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Jorge González por Pateando piedras: “A mí me cambió la vida”

Jorge González por Pateando piedras: “A mí me cambió la vida”

Pateando piedras fue lanzado a la sombra del atentado a Pinochet en 1986, cuando la banda de González comenzó a experimentar con máquinas.

Fue lanzado al mercado un 15 de septiembre de 1986, hace más de tres décadas, cuando Jorge González, el cerebro de Los Prisioneros, tenía apenas 21 años.

“La mayor canción de este disco es ‘El baile de los que sobran’, que logra cautivar —por música y ritmo— a muchos chilenos, pero que también hace reflexionar a todo el país”, escribió el periodista y autor de la biografía de Jorge González, Emiliano Aguayo.

En Maldito sudaca (2005, RIL editores), Aguayo explica que el segundo disco de la banda “sirve para consolidar a un movimiento pop-rock que estaba creciendo, y a que desde el extranjero les pongan más oreja, lo que los convertirá, a la larga, en una de las bandas más importantes del rock en español del continente”.

“Todavía estaba viviendo donde mi viejita y mi papá”, recuerda el propio González desde una autoentrevista publicada en Youtube, previo al infarto isquémico cerebeloso que sufrió en 2015; un registro en donde el músico repasa la trastienda del disco que sucedió a La voz de los ‘80.

“Hay gente que dice que uno tiene toda la vida para componer y trabajar el primer álbum, y, a lo más, un año y medio para hacer el segundo. Pateando piedras sufrió un poquito eso”, reflexiona González, que considera al segundo trabajo de Los Prisioneros “un disco fuerte y muy diferente a todo lo que se hacía en esa época”.

“Una de las razones de por qué suena así es por Caco Lyon, que fue el ingeniero”, relata el hombre de “El baile de los que sobran”. “Entramos a grabar con Caco Lyon y hablé con él para poder sincronizar el secuenciador, los teclados y la batería programable a la grabadora de cinta, al multitrack. Era una cosa que en Chile, en esa época, no se hacía y que en el mundo se hacía desde hace no tantos años”.

Antes de “I feel love”, de la cantante Donna Summer, la mayoría de la música disco fue grabada con orquestas de fondo, hasta que los músicos Pete Bellotte y Giorgio Moroder introdujeron sintetizadores y otras máquinas para su producción, un método que resultó atractivo para González.

“Al poder sincronizar las máquinas, uno podía cambiar los arreglos después. Por ejemplo, poner un arreglo parcial de algo y luego enderezarlo y hacerlo cada vez mejor y con todo sincronizado”, dice el líder de Los Prisioneros.



Según contó el musicólogo Juan Pablo González al periodista Julio Osses, Pateando piedras “marcó un puente sonoro en los años 80, desde una sonoridad artesanal, donde prevalecían la lana de los chalecos chilotes y las guitarras arpegiadas, hacia este mundo new wave, de sonidos tecnológicos y textos clarísimos, donde no había cabida a las metáforas y a la agenda política de la época”.

Aguayo explica que en este punto de su carrera Jorge González consolida un nuevo estilo: “Hacer dos discos buenos con improntas musicales distintas. Uno, el primero, con guitarra, bajo y batería, y este segundo, menos punk y más tecno, con influencia fuerte de bandas como Depeche Mode, lo que genera que ingresen en una sonoridad más moderna, con sintetizadores, batería electrónica y samples”.

“Es un González que juega con los estilos y que también juega con la vanguardia”, describe Aguayo, “la que ha conocido en sus días de universidad, cuando crea una canción para una obra de Vicente Ruiz (performista y director teatral), como ‘¿Por qué no se van?’”.

“Hay muchas canciones donde no hay nada acústico”, recuerda Jorge González, “por ejemplo, ‘Muevan las industrias’ y ‘Por favor’ tienen todo programado y ahí hubo que arrendar algunos equipos, como el (sampler) Emulator, que costaba diez lucas por canción y lo ocupamos en los perritos de ‘El baile de los que sobran’ y en los violines de ‘Exijo ser un héroe’. O le enchufamos un micrófono y grabamos los balones de gas de la cocina de Caco y los tocamos a dedo. Lo otro que arrendamos fue la batería programada, que, al comienzo, para ‘Muevan las industrias’, arrendamos la mejor, que era la Lihn-Drum 1, la misma batería que usa ‘Take on me’ de A-ha, pero, como costaba diez lucas por canción, la gente que financiaba dijo que era muy caro”.

“Cosas sencillas, como el ladrido de un perro, o el sonido de un balón de gas, retrataron a la sociedad chilena de la época genuinamente”, puntualiza Juan Pablo González.



“La capacidad siempre viene con las ganas”

En el registro compartido en redes sociales, Jorge González se refiere a su encierro durante la etapa compositiva. “Compramos el Casio CZ 101, el 1000 y el 5000, que tenía un secuenciador, pero el secuenciador no era como que yo podía tocar las partes y quedaban grabadas inmediatamente. Había que, por notación musical, entrar la nota —do—, decir la duración —corchea—, luego agregar silencio y así, nota por nota. Había que programarlo todo. El bajo de ‘El baile de los que sobran’, los teclados de ‘Por favor’. O sea, todo, todo, todo”.

“Fue un trabajo de chino, pero yo feliz”, recuerda el músico. “Me senté, me encerré y le puse color, porque yo era el único que tenía ganas de hacerlo y la capacidad. En realidad, la capacidad siempre viene por las ganas. Las ganas de estar todo el día haciendo. El resto, de alguna manera, tenía polola, entonces qué se iban a quedar encerrados con un teclado. Yo también tenía polola, pero mi polola era un siete. Era estudiante de arte y hacía sus cosas, y respetaba lo que yo hacía. Tuve suerte por ese lado, pero aparte, yo elegí ese tipo de relación”.

Finalmente, Pateando piedras salió a las calles en una tirada de cassettes y vinilos de 12 pulgadas, apenas una semana después del atentado a Pinochet en el Cajón del Maipo, en medio de un país bajo “estado de sitio”.

A pesar de la convulsión social, en sus primeros diez días el disco vendió cinco mil copias, y en solo dos meses el número aumentó a veinte mil.

Para el lanzamiento, que sumó unas 11 mil personas, la banda hizo dos conciertos en el Estadio Chile. Definitivamente Los Prisioneros habían despegado.

Pateando piedras fue un suceso muy grande cuando salió”, asegura el músico. “A mí me cambió la vida. Me demostró que podía hacer cosas muy buenas y originales y que tuvieran mucho éxito”.

“Considero que los temas que son buenos, son muy buenos”, enumera González: “‘Muevan las industrias’, ‘¿Por qué no se van?’, ‘El baile de los que sobran’ y digamos que ‘Por favor’, son buenísimos, y creo que hay ciertas canciones que con más tiempo y más cabeza se podrían haber desarrollado mejor, como ‘Exijo ser un héroe’ y ‘Una mujer que no llame la atención’, que no están mal pero no están a la altura de los fuertes, principalmente por tener que usar una batería penca, en vez de una buena. En fin, es un buen disco. Yo estoy orgulloso de Pateando piedras”.


Sobre el autor:

Alejandro Jofré |
Editor de Culto. En Twitter es @rebobinars