañero el que escribe. Es su cuaderno personal y anota cuando sale a buscar trabajo, cuando toma un libro, cuando lo deja, cuando se enamora, cuando se muere su madre y mucho más. Es el diario de formación de un escritor.

“Cuando tenía unos 18 años, mi viejo empezó a comprarme la colección Bruguera de tapa dura. Como yo no tenía muchas instrucciones, decidí leerlo a medida que me los daba”, se lee en Diario de la edad del pavo, donde el escritor argentino Fabián Casas (52) reúne sus diarios que van desde 1992 a 1997.

“Adiós mamá, te escribo este diario donde intento fijar de una manera bella tu imagen, tu persona… Adiós, te escribo hoy cuando no puedo volver a pararme frente a tu tumba”, anota Casas, y más adelante: “Este diario es una voz intermitente en el vacío, no creo en él; pero me es indispensable”.

No pensaba publicarlo, pero el escritor y editor Washington Cucurto vio un libro en sus páginas. Así fue como el año pasado se publicó por primera vez Diario de la edad del pavo por editorial Eloísa Cartonera, dirigida por Cucurto. Y desde esta semana circula en Chile con el sello Emecé del grupo Planeta.

La misma editorial pone en librerías nuevas ediciones de su novela Ocio (2000) y los relatos reunidos en Los Lemmings y otros (2005).

“No eran diarios pensados para publicar. De hecho estuvieron perdidos muchos años. Lo mejor fue la repercusión que tuvieron, para mí inesperada y la cantidad de gente que me escribió, gente muy joven que está escribiendo ahora y que me dice que los diarios los ayudan”, cuenta vía email Fabián Casas a Culto sobre el volumen que supera las 300 páginas.

Nacido en la ciudad de Buenos Aires en 1965, Fabián Casas se crió en el barrio de Boedo. Hincha del club de fútbol San Lorenzo, sus primeros cuatro libros publicados fueron poemarios. Estudió filosofía, pero se dedicó por varios años al periodismo y fue editor del diario deportivo Olé. Su primera novela fue Ocio, donde narra la historia de Andrés, un joven que pasa encerrado en el cuarto de su casa, distanciado de su hermano y su padre, con quienes comparte el mismo techo. La madre ha muerto.

“Creo que básicamente tenía la necesidad de escribir una historia que tenía una respiración más larga que los versos de los poemas que escribía en ese entonces”, dice hoy Casas al recordar los primeros apuntes de Ocio, donde el protagonista tiene una voz similar al que narra en Diario de la edad del pavo. Y agrega: “No respeto los límites de los géneros literarios, eso me enseñó Ricardo Zelarayán, un genial escritor argentino con una obra muy chica pero poderosísima”.

El autor del poemario El spleen de Boedo vuelve a su barrio en algunos pasajes de Los Lemmings y otros. Así también crea ficciones con la presencia de amigos como el escritor Fogwill. Pero esas escenas para Casas no son un llamado a la nostalgia.

“Extraño a mis amigos, pero no regreso al pasado. No me gusta la nostalgia, es un pecado capital”, dice el autor de títulos de no ficción como Ensayos bonsái y La voz extraña.

Por estos días Casas escribe, cuenta, dos películas, una obra de teatro y 100 poemas en Prozac. “No en prosa, fueron escritos bajo los efectos del antidepresivo vintage”, aclara.

En 2014 fue guionista de Jauja, película protagonizada por su amigo Viggo Mortensen, ambos fervientes seguidores del club San Lorenzo. Juntos han dado recitales de poesía en una lectura que han titulado Dos Cuervos.


-¿Cree que las selecciones de fútbol de Chile y Argentina asistan a la Copa Mundial de Rusia 2018?

-No me interesa la selección argentina. Soy hincha de San Lorenzo. Juan Antonio Pizzi es un crack, tiene una frase genial: “El partido está controlado, cómo lo enloquecemos”. Yo creo que si de verdad te gusta el fútbol tendrías que pedir que (Lionel) Messi juegue para España, ahí la rompería. Pero el chauvinismo es letal.

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