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Culto
Un año más… ¿qué más da?

Un año más… ¿qué más da?

Es la cumbia más popular y versionada del cancionero chileno, pero nació como una balada y su estructura original es la de una salsa. Es una suerte de segundo himno nacional, aunque suele escucharse sólo una noche cada año. El clásico del coquimbano Hernán Gallardo Pavez celebra cuatro décadas desde su aparición discográfica, con un legado tan singular y poco claro como los detalles de su origen.

“Soy solo”, era una de las frases que Hernán Gallardo Pavez solía repetirle a Rebeca Lira en las conversaciones que ambos sostuvieron durante medio siglo de estrecha amistad. “Él siempre fue así, reservado, humilde, sin ego”, cuenta ésta última desde Coquimbo, la ciudad en la que comenzaron a trabajar juntos en la década del 50, él como pianista y compositor y ella como cantante. Lira, cuyo verdadero nombre es Rebeca Gómez, fue una de las personas más cercanas al “Flaco” -como era conocido Gallardo en su círculo íntimo- y por lo mismo una testigo privilegiada del momento en que su gran amigo compuso Un año más, el mayor y más duradero clásico de la música tropical chilena.

Existen versiones encontradas sobre la génesis de esta composición, que Gallardo creó a mediados de los años 70. Todas, eso sí, coinciden en que ésta surgió en un momento de desaliento y nostalgia, estado de ánimo habitual del “Flaco” y de buena parte de su catálogo de baladas, cumbias y boleros. Por años se ha dicho que el detonador habría sido la muerte de su padre en el día de su cumpleaños, aunque Lira asegura que el tema, cuya letra constata con impotencia el paso del tiempo, nació en pleno Año Nuevo, tras bambalinas de uno de sus shows. “Mientras toda la gente se divertía, él estaba con su soledad”, recuerda.

Esa mezcla de amargura y jolgorio, para muchos un símbolo de idiosincracia nacional, ha transformado a “Un año más” en una especie de segundo himno patrio, así como en la pieza tropical chilena más tocada en radios en los últimos cuarenta años. Un récord comprensible si se considera la eterna vigencia de la canción, ajena a cualquier moda, al tiempo que llamativo, ya que su presencia se reduce a un par de días del calendario. De hecho, según las mediciones de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor, sólo la versión del tema de La Sonora de Tommy Rey tuvo 2.207 ejecuciones en el dial entre diciembre y enero pasados, muy por sobre el promedio de otros éxitos cumbiancheros.

Si bien son al menos diez los conjuntos que han registrado el tema, desde Pachuco y la Cubanacán y la Sonora Palacios -quienes le añadieron su característica introducción-, hasta Ángel Parra Trío y Chancho en Piedra, los primeros en llevarla al disco fueron los coquimbanos Los Viking’s 5, como parte de su LP Cumbias güenonas (1977, Emi Odeon). El hito del primer registro, eso sí, corrió por cuenta de otro emblema de la cumbia eléctrica de la IV Región, el conjunto Makalunga, en un demo de 1975 que destaca por sus arreglos de salsa, ritmo poco extendido en Chile por ese entonces.

“Él nunca se imaginó que la gente iba a bailar su canción, y aunque estaba muy agradecido de la popularidad que alcanzó tenía sentimientos encontrados porque nadie sabía que era de su autoría”, cuenta el músico e investigador Sebastián Clavero, quien en sus diversos encuentros con Gallardo antes de su muerte alcanzó a registrar un video donde éste la interpreta en su versión original: a ritmo pausado y formato de balada, muy distinta a todas las que le siguieron. Salvo a una: la que el grupo Pebre presentó en 2008 y la que más identificó a su creador, al ser más lenta y melancólica. Así lo recuerda Clavero, quien guarda otra versión de la génesis de Un año más.

“Él hace poco había perdido a sus padres, se durmió solo en su pieza la noche de Año Nuevo, con una melodía en la cabeza y los fuegos artificiales de fondo, y cuando despertó le puso la letra. Por eso la melodía es muy triste”, cuenta.


El hombre solitario

Tal como ocurre al momento de determinar el origen o la versión definitiva de “Un año más”, son más dudas que certezas las que acompañan el legado de Gallardo Pavez y su creación más popular. “No tuvo descendencia. Su familia eran sus perros, a ellos les hizo hasta una canción”, cuenta Rebeca Lira. Según la actual locutora de radio Carnaval, el sueño de su amigo era que los ingresos generados por su obra se destinaran a la creación de una academia musical para niños de escasos recursos de su ciudad, un anhelo todavía inconcluso.

De acuerdo al último testamento que firmó antes de su muerte, ocurrida en 2013, el músico dejó como heredero universal de sus derechos autorales al abogado Jorge Gonzalo Taborga, quien también quedó a cargo de la propiedad intelectual de sus obras literarias. Esto, “en gratitud y reciprocidad por el apoyo material y espiritual, afecto y solidaridad”, según se lee en el documento al que tuvo acceso La Tercera. Desde la SCD, en tanto, confirman que Un año más y otras canciones de Gallardo aparecen registradas a nombre de Taborga, quien se habría acercado al músico en sus últimos años -según sus cercanos- y no contestó las solicitudes de este medio.

Menos claridad existe sobre la gran cantidad de material inédito que dejó el prolífico compositor coquimbano, de un total que se estima en 1.500 obras. “Nosotros fuimos a entrevistar a un músico pero nos encontramos con un artista completo. Tenía poemas, canciones, una pieza sinfónica (Concierto de un hombre solitario, estrenada en 2010) además de una autobiografía y una novela histórica sin publicar. No sabemos dónde están sus casetes, sus CDs, sus partituras”, cuenta Clavero, quien cree que Coquimbo y el país entero siguen en deuda con el compositor, más allá de los reconocimientos oficiales que recibió en vida. “Lo único que ha hecho el municipio fue poner una placa con su nombre en unos estudios de la ciudad”, reclama.

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