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Culto
Pedro Messone, el folclorista superstar

Pedro Messone, el folclorista superstar

Mientras Los Beatles lanzaban Revolver y Cream reventaba tímpanos ampliando los límites del pop, en el Chile de hace medio siglo la música de raíz se urbanizaba. Bautizado como Neofolclor encarnó un fenómeno popular con Pedro Messone como máxima estrella. Su plan de conquista era sencillo y rotundo. El folclor debía tener un sonido internacional.

Pasan uno, dos, tres segundos.

Silencio.

Valentín Trujillo grita ¡bravo! y el auditorio de radio Corporación estalla en aplausos. Minutos antes Los Cuatro Cuartos era solo el grupo vocal que cantaba avisos en el Show Efervescente de Yastá. A pesar del rol de reparto atraían público. Eran jóvenes, apuestos, trajeados, bien peinados. Corren los meses posteriores al Mundial de 1962 y la radio vive los últimos fulgores de una era irrepetible. Un cantante había fallado a último minuto y no había más números para el espectáculo en directo.

“Los Cuatro Cuartos tienen repertorio”, dijo el pianista de la orquesta Valentín Trujillo. El resto de los músicos y la producción no parecían muy convencidos. Cantan a capella “Bajando pa‘ puerto Aysén” y se produce el mutismo, luego la ovación.



La vida de Pedro Messone y Luis “Chino” Urquidi, los líderes del conjunto, cambia de golpe. En poco tiempo Los Cuatro Cuartos se convierten en un fenómeno pop nacional que rivaliza con las figuras de La Nueva Ola.

No era el primer número de raíz que alcanzaba el estrellato —Los Huasos Quincheros les antecedían— pero definitivamente contenían algo distinto. Los Cuatro Cuartos cantaban música criolla pero la expresión difería de lo tradicional. Las voces ensamblaban diferente y el aspecto semejaba a ejecutivos antes que hombres de campo. Tenían glamour.

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Messone y Urquidi se conocían del Club de Jazz de Valparaíso. Pedro se considera porteño aunque nació en Temuco el 6 de junio de 1939. A los ocho meses llegó a una señorial avenida Uruguay en el barrio Almendral y disfrutó de los últimos tiempos en que la ciudad se adelantaba al resto de Chile. Fue testigo del éxodo de las familias adineradas primero a Viña y luego a Santiago entre fines de los 40 y los 50. Su origen acomodado (un padre gerente y abuelos con fundo) trazó la misma ruta para él mientras el puerto se empobrecía y la capital tomaba la batuta.

De adolescente Messone puso atención a los cambios en la música popular.

“Estaban de moda Lucho Gatica y Mario Clavel. Y Los Huasos Quincheros empezaron a cantar boleros de autores chilenos. Entonces el folclor se empezó a mezclar.”

Messone venía de una familia aficionada a la música. Había participado en el coro del colegio seminario San Rafael y a punto de egresar en una fiesta en el Cap Ducal de Viña del Mar, pidió interpretar unos temas. “Me pongo a cantar con la orquesta, con fraseo y toda la cosa. Fue como ‘ah, mira, Messone’.”

Instalado en Santiago se reencontró con amigos, entre ellos Urquidi. Ninguno sabía muy bien qué hacer con sus vidas. El “Chino” estudiaba leyes sin convicción para satisfacer a los papás y Messone trabajaba como vendedor con la vaga idea de estudiar educación física. Formaron el conjunto que en una primera alineación completaban Fernando Torti y Raúl “Conejo” Morales.

Al otro lado de la cordillera surgía una revolución en el folclor y Los Cuatro Cuartos estaban al tanto.

“El ‘Chino’ empezó a idear armonías distintas. En ese tiempo llegaron a Chile Los Trovadores del Norte, que eran cinco voces, y después Los Huanca Hua, puta, grupos grandes. Para poder sacar un sonido más abierto, más armonizado como coro alpino, teníamos que instalar otro integrante y ahí metimos a Carlos Jorge Videla. Están todos fallecidos ya.”

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Los Cuatro Cuartos era una máquina de singles de la mano del productor Camilo Fernández con Pedro Messone como voz principal y Urquidi en los arreglos. “Disco que tirábamos pegaba”, dice el cantante aludiendo a “Juan Payé”, “Bajando pa’ puerto Aysén” y “Qué bonita va”. Representaban al Neofolclor junto a grupos como Las Cuatro Brujas y los solistas Patricio Manns y Rolando Alarcón, todos dispuestos a dejar atrás los clichés del músico dedicado al folclor, partiendo por la ropa.



El grupo había sumado a Willy Bascuñán —compositor clave del subgénero y luego fervoroso pinochetista— y eran imparables, hasta que Pedro recibió una invitación irresistible: convertirse en Tomasito de La Pérgola de las Flores, para una gira que la obra emprendería en México por invitación del gobierno.

Messone habla con Los Cuatro Cuartos encontrando más caras largas que aprobación. “Le dije al Chino si me decís que no para mí es egoísmo.” El vocalista propuso buscar un reemplazo. “Nos dieron el dato de alguien que iba a la radio Chilena y que imitaba perfecto a Antonio Prieto y Lucho Gatica. Si los copiaba a ellos cómo no me iba a copiar a mí. Lo hizo igual, espectacular el cabro, Sergio Lillo. Yo les dije quédense con él, es muy bueno. Cuando vuelva veremos.”

Pedro Messone no solo nunca regresó a Los Cuatro Cuartos, sino que se convirtió en competencia directa al mando de Los de Las Condes junto al ex miembro de Los Quincheros Sergio Sauvalle, grupo vocal de efímera existencia con el que grabó uno de sus mayores clásicos, “El Corralero”. Lo llevaron a la competencia folclórica del festival de Viña en 1965 y aunque perdió frente a su ex compañeros, se convirtió en un exitazo. “Borró a Los Cuatro Cuartos. Pero vi que en el grupo había discusiones y puntos de vista distintos en lo musical.”



Insistió con un nuevo conjunto, Los Paulos. De nuevo Messone se anotó un éxito con timbre de clásico, “Pa’ mar adentro”. “Cada vez que yo metía algún disco se hacía popular al tiro. Conmigo se produjo un cambio del estilo al folclor haciéndolo más internacional.”

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La popularidad de Pedro Messone se resquebrajó con la polarización política de fines de los 60. El Neofolclor, identificado con la derecha patronal a pesar de sus giros estéticos, había sido superado por La Nueva canción chilena. La sobrecarga ideológica del ambiente exigía a los artistas una postura. “Empezaron con que había que definirse. Entonces yo dije no soy de izquierda, no estoy de acuerdo con las ideas comunistas que es la esencia misma de la izquierda. Y la derecha, su accionar son más ordenados. Tienen muy claro el asunto, las divisiones entre los ideales y la plata.”

Sin embargo Messone mantuvo una relación con La Nueva Canción Chilena.

“El coro de ‘Arriba en la cordillera’ del Pato Manns, esa armonía, éramos nosotros, Los Cuatro Cuartos. De Víctor Jara grabé antes ‘El Cigarrito’ porque él no tenía sello. Una vez se la escuché y se la comenté. Me dijo ‘sí, es una cancioncita’, y realmente no era muy comercial. Se hizo conocida porque se murió.”



A Violeta Parra, con quien se le achacó una relación romántica infundada, la recuerda como “una mujer muy simple pero profunda en ideales”. De su categoría artística, Messone destaca la autenticidad. “El cantar de ella convencía porque su forma de interpretar te explicaba la canción. Tenía muy buena dicción.”

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Pedro Messone hace estos recuerdos mirando la costanera de Valparaíso que recorría en su niñez “cuando era un paseo elegante con jardines”. Vive entre Santiago y el puerto. En su departamento frente al mar escucha un disco compacto con sus mayores clásicos orquestados por Vicente Bianchi y Horacio Saavedra. Dice que lo grabó hace tiempo y piensa reeditarlo. Los arreglos señoriales envuelven suavemente el tono prístino mientras dirige la vista hacia el puerto. Evoca temporales y el origen de la fiesta de Año Nuevo con fuegos artificiales colmando la bahía. Con la música de fondo Pedro Messone se queja. Cree que hoy se rastrea un folclor que él y sus contemporáneos querían dejar atrás. “Ahora andan buscando una música chilena más antigua que la que mi generación superó.”

Rastrea en su disco Voy por la vida cantando.

Play.

Para mirar al cautivo
y darle conformidad
dar aliento al aflijido
y para ti felicidad.

“Ese es un parabien chilote orquestado. Mira, suena hasta bailable”.

Cierto. Parece una pieza perfecta para un casino internacional hace medio siglo: la orquesta, el aire azulino por el cigarrillo, los peinados planificados con laca y gomina, y la sala colmada por la voz y estampa de crooner de este artista que hasta hoy cree que el folclor merece otra categoría.

Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras