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Culto
Los nuevos tiempos de El Cómodo Silencio de los que Hablan Poco

Los nuevos tiempos de El Cómodo Silencio de los que Hablan Poco

Ha sido una de las revelaciones musicales nacionales del último año; ahora, tras verlos en vivo, podemos decir que están listos para el siguiente nivel. Fotos: Piloto

“No tengo tiempo para perderlo, así que tengo que ganarlo”, dice ‘11’ de Gianluca, una de las últimas voces del trap capitalino que durante el fin de semana pasado se aventuró a salir de la comodidad de la fiesta para acompañar a nuevos amigos. La frase que canta el joven logra condensar bastante bien lo que pasó en Matucana 100 con el concierto que El Cómodo Silencio de los que Hablan Poco ofreció para despedir su placa debut, la misma que fanáticos tildaron como el disco del año durante el 2016.



Run-Run, directo homenaje al tradicional juego y a Violeta Parra, llegó hace un año exacto en forma de ocho canciones que se convirtieron en el soundtrack de cientos de entusiastas que, cual peregrinación, llegan a cada tocata que la banda conformada por Franco Perucca, Bárbara Pérez de Arce, Wladimir Mella, y Matías Manríquez anuncia. La de hace unos días no fue la excepción, y aunque los chicos de ECSDLQHP han sabido de grandes escenarios (ya pasaron por La Cúpula frente a un poco más de mil personas en el marco de El Rito de Red Bull), ‘Despedida’ fue la gran demostración de que la banda está lista para el siguiente nivel.

Totalmente agotada, la Sala Bunster del recinto se fue llenando mientras la frescura de Gianluca hacía de las suyas entre visuales vaporwave y pistas apoyadas por dos de sus amigos. El responsable de ‘Siempre Triste’ pide baile a una masa a la que le sale mejor corear, pero los asistentes se unen a los beats que el joven entrega con su micrófono pasado por filtro.

Casi como puente, los protagonistas salen a escena para interpretar ‘Tristrap’, una de las inéditas piezas con las que ECSDLQHP intenta demostrar que no les interesa encerrarse en un estilo. Tal como Run-Run paseó por el emo, el post-rock y el pop folclórico, las tres primeras canciones en presentarse aprovechan el lado más soleado del trap, un pop más electrónico y guiños al ambient. Caras contentas que explotan cuando el guitarrista toma el micrófono y dice las palabras mágicas: “Vamos a tocar el disco en orden”.



Agitación para llegar a las primeras filas y en cuanto ‘Jardines’ entrega coro, el público hace lo que mejor ha sabido hacer en todo este año de training que ha adquirido la banda: gritar. Cantar como si cada frase les perteneciera, como si Wladimir se hubiese juntado con ellos una tarde a escuchar sus problemas y haya logrado identificar cómo decir esas cosas que tanto cuesta decidir y expresar cuando se transita entre el colegio, la universidad, la elección de independencia.

-No, es que no me queda claro qué es eso de ser un hombre.
-Valerte por ti mismo, ser independiente.
-A mí me parece que quiere decir que se acabó la libertad y empezaron las obligaciones. Hay que obedecer. Hay que hacer lo que se debe hacer, lo que hacen todos. O estudiás o trabajás, y si hacés las dos cosas sos un ídolo, un ejemplo para la juventud. Si no hacés nada sos una mierda, te dan una patada en el culo y te borran.

Aunque tus viejos tengan guita y te puedan mantener, si no estudiás tenés que trabajar, de lo que sea, aunque te paguen dos mangos. Eso es ser un esclavo, no independiente”, dice la película argentina Martín (Hache), la misma que los chicos samplean en ‘Viento en la Cortina’, y que en esta pasada involucraron entre visuales y la grabación original de la obra de Adolfo Aristarain.



El Cómodo Silencio de los que Hablan Poco vive en la independencia musical sabiendo que convertirse en un esclavo a está a dos pasos, sin olvidar que trabajar desde la autogestión y la comunidad no tiene por qué ser sinónimo de pequeñez o mediocridad. Los detalles de estética y sonoros, como mash-up entre canciones y recursos sorpresas, se suman al carisma que cada uno de sus integrantes ya tiene frente a un público.

El repertorio ya no necesita covers de Boom Boom Kid o American Football para llenar el setlist. Ahora los covers llegan a modo de juego e improvisación mientras los equipos son afinados y el público expectante pide más con la mirada, tal como lo hizo Gianluca que desde un costado disfrutó de otra vereda de independencia que sucede en nuestra capital. Ni él, ni la banda oriunda de La Florida tienen tiempo para perder. Sólo les queda ganarlo, y lo del viernes en el centro de Santiago fue el primer examen final de un grupo de amigos y músicos que ya se dieron cuenta que pueden ser disco del año, agotar presentaciones, ser tildados de revelación y mirar el camino cada vez más brillante que queda por recorrer.



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