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Culto
El legado intelectual del poeta y teórico Ronald Kay

El legado intelectual del poeta y teórico Ronald Kay

Ex pareja de Pina Bausch, murió el jueves a los 76 años. Sus funerales se realizarán hoy. Editor de la mítica revista Manuscritos, su último proyecto fue una obra con Raúl Zurita.

La historia comenzó así: en un tour por Sudamérica en 1980, Pina Bausch conoció a quien sería su pareja hasta el final de su vida. Los días que la reconocida coreógrafa pasó en Chile fueron suficientes para que el poeta Ronald Kay decidiera dar un giro en su vida y mudarse a Wuppertal (Alemania). Un año después nació Rolf Solomon, su único hijo.

Nacido en Hamburgo en 1941, hijo de padre alemán y madre chilena, llegó a Santiago en 1947, finalizada la Segunda Guerra Mundial. Poeta, teórico y artista visual, Ronald Kay murió el jueves, a los 76 años, tras un prolongado cáncer. Sus funerales serán hoy en el Parque del Recuerdo.

La trayectoria intelectual de Kay comenzó en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, donde conoció a Raúl Ruiz, uno de sus grandes amigos. En 1960 abandonó los estudios y partió a Oxford por un año. A su regreso, ingresó al Instituto Pedagógico de la U. de Chile, donde conoció, entre otros, a Gonzalo Millán.

En 1968, ya casado con Catalina, la hija mayor de Nicanor Parra, obtiene una beca de la DAAD alemana para estudiar en la universidad de Constanza. Durante su estadía en Alemania, conoció a Wolf Vostell, uno de los artistas alemanes más importantes del siglo XX. Vostell hablaba español, por lo que establecieron una fluida comunicación. Ronald Kay escribió un ensayo sobre uno de sus trabajos en 1972, el año de su retorno a Chile. Desde entonces, establecerán una extensa relación epistolar, la que los llevará en 1977 a inaugurar una de las primeras exposiciones de arte realizadas luego del Golpe de Estado.

El año anterior, el artista de Fluxus presentó en la sexta versión de la feria de arte Documenta (Kassel) un proyecto titulado El huevo. La instalación llegó a Chile acompañada de catálogos y otros materiales que hicieron escuela en las generaciones de artistas jóvenes.

El huevo era una crítica a la violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, esa no fue la primera vez que Ronald Kay demostró ser un pionero en el campo cultural chileno. Luego de su retorno al país en 1972, Cristián Huneeus, director del Departamento de Estudios Humanísticos de la U. de Chile, le invitó a ser parte de la planta académica. Fue en esas clases donde algunos estudiantes escucharon a Kay hablar de Rimbaud, Mallarmé, Heidegger y discutieron traducciones de Walter Benjamin y Michel Foucault. Al mismo tiempo, compraron una máquina impresora que instalaron en el subterráneo de República 475 y comenzaron a imprimir materiales de uso privado, pero también publicaron libros y, en 1975, la revista Manuscritos, donde Kay recuperó los Quebrantahuesos de Nicanor Parra. La revista sólo tuvo un número: a las autoridades militares no les hizo gracia el contenido. Un segundo número, donde iban algunos inéditos de Juan Luis Martínez, quedó a la deriva.

Su importancia en el campo de las artes es indudable. Para la académica y fotógrafa Andrea Josch, “sus desbordes y descalces con la poesía, la filosofía, la performance y, sobre todo, con la incorporación de lo popular, es un aporte inédito a la comprensión del arte latinoamericano”.

Sergio Parra, poeta y librero, afirma que “era una figura mítica y ausente a fines de los 80, pero su libros de poemas, Variaciones Ornamentales junto a la revista Manuscritos, circulaban de mano en mano”. Y recuerda: “A fines de los 90 tuvimos un primer encuentro, en el Venezia, donde comimos unos buenos perniles con papas cocidas y harto pebre, mientras la conversación se centraba en la poesía chilena, un tema que lo apasionó hasta el último día”.

Raúl Zurita, desde Nueva York, siente profundamente su pérdida: “Era alguien demasiado brillante como para que vivir le fuera fácil y sin él no se explicaría nada del arte chileno a partir de los setenta. La vida nos acercó y nos alejó, pero en los último diez años estuvimos profundamente unidos y estábamos haciendo una obra juntos. La maqueta de Ronald estaba lista, así que ese proyecto será nuestro último abrazo”.

Para el galerista Pedro Montes, es indispensable “recalcar su calidad humana, su rigurosidad en el trabajo y su persistencia para sacar adelante proyectos de poesía y arte de gran valor”. Trabajaron juntos en un libro de Juan Luis Martínez y en una exposición del mismo Kay. Sin embargo, el proyecto más apasionante fue convencer a Diego Maquieira, quien no había publicado un libro en 20 años, para sacar adelante el libro El Annapurna, en 2013.

Volvió a Chile luego de la muerte de Pina Bausch, en 2009. Durante sus últimos años, Kay dedicó su trabajo a investigar y repensar -en el más completo silencio- las lineas de Nazca y la obra del escultor Lorenzo Berg. Sergio Parra sentencia: “Ronald se fue de éste mundo como un poeta. Sin hacer ruido” .

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