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Culto
Fabián Casas: literatura y pop

Fabián Casas: literatura y pop

Sus libros circularon primero desde congresos de poesía, a través de fotocopias o links de Internet, como ecos que oímos a lo lejos pero que costaba atraparlos. Luego, cuando publicó sus ensayos hace una década, vino el momento de Casas en las librerías chilenas, siempre desde ediciones argentinas o españolas que llegaron a cuentagotas gracias a editores valientes o a viajes y tarjetas para comprar por Internet. La buena noticia es que, al menos desde agosto, Emecé acaba de publicar en Chile las primeras novelas de Casas —Ocio y Los Lemmings y otros— además de Diarios de la edad del pavo, una especie de apuntes de un escritor en formación. Al otro lado de la línea, el autor de El salmón y Tuca advierte: “Soy el mejor escritor chileno que vive en Argentina y tengo ganas de ir a Santiago”.

Quince años separan a Ocio (2000, Santiago Arcos editor), la sorprendente primera novela del escritor argentino Fabián Casas, de Titanes del coco (2015, Emecé), su último libro de ficción. Uno en donde Casas se hace cargo de su paso por el periodismo, cuando trabajó para Clarín y después Olé; un libro que es una verdadera clase de literatura, mezcla de velocidad, anécdota y convicción.



En su lectura, llama la atención el segundo párrafo en donde el autor de La voz extraña (2014, Ediciones UDP) anota: “Cuando se llega a la mitad de la vida el tiempo lineal deja de existir. Todo pende de un hilo y uno puede llegar a recordar cosas que van a suceder en el futuro”.

La frase tal vez explique que el sello Emecé haya reeditado sus novelas seminales Los Lemmings y otros (2005, Santiago Arcos editor) y Ocio y el volumen Diarios de la edad del pavo (2016, Eloísa Cartonera), un libro que es la historia de un escritor que busca su destino perdido en un punto más allá de la frontera entre la adolescencia y la edad adulta.

Si el tiempo lineal deja de existir —como escribió Casas—, la aparición previa de la novela Titanes del coco (2015, Emecé), sus ensayos completos, Trayendo a casa todo de nuevo (2016, Emecé), y su poesía completa, Horla City y otros, toda la poesía 1990-2010 (2010, Emecé, Cruz del Sur), parecen cerrar un círculo o, al menos, un capítulo.



-¿Trayendo a casa todo de nuevo podría ser una autobiografía de estos últimos años?

-Sí, podría leerse como una autobiografía, me encanta eso.

-Noto una especie de estado de incertidumbre en el libro. Por ejemplo, de Babasónicos dices una cosa y en otro momento opinas todo lo contrario. Lo mismo con Bolaño. Me recuerda a Don Quijote de la Mancha, cuando Cervantes dice que solo se acerca a la verdad quien no trata de imponer su verdad. ¿Cómo lo ves tú?

-Así. Me gusta mostrar cómo funciona el pensamiento, contradictorio, no editar, vital. Soy Don Quejote de la Garcha.

-¿Cuál es tu modelo de ensayista?

-Montaigne [el influyente ensayista francés del siglo XVI] y Ariel Minimal [cantante del grupo argentino Pez].

-Bolaño decía que “la literatura se parece mucho a las peleas de los samuráis, pero un samurái no pelea contra un samurái: pelea contra un monstruo. Generalmente sabe, además, que va a ser derrotado. Tener el valor, sabiendo previamente que vas a ser derrotado, y salir a pelear: eso es la literatura”. ¿Qué es para ti?

-Me encanta Bolaño, pero dramatiza mucho. Los que saben que van a perder son los desclasados del sistema que viven en las calles, los chicos que fueron a Malvinas, los que iban a Vietnam.

-En una entrevista cuentas que pasar de la poesía a la narrativa fue como electrificar la guitarra acústica. ¿Por qué?

-¡Porque me quiero hacer el Bob Dylan! Y porque siempre escribí poemas en papel, en cuadernos y la narrativa es más eléctrica, virtual. Ahora estoy escribiendo obras de teatro, que no entiendo.



Breve historia oral de Fabián Casas

Diego Zúñiga, escritor y editor de revista Qué Pasa: Creo que la mejor forma de entrar al mundo de Fabián Casas es a través de sus ensayos. Pocos escritores latinoamericanos saben transmitir, tan bien, el entusiasmo que les produce la lectura, o escuchar un disco o ver una película.

Felipe Gana, editor de Lecturas Ediciones y coordinador de publicaciones de Ediciones UDP: [Casas] está emparentado con la figura del poeta y narrador argentino Ricardo Zelarayán, que es autor de una tremenda novela [La piel del caballo]. También a Washington Cucurto, Fogwill, el poeta Juan Gelman y es muy amigo del abogado Ricardo Strafacce, que defendió a Pablo Katchadjian en el juicio por supuesto plagio de El Aleph de Borges y tiene una tremenda biografía de Osvaldo Lamborghini, que es otro autor relacionado a Casas. Bueno, están también Viggo Mortensen y San Lorenzo, y en Chile Matías Rivas y Sergio Parra.

Sergio Parra, poeta y librero de Metales Pesados: La poesía de Fabián circuló a fines de los 80 en un congreso que hubo de poesía chileno-argentina que se realizó acá en Santiago. Ahí Fabián casas trajo ejemplares de Tuca y de El salmón. Así empezaron a circular sus libros, de mano en mano. Algunos leímos textos de él en diarios de poesía que se publicaban en esos años, después trajimos sus libros, tanto su prosa como su poesía, a la Metales Pesados.

Matías Rivas, poeta y director editorial de Ediciones UDP: Yo llegué a Fabián Casas a través de Fogwill.

Juan Manuel Silva, poeta y editor de Planeta: [Casas] tiene un modo muy curioso de construir pensamiento a través de imágenes. Escribe ensayos como poeta y poesía como ensayista. En ciertos puntos de su narrativa, como en su última novela [Titanes del coco, 2015, Emecé], se puede apreciar ese talento en la representación de un cierto momento del mundo cultural de Buenos Aires a través de imágenes dinámicas sorprendentes.

Diego Zúñiga: Casas es inteligente, cercano y divertido. Puede estar hablando de T. S. Eliot, de Ricardo Zelarrayán o de Juan José Saer y pasar, luego, sin mayores problemas, a hablar de Maradona, de Spinetta o de su entrañable perra Rita y todo pareciera estar en armonía, o, en realidad, es la escritura de Casas la que permite conectar todos esos materiales tan diversos con los que ha construido una literatura muy adictiva.

Felipe Gana: Los poemas de Casas son similares a la narrativa y, a su vez, a sus ensayos más personales.

Sergio Parra: Tengo una gran amistad con Fabián. Nos relacionamos en el mundo de la poesía, pero tengo una gran admiración por su narrativa. Ahora, tanto su poesía como su narrativa se vierten mutuamente y se retroalimentan: hay muchos cuentos de Fabián que están en sus libros; esa nostalgia, esa melancolía, está en los dos lados. Su madre, su padre, los amigos el barrio, están siempre en Los Lemmings…, en Ocio. Si tú ves en su poesía, El salmón o Tuca, son los mismos chicos y compañeros de barrio, la misma banda de amigos de Los Lemmings… y Ocio. Es un solo todo.

Matías Rivas: Casas es un escritor muy complejo, pero su matriz es la de un poeta que piensa, que tiene un laboratorio mental que son sus ensayos, que tiene todo un cuento con la narrativa. Se hace cargo de varios géneros, pero que creo tiene una matriz que es la poesía y, tal vez, cierta emotividad.

Juan Manuel Silva: Es un intelectual muy cercano: al mismo tiempo que construye un pensamiento está armando una biblioteca con textos dispares y hermosos, como la realidad.

Felipe Gana: Encontré un punto que me parece interesante en su literatura, que es su relación con la muerte de la madre: es súper trascendente en su poesía y en sus ensayos.

Matías Rivas: Casas tiene un trato muy especial con el lenguaje.

Juan Manuel Silva: Es una escritura muy observadora y luminosa. Sus textos sobre fútbol y literatura universal, algunas anécdotas familiares y cotidianas, así como casi cualquier tema le sirven de detonante para construir relatos sobre ideas que surgen como iluminaciones civiles.

Matías Rivas: La voz extraña [2014, Ediciones UDP] viene a mostrar su lado de cronista y habla de un yo bastante peculiar: humilde, agudo, con sentido del humor. Eso me interesa mucho, el yo literario que ha formado Fabián Casas: un personaje muy interesante, que le gusta la música popular, le gusta el cine, le gusta el rock, que tiene referencias múltiples y por ende una plasticidad, una libertad que se da sobre todo en su poesía —con todo su esplendor a través del lenguaje— y cuando escribe crónicas o en su diario de vida o en su última novela que es bastante delirante y que, de hecho, es una novela con una matriz poética.

Diego Zúñiga: Empezarán por los ensayos y luego irán a los cuentos y novelas, y después se asombrarán con su poesía y llegarán, finalmente, a sus diarios, que son tan entrañables como únicos.

Matías Rivas: Fabián Casas, a estas alturas, es un personaje de la literatura y del pop. Un personaje porque lo lee gente que no pertenece solo a la literatura. Es de esos escritores que traspasan las fronteras del lector habitual: lo puede comprar alguien que le interesa el rock o que le interesa el cine. Hay pocos escritores que traspasan esa línea. Se parece a Fuguet en ese sentido, que lo lee gente que, por así decirlo, habitualmente no lee.



“La experiencia es lo que las personas ya no quieren tener”

Casas trabaja contra el lugar común y la corrección política, pero no lo hace como un tirabombas sino como un refinadísimo arquitecto destructor. “Su plan parece consistir en exponer a quien lo lee a la lluvia ácida de la vida real pero darle, al mismo tiempo y a modo de cobijo, la mirada profundamente humana de quien ya ha estado allí y volvió para contarlo”, escribe la editora Leila Guerriero en el volumen La voz extraña.

Algo de eso hay en Trayendo a casa todo de nuevo, donde Casas devuelve el balón hacia otro lado: “Los que leen en los subtes, en los colectivos y en la calle, están sosteniendo algo de lo mejor de nuestra civilización”.

Este mes, al menos en Chile, hay buenas noticias para los interesados en las primeras ficciones del escritor. El sello Emecé acaba de reeditar Ocio, Los Lemmings y otros y Diarios de la edad del pavo.




-Esas primeras novelas, ¿significan algo para ti?

-No especialmente, la verdad, nunca vuelvo sobre el pasado, pero espero que se vendan como se están vendiendo en Argentina porque tengo que comprarme una casa con jardín para tener a mis hijos y a mi perra Rita. También espero que algunos de los jurados de los premios de literatura chilenos me den un premio porque soy el mejor escritor chileno que vive en Argentina y tengo ganas de ir a Santiago.

-En algún momento, en esa especie de borrador que es Diarios…, citas a Hegel: “¿Qué hace que una vida funcione y siga?”. ¿Encontraste una respuesta a esa pregunta?

-Creo que hay múltiples respuestas, a veces la ambición, a veces el estado de ánimo, los hijos, una chica, un disco de Mi Amigo Invencible [banda de Mendoza], Rita, los amigos que son la potencia del mundo. El prozac, etc.

-¿Sigues llevando un diario de vida?

-No, no llevo diario de vida, ahora vivo.



-Al narrador de Diarios… lo angustia encontrar un tono que lo deje conforme como escritor. ¿Qué te angustia hoy?

-Haberme separado de mi mujer y no vivir más con mi familia, es un dolor terrible. Si te estás por separar, pensalo mucho.

-¿Qué tan determinante es la experiencia al momento de escribir?

-La experiencia es lo que las personas ya no quieren tener, en su lugar la tienen las máquinas. Para mí acumular experiencia es importante para escribir y para leer. Para entrar en un libro no es necesario haber leído mucho sino haber vivido. Un buen escritor tiene que lograr que sus lectores puedan poner su propia experiencia cuando leen.

Sobre el autor:

Alejandro Jofré |
Editor de Culto. En Twitter es @rebobinars