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Culto
Sinfonietta Amsterdam, una democracia musical en Chile

Sinfonietta Amsterdam, una democracia musical en Chile

La agrupación, que no tiene director titular y es considerada una de las mejores orquestas de cámara del mundo, se presenta el jueves en CorpArtes.

La horizontalidad en el mando es una de las estrategias esenciales de Candida Thompson, líder de la Sinfonietta Amsterdam, la agrupación que hace de las decisiones por consenso su estilo de vida y de trabajo en el riguroso mundo de los conciertos de repertorio docto. Alejado de los estereotipos de la clásica orquesta sinfónica, cuya verticalidad de órdenes depende exclusivamente de la figura del maestro arriba del podio, el conjunto holandés es todo lo contrario: un muy liberal ejemplo de democracia musical. Es eso lo que busca dejar en claro la violinista escocesa en cada uno de los conciertos, grabaciones y ensayos del grupo.

“No creemos en algo así como el director y la figura autoritaria. No existe acá ningún maestro a lo Arturo Toscanini”, afirma la instrumentista aludiendo al venerado director de orquesta que llevó mejor que nadie el reverencial calificativo de “maestro”. “Me parece que el nuestro es el sistema ideal. No como una orquesta tradicional, donde uno acostumbra a decir ‘el maestro quiere esto’, ‘el director no quiso esto otro’, etcétera”, explica por teléfono desde Amsterdam, el centro de operaciones de este grupo con 29 años de vida y que el próximo jueves 14 de septiembre ofrecerá un extenso concierto de cinco obras en el Teatro CorpArtes.

En la víspera de la publicación de un nuevo álbum de adagios musicales a inicios de 2018, y tras la publicación a principios de año del muy bien criticado disco Tides of life junto al barítono estadounidense Thomas Hamspson, la Sinfonietta Amsterdam se mantiene como una de las agrupaciones de más dinámica actividad en el Viejo Continente. Se trata de un conjunto de formación peculiar: sólo hay instrumentos de cuerdas y su forma de trabajo responde al mismo estilo, por ejemplo, de un cuarteto de cuerdas.

“En la Sinfonietta Amsterdam, cada músico va asumiendo responsabilidades. Somos más bien como un conjunto de cámara, donde todos trabajamos juntos, intercambiamos posturas y tomamos decisiones comunes. Ahora bien, yo soy la líder de la orquesta y me gusta mostrar la dirección de las interpretaciones, pero también aprecio siempre tener la retroalimentación y la opinión de mis compañeros”, comenta la instrumentista británica nacida en Glasgow en 1967.


El arte del descubrimiento

Formada por 23 músicos holandeses, la agrupación tiene una agenda de conciertos bastante amplia. Tocan de todo, desde los barrocos a los contemporáneos (en octubre interpretarán una opera moderna en 3D en Amsterdam), y los músicos se mueven con libertad entre los distintos tipos de género, haciendo de la apertura estilística casi un lema. Así es como han tocado con músicos pop como Rufus Wainwright y para enero tienen programado un show con el rapero holandés Typhoon.

Para el concierto chileno, en cualquier caso, todo es bastante clásico, aunque siempre con un toque de reinterpretación y, en esta ocasión, junto al Coro de Cámara Holandés, con 80 años de existencia. Abordarán piezas cortas de los contemporáneos Arvo Pärt y Knut Nystedt, pero el grueso del programa lo forman la Chacona de la Partita en re menor de J. S. Bach (en un arreglo con coros), la Sinfonía de Cámara Opus 110a del ruso Dmitri Shostakovich y el Réquiem del francés Gabriel Fauré.

“Quisimos crear un programa que sea una suerte de réquiem en tres partes: tenemos la Sinfonía de Shostakovich, que tiene citas a sus propias obras anteriores y es como una autobiografía musical. La composición de Bach, que fue creada tras la muerte de su primera esposa, cuando la encuentra sin vida, en casa. En la segunda parte, interpretaremos el muy conocido Réquiem de Fauré, que es más bien ‘edificante’: liberador y sereno. Vamos de la oscuridad a la luz”, detalla la primera violinista de la orquesta.

Tanto la Chacona de Bach como el Réquiem de Fauré se tocarán en versiones diferentes a las originales: agregando coros a la primera y sólo con instrumentos de cuerdas en la segunda. Esto es, en rigor, el pan de cada día de la Sinfonietta Amsterdam, un conjunto que suele darle nuevas versiones a los conocidos de siempre: “Para nosotros es muy importante observar las obras clásicas desde una perspectiva nueva y fresca. Cada músico se enfrenta a las composiciones de una manera distinta: una misma persona puede tocarla diferente dependiendo de cómo se encuentre ese día. Es un poco como la vida misma. Tratamos de mantener siempre aquella sensación de descubrimiento”.

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