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Culto
Los Jaivas y Congreso: el sol que nos alumbra

Los Jaivas y Congreso: el sol que nos alumbra

La premisa que convocó a cerca de 5 mil personas a la entrada del Paseo Bulnes, de espaldas al palacio de gobierno, era una especie de ritual para celebrar la llegada de la primavera. Pero el clima dijo otra cosa.

Una lluvia traviesa y esquiva amenazaba, por momentos, una cita con la historia de la música chilena. Por un lado Los Jaivas, cabezas de cartel y carta segura para llenar cualquier recinto de Chile. Por otro, Congreso uno de los tesoros más subvalorados de nuestra geografía sonora pero enaltecidos merecidamente por los que saben.

Era la segunda vez para ambas bandas. La segunda en que los músicos se que mezclaron para tocar canciones de ambos. Aún con 5 décadas de carrera cada una, el espíritu y los latidos aún golpean fuerte al pensar en todo lo que ha relegado el tiempo. La primera no fue hace mucho, recién a comienzos de este año en Valparaíso. El centenario del natalicio de Violeta Parra fue la excusa para que de forma inédita Parra y Mutis, Sazo y Tilo se juntaran a ensayar juntos, todos juntos.



19:20 horas. El pequeño retraso impacienta a un público mayoritariamente familiar sin la cultura de esperar demasiado frente a un escenario. La espera es breve cuando más de una docena de músicos aparecen en el escenario y se olvida todo. “Valparaíso” de Osvaldo “Gitano” Rodríguez abre una jornada que acabaría más de tres horas después. La canción, trata de reafirmar Mutis, no fue elegida al azar. “Somos todos de la quinta región, nos trae nostalgia”, lo explica y lo aplauden.

Es hora de Congreso. Escribir en palabras la calidad de la banda sería arrogante. Casi 20 discos editados ni a pesar de la dictadura ni el receso de sus históricos —a mediados de los ochenta— dejaron de grabar. A sólo días de conmemorar un año más de aquel 11 de septiembre los tributos a Neruda y Víctor no pueden faltar. Nunca deberían faltar.

Sazo deja descansar, por un momento, su gran espíritu festivo. Entre canciones simplemente lo lanza: “No ganaron. 44 años después, no ganaron. Acá estamos nuevamente, tocando en este lugar, no nos pudieron callar”. Lo dice enérgico y en paz, con una calma que solo se consigue durmiendo bien por las noches. Lo dice con el palacio de La Moneda de frente.



De pronto, se escuchan pifias al hablar de la dictadura. Manifestación popular que se esconde entre las multitudes. El cantante baja su mirada al público, a alguien, a ese collage de caras y la fija fuerte por unos segundos. El ambiente de jolgorio se tensa, aunque con justa razón: “No, no pifien ahora. Había que pifiar en esa época. Ahora ya no sirve”. El reto cala hondo en la gente. Desde ahora sólo se hablaría de música.

“En todas las esquinas”, probablemente su canción más reconocible, cierra el set en solitario. Pero la banda no se va. El escenario se vuelve a transformar en una galería de estrella que comienzan el son astral de “La Conquistada”.

Tal como el día, que se había ido sin regalar al sol, se canta a coro: “ella era una nube que el viento conquistó”. Aquel encuentro fue el mejor y más simbólico de la noche.

Casi las nueve y ya no existen claros en la multitud. Los Jaivas no se demoraron en despuntar cada uno de sus pergaminos. Incluso se dieron el tiempo de repasar más de la mitad de Alturas de Machu Picchu, la cumbre de su carrera en los ochenta.

Este show es una excepción para la itinerancia de la banda este año. Están avocados a recrear sus Obras de Violeta Parra (1985), el tributo semi instrumental a la obra la compositora madre y que en los próximos meses los llevará a recorrer varias ciudades del sur de Chile.  Aunque también hubo algo de eso acá.

La maratónica reinvención para “El Gavilán” de casi 12 minutos incluso llegó a incomodar a aquellos acostumbrados a la vocación más popular de una banda que siempre fue más allá del corte radial.

El respiro para ellos, al borde la asfixia, llegó rápido: “Hijos de la tierra” -probablemente su último gran suceso popular-  y “Mira niñita” se enlistaron en un coro que sacudió a todo el centro.

Si el final se olfateaba, el último gran combo se hacía urgente. Sin la típica artimaña de irse y volver al escenario apelando al reconocimientos y los vítores del público, el show jamás se detuvo. Congreso volvió a la fiesta, primero con “Hijo del sol luminoso” para calentar gargantas, y luego con el himno obligado de cada reunión con tintes de histórica.

“Todos Juntos”, todos. El público, las bandas, los emocionados niños de una localidad lejana que bailaron cueca a mitad del show,  los ambulantes que ofrecían cerveza al borde de la ilegalidad a un costado de los guardias de seguridad, que también cantaron. Como una sola no más.


* Fotos de Javier Vergara y Nayadeth Améstica / revistadelosjaivas.com

Sobre el autor:

Raúl Álvarez |
Periodista de La Tercera y editor de LaRata.cl