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Culto
Jaco Pastorius: a 30 años de la muerte del mejor bajista del mundo

Jaco Pastorius: a 30 años de la muerte del mejor bajista del mundo

Un día como hoy, en 1987, fue desconectado del respirador artificial que lo mantenía con vida quien fuera considerado "El mejor bajista del mundo" o, como dijo el New York Times en su nota sobre la muerte del músico: "Un Monet con sentido del ritmo".

Era una escena común a las locuras de la bohemia. Fue en Fort Lauderdale, Florida, cuando un hombre de mediana edad intentó entrar a un bar, lo que le fue negado producto a su deplorable aspecto. Como respuesta, el tipo se enfurece y comienza a patear el cristal de la puerta. Acto seguido, salen los guardias a reducirlo, el hombre arranca, pero es alcanzado apenas a unos metros de distancia. Uno de los guardias le propina una paliza que lo deja inconsciente. La víctima es llevada al hospital, donde se le formaliza en estado de coma. Nueve días después, el 21 de septiembre de 1987, es desconectado del respirador artificial. Su asesino, cinturón negro en kárate, pagó el crimen con cuatro meses de prisión.

Era el fin de Jaco Pastorius, “el mejor bajista del mundo” y probablemente uno de los últimos revolucionarios del jazz. Tenía apenas 35 años.


Antes y después de Jaco

Hasta ese día, Pastorius era portador de una meteórica carrera musical, consolidada en casi una década, cuando en 1976 lanzó su álbum debut titulado con su nombre. Pese a la reticencia del sello Epic de lanzar un disco donde un instrumento de bajo perfil fuera el protagonista, el álbum revolucionó la escena del jazz y terminó por redefinir el rol del bajo eléctrico. Además de función rítmica, el disco evidenciaba las posibilidades melódicas y armónicas del instrumento, todo sustentado por las innovaciones de Pastorius en su Fender Jazz Bass comprado de segunda mano. Nostálgico del sonido de su contrabajo arruinado por la humedad de su Florida natal, Pastorius eliminó los trastes del mástil del bajo, accediendo a un sonido más robusto y pastoso. Junto a ello, hizo de los armónicos —recurso de “notas falsas” de sonido dulce y etéreo— un sello de expresión que lo llevó a componer piezas enteras con esta técnica.

El disco debut, que lleva su rostro en blanco y negro como carátula, resumía además las influencias musicales que alimentaron a Pastorius en la tropical Florida. Una virtuosa relectura de una obra de Charlie Parker acompañado por congas (“Dona Lee”), un festivo funk bailable (“Come on, come Over”), una mezcla de jazz, reminiscencias latinas y arreglos orquestales para cuerdas (“Kuru/Spike like a child”), las evocación en base a armómicos (“Portrait for Tracy”) y la muestra más explícita de su influencia afrocubana (“Used to be A Cha Cha” y “Onkolele y Trompa”)

El disco, grabado prácticamente en una toma en Nueva York, contó con la participación de Herbie Hancock, quien aportó una nota para el álbum. “Jaco es un fenómeno. Es capaz de hacer sonidos con el bajo que son una absoluta sorpresa para los sentidos”, escribió el pianista.


La gloria, los excesos, la indigencia

Mientras entre los músicos de jazz se cimentaba la fama de Pastorius, el bajista ingresó a la banda Weather Report —comandada por Joe Zawinul y Wayne Shorter, ex músicos de Miles Davis— donde a su talento se sumó su sentido del espectáculo. Muestra de ello era la utilización del talco en el escenario, para así deslizarse y bailar a lo James Brown mientras actuaba con la banda.

Era el músico de jazz del momento. Por lo mismo, terminó colaborando, entre otros, con Herbie Hancock, Joni Mitchell, Pat Metheny, John McLaughlin, y era constantemente alabado por la crítica especializada. Esto reforzó su arrogante declaración que repetía a quien quisiera escucharlo: “Soy el mejor bajista del mundo”.

Fue en el cenit de su fama que contravino una regla que mantuvo en los años en que era un joven estudioso, deportista y lector de filosofía: evitar los vicios. En vida, Pastorius reconoció que comenzó con el alcohol y las drogas a los 27 años, terminando después preso del alcoholismo y de su adicción a la cocaína.

Probablemente, los excesos desencadenaron en el músico un trastorno maníaco-depresivo. El diagnóstico fue realizado en 1982, fecha en la que Pastorius comenzaba una carrera en solitario que no pudo tomar vuelo. Su comportamiento errático, que iba desde delirios místicos hasta cambios anímicos violentos, hizo que terminara vetado por la industria discográfica y alejado de los grandes escenarios. Así, con dos matrimonios frustrados, cuatro hijos, pasajes por la cárcel y una estadía en el hospital siquiátrico, “el mejor bajista del mundo” terminó tocando en bares modestos de Nueva York y viviendo en la calle, tocando para sus amigos indigentes y pidiendo limosna para cervezas.

“Voy a morir a los 35”, vaticinó Pastorius cuando empezaba a trazar su leyenda, acaso sospechando que la fama estaba colmada de claroscuros. Pese a todo, nunca el bajo eléctrico, ese instrumento que suele pasar desapercibido para oídos distraídos, había alcanzado tanta expresividad. Algo que The New York Times resumió en su nota sobre la muerte del artista: “Un Monet con sentido del ritmo”.


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