Culto

Rescatan obra de Neruda sobre legendario bandido Joaquín Murieta

Había publicado poemas de amor, homenajes a pueblos abatidos y a combatientes; decenas de odas, sonetos, títulos anónimos, incluso se había atrevido a editar una novela, El habitante y su esperanza (1926), pero nunca había escrito una obra de teatro.

La idea nació como una tentación irresistible cuando el poeta tradujo Romeo y Julieta, de William Shakespeare. Corría 1964 y esa petición de parte de su editor argentino del sello Losada se transformó en un desafío para crear su propia pieza teatral.

Ferviente lector de novelas policiales, la posibilidad de recrear la vida de un bandido latinoamericano llevó a Neruda a encantarse con su nuevo proyecto. Así tres años después de la idea inicial, de imaginar a un justiciero desencantado y con penas de amor, el 14 de octubre de 1967 se estrenó Fulgor y muerte de Joaquín Murieta en el Teatro Nacional.

Era una obra que tenía presente la música, el ballet y el folclor local. La dirección estuvo a cargo de Pedro Orthous. Al escenario de la sala Antonio Varas se subieron a actuar Bélgica Castro, María Cánepa, Tomás Vidiella, Alejandro Sieveking, Tennyson Ferrada, Sergio Hernández y Fernando González. La música la compuso Sergio Ortega (quien luego hizo la música de El pueblo unido y Venceremos); la escenografía, Guillermo Núñez; la coreografía, Patricio Bunster, y en el intermedio se presentó Víctor Jara.

“Mi personaje invisible se desliza entre las sombras y los hechos. Una tormenta de fuego y sangre, de deseo, de trastorno e insurrección lo rodea…”, dijo Neruda sobre el personaje que quedó registrado en la historia como Joaquín Murrieta (con doble r), nacido en el estado de Sonora, México, en 1829.

“Su cabeza cercenada ha reclamado esta cantata y yo la escribí no sólo como un oratorio insurreccional, sino como un acta de nacimiento”, señaló el Premio Nobel de Literatura 1971, quien subtituló su obra como Bandido chileno injusticiado en California el 23 de julio de 1853.

La figura de Murieta fue real pero su historia está envuelta por la niebla del mito: en plena fiebre del oro en California, este bandido de origen latino asoló los campos mineros entre 1851 y 1853. Según la leyenda, era una suerte de justiciero: le llamaron Robin Hood de El Dorado y fue la fuente de inspiración del personaje de El Zorro.

Para Neruda , era de nacionalidad chilena. Según él, sus papeles de identidad se perdieron en el terremoto de Valparaíso de inicios del siglo XX. Es más, el escritor fija sus orígenes en la ciudad de Quillota.

La historia, publicada por editorial Zig-Zag a fines de 1967, arranca con las campanadas de un barco que zarpa en el puerto desde el océano Pacífico rumbo al norte. Murieta viaja con un grupo de compatriotas en busca de fortuna. Pero la codicia traerá desgracia.

En EEUU Murieta tuvo una conmovedora relación con una mujer de nombre Teresa. Ella fue violada y asesinada por norteamericanos y Murieta encabezó una venganza robando el oro que distribuyó entre los más pobres. El forajido pagó caro su delito: fue degollado. Por entonces se multiplicaban bandas armadas, semilla de lo que más tarde sería el Ku Klux Klan.

“Fue mi cuerpo primero separado,/ degollado después de haber caído,/ no clamo por el crimen consumado,/ sólo reclamo por mi amor perdido”, apunta Neruda en Fulgor y muerte de Joaquín Murieta.

Ahora la obra es recuperada en una edición conmemorativa realizada por la Fundación Neruda. El ejemplar trae textos y fotos originales de la pieza teatral y los folletos de invitación de los lugares donde se exhibió. Hubo puestas en escena en Hungría, Polonia, Alemania, España e Italia. Hoy se presentará el libro, a las 19 horas, en el Espacio Estravagario de La Chascona.


Coro estelar

Dividida en seis partes, la obra de Neruda se inicia con su voz estableciendo los rasgos del protagonista: “Esta es la larga historia de un hombre encendido: natural, valeroso, su memoria es un hacha de guerra”.

En su escritura el poeta de Parral tuvo presente las versiones existentes que hablaban de Murieta. Entre los antecedentes literarios más citados se encuentra el del escritor cherokee John Rollin Ridge. The Life and Adventures of Joaquin Murieta apareció en 1854. Ocho años después, el mismo título es traducido al francés por Roberto Hyenne, quien le incluye invenciones propias. Más tarde en la edición al español realizada por el chileno Carlos Morla es donde se produce el cambio de nacionalidad de mexicano a chileno. La edición se llamó El bandido chileno Joaquín Murieta en California.

“Yo conocí los trigos de Rancagua,/ viví como una higuera en Melipilla./ (…) Tu has sido, amor, mi única impaciencia,/ antes de ti no quise tener nada”, dice Murieta en los versos de Neruda y finaliza con un coro funerario: “El oro recibe a este muerto de pólvora y oro enlutado,/ el descabellado, el chileno sin cruz de soldado, ni sol de estandarte”.

Para el escritor y crítico Fernando Alegría este trabajo teatral era “una brillante epopeya con elementos de ópera, comedia, zarzuela, pantomima y hasta ballet”.

Su éxito trascendió el Teatro Nacional. En los 70 fue presentada en varios países de Europa. En Chile se estrenó una ópera en el Teatro Municipal en diciembre de 1998. La música de Sergio Ortega fue dirigida por David Miller y se conformó de dos actos de una hora y 10 minutos cada uno.

La ópera regresó al Municipal en 2003, con el tenor Tito Beltrán y la soprano Marcela de Loa en los roles principales. El arte escénico fue de Fernando González y la dirección musical de Maximiano Valdés, quien estuvo al frente de la Orquesta Filarmónica de Santiago. Ese mismo año se presentó en el Festival de Opera de Savonlinna, en Finlandia.

“Como músico me siento como un lector de la obra”, dijo Sergio Ortega, quien vivía en París y murió allí el 15 de septiembre de 2003. “Mi primera conclusión fue que era una pieza de gran coralidad, lo que nos llevó a hacer de ella una ópera”, comentó entonces Ortega sobre el texto nerudiano que también tuvo una versión dirigida por José Luis Domínguez.