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Culto
Rocco Siffredi nunca se va

Rocco Siffredi nunca se va

Rocco, el documental disponible en Netflix con el registro del adiós de la estrella porno masculina más grande de todos los tiempos, desnuda al actor italiano como nunca antes.

UNO.

“Si me haces famoso un día, te lo pagaré”. Rocco Tano, un niño de origen humilde nacido en Ortona, Italia, dirige este rezo al mismísimo Satanás. Primeros minutos de Rocco (2016) de Thierry Demaizière y Alban Teurlai, y ya hemos visto un primer plano de la contundente cualidad anatómica del actor de 53 años, “el diablo entre mis piernas” como le define. Elegante blanco y negro, cámara lenta, Rocco en la ducha. Parece cansado, abatido. El agua corre por una figura esculpida en gimnasios a punta de pesas y golpes. Exuda rudeza ese cuerpo que le provoca dolor por el esfuerzo y que imprime dolor y placer en otros.

Sus fans lo saben. Es parte de su fama y leyenda.

Las actrices con las que trabaja lo saben aún más.

Demaizière y Teurlai, los mismos del documental Relève (2016) sobre el director del ballet del Ópera de París Benjamin Millepiede, y proyectos similares con el actor y director Vincent Lindon y el diseñador Karl Lagerfeld, siguen a Rocco por Budapest, Italia y Los Ángeles mientras organiza los últimos proyectos delante de las cámaras.

A los 52 años ha decidido que es suficiente. Las razones son similares a las de hace un poco más de una década en su primer retiro: la familia.

Subyace otro motivo. Se confiesa adicto al sexo y trabajar como pornógrafo no es precisamente un paliativo.

“Rocco Siffredi me ha hecho prisionero.”


DOS.

Más que una biografía, Rocco es una mezcla de docureality y visita al psicólogo del actor que ha protagonizado y dirigido más de un millar de películas para adultos desde 1987. La estrella con un miembro de 23 centímetros, energía de atleta olímpico en el set y cuyo estilo se ha endurecido con los años hasta convertirse en especialista en dominación y maltrato, aún pregunta a su madre muerta si está bien lo que hace.

Ella quería que fuera sacerdote.

A los 7, 8 años comenzó a experimentar “impulsos que salían entre mis piernas” y “un fuego que no entendía”.

Se masturba en el baño. La madre le observa a hurtadillas. “Una experiencia surrealista”, dice.


TRES.

Para Rocco el género femenino es una pasión y un permanente descubrimiento. Con lógica de scout se impone jamás decepcionar a una mujer porque “Rocco debe estar listo, siempre y para siempre”. Bajo esa regla ha sostenido relaciones sexuales con chicas de 18 hasta ancianas octogenarias. En el set trata a las actrices con una mezcla que involucra excitación, sinceridad, brutalidad y paternalismo. Les pregunta directamente si les gusta el sexo anal, ser sumisas o agresivas, si tienen problemas con el dolor.

A una chica que se le insinúa antes de filmar —en un beso se devoran como serpientes—, más tarde le mete una mano en la boca hasta que le saltan las lágrimas.

En las bambalinas del porno de Rocco abundan las actrices de Europa del Este que se comunican en un rudimentario inglés. Apenas dominan este impulso de trabajar con “una gran estrella” como le comenta una actriz, sabiendo que el sexo será violento y humillante.

También queda claro que la decisión final es de las chicas.

Una le dice a Rocco que no puede más tras varios días de filmación. No es dolor físico. No es cansancio. La expresión vacía dice que algo se quebró en su interior. Yace sudorosa y desnuda, Rocco le acaricia el cabello. Ella pregunta cuánto queda por filmar. Él se tapa la mirada como un niño avergonzado.

Tras una filmación capturada con clase por Demaizière y Teurlai nuevamente en impecable blanco y negro, el reparto se dirige a las duchas. Ellos, exultantes. Bromean como hombres en camerino. Ellas, silenciosas. Resaltan las marcas del sexo rudo en sus cuerpos, laceraciones, el maquillaje desbordado, la expresión aturdida de quien aún no decodifica por completo la experiencia reciente.


CUATRO.

Rocco tiene un primo, Gabriel. Asiste como camarógrafo y trata de dar algún sentido a las escenas. En Gabriel hay un artista histriónico y sensible que colisiona constantemente con la impaciencia y el pragmatismo de Rocco. Cuando le explica el contexto de las secuencias que quiere plasmar, la pregunta de la estrella es siempre la misa: cuándo follamos.

Gabriel se proyecta en Rocco. Era un empleado bancario pero envidiaba a su primo por intimar con mujeres hermosas y ser adorado. Cuando se probó como actor simplemente no pudo. Rocco tuvo que suplir su lugar.


CINCO.

Rocco tiene una antagonista, la actriz británica Kelly Stafford (39), una leyenda por cuenta propia del cine triple x. Ha sido la estrella de algunas de las secuencias más extremas del italiano como realizador e intérprete. El gang bang es prácticamente un trámite en su filmografía. Kelly ha ido más allá. Legendarios son sus videos sosteniendo sexo con desconocidos en las calles, incluyendo ancianos y pordioseros. Si alguien intenta ponerse rudo, Kelly golpea de vuelta. “Rocco y yo somos iguales”, explica en un establo mientras cepilla a un purasangre. “Me gusta el sexo rudo porque es la forma más pura que puede haber. Está dentro de mí (…) Si dos personas están de acuerdo, es lo que es”.

Kelly es convocada para la última cinta estelarizada por Rocco, donde el actor decide a manera de redención que debe ser maltratado y humillado.


EPÍLOGO.

Como documental, Rocco soslaya detalles. Su esposa Rosa Caracciolo (45) explica que no le afecta el trabajo de su marido. Con las demás solo es sexo, en cambio con ella hace el amor. Rocco no lo ve así. Cree que a Rosa le afecta su actividad y es uno de los motivos que desliza para su jubilación. Demaizière y Teurlai no aclaran que Rosza Tassi, su verdadero nombre, también fue actriz porno.

Tampoco se ahonda de qué forma Rocco va a combatir su adicción al sexo renunciando al triple X. Cuando estuvo fuera de las cámaras tocó fondo. Recurrió a prostitutas, hombres y travestis. Rosa le pidió que volviera al set.
Tras el documental Rocco Siffredi nunca se fue de la pornografía. Sigue trabajando en una nueva veta, los castings, donde personalmente prueba a las actrices. Solo este año ha publicado 17 cintas.

Uno de sus hijos se ha convertido en su asistente como camarógrafo. Hasta ahora Lorenzo Tano solo se limita a estar tras el lente. Tiene una novia hace cinco años y no pretende traspasar límites.

A diferencia de su padre, el diablo entre sus piernas aún no le seduce.


Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras