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Culto
Marc Bolan: una estrella de brillos y glam rock

Marc Bolan: una estrella de brillos y glam rock

A 40 años de su muerte, desempolvamos de las cenizas a Marc Bolan, quien en un mundo donde Bowie se convertía en estrella, supo ser un meteoro.

En 1969 David Bowie saltaba a la fama con Space Oddity, y así se daba inicio a una carrera llena de cambios y variaciones pero que siempre fue en aumento, una estrella fugaz que en vez de durar un segundo, duró casi 50 años. Al principio, un poco antes que Bowie pero también en Inglaterra, un joven de su misma edad comenzaba a hacer ruido también: era Marc Bolan.

Nacido como Marc Feld, comenzó a tocar canciones más bien folk cuando chico, para luego unirse a la moda inglesa de los sesentas y convertirse en un mod (estilo cultural que surgió en Inglaterra a mediados de los 60s, donde el buen vestir y la música iban de la mano), lo que le permitió abrir sus horizontes musicales hacia el rock and roll. En 1967, con 20 años, fundó junto al percusionista Steve Peregrin Took, Tyranoisaurus Rex, banda con la que lanzaría la canción que lo llevó a la palestra de los medios cuando la BBC la censuró por su letra: “Desdemona”, que habla de juventud y sexualidad, temas que tocaría Bolan el resto de su carrera.

Poco tiempo después echó a Took y formó T-Rex con Mickey Finn. La idea de Bolan, fan del Señor de los Anillos y de todo el imaginario de Tolkien, era hacer rock surrealista, como en “Children of Rarn”, canción sobre un mundo paralelo, en un imaginario similar al de la Tierra Media en el que dos bandos se enfrentan. Esta canción era el puntapié inicial del disco de 1970 del mismo nombre que la banda, T-Rex, el que al ser producido por Tony Visconti hizo que el estilo de Bolan dejara a un lado el tinte folk que venía haciendo para pasarse a un minimal rock que seguiría desarrollando junto a un marcado estilo visual para llegar a ser una de las piedras angulares del glam.

En 1971 llegó su peak de popularidad con el lanzamiento de Electric Warrior, nuevamente en su imaginario fantasioso mezclado con letras romántico-sexuales y una música que iba desde el folk al punk. El disco fue de inmediato bien recibido y quizás podría haber sido EL gran disco del año si no hubiera sido porque David Bowie lanzó Hunky Dory ese mismo 1971, luego de haber lanzado, el año anterior, The Man Who Sold The World.

Bolan y Bowie, que eran amigos y habían trabajado los dos con Tony Visconti, eran también una especie de némesis. Si bien había espacio para los dos, la naturaleza competitiva de Bolan lo hacía creer que sólo podía ser uno de ellos la estrella de la fiesta. A Bowie eso le daba lo mismo pero a Bolan le picaba y luego de estar en lo más alto de su carrera, poco a poco comenzó a decaer la atención de la prensa sobre él y así mismo el nivel de sus discos, que seguía siendo de tintes mitológicos/filosóficos pero que no lograban prender de la misma forma que Electric Warrior. Sumado al abuso habitual de las estrellas de la época de las drogas y el alcohol, era difícil salir de ahí. Y mientras eso pasaba, Bowie llenaba estadios.

Marc Bolan había llenado de glitter las portadas de revistas, porque además de talentoso, poseía una belleza que lo hizo objeto de deseo de todas las adolescentes de Inglaterra y el mundo. Mentras David Bowie tenía un ímpetu más artístico, en palabras de Visconti “Bolan era una estrella de rock”. Cuando la crítica dejó de tomarlo en cuenta, surgió la oportunidad de hacer un programa infantil, el que comenzó a desarrollar en 1976, junto a otras ideas. Todo quedaría inconcluso el 16 de septiembre de 1977, con su repentina muerte en un accidente de auto.

Mientras David Bowie se convirtió en lo que todos conocemos, Marc Bolan murió a los 29 años dejando a su haber 13 discos, y varios clásicos como “Jeepster”, “Cosmic Dancer”, “The Children of the Revolution” que han calado tal como lo hicieron los temas de Bowie. La música de Bolan ha seguido sonando desde su muerte, tanto en las radios de sus fans como en películas de la talla de Rompiendo las Olas (Lars Von Trier), Death Proof (Tarantino) y Moulin Rouge (Baz Lurhman) por nombrar algunas, porque en realidad, Bowie pudo brillar de manera continua, pero Bolan fue el verdadero meteoro.

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