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Culto
A 30 años de Superficies de placer: Joe Vasconcellos testigo del último disco que grabó Federico Moura

A 30 años de Superficies de placer: Joe Vasconcellos testigo del último disco que grabó Federico Moura

Cansados de las giras y la intensa actividad tras el éxito de los súper ventas Relax (1984) y Locura (1985), los integrantes del grupo Virus decidieron instalarse en Río de Janeiro para grabar lo que sería su séptima placa.

La ciudad era una de las preferidas de Federico Moura (1951-1988), el líder de la banda, y a todos les pareció bien cargar las pilas —en familia— para recuperar la mística extraviada tras siete años a full arriba de los escenarios. El disco finalmente se llamó Superficies de placer y fue grabado entre abril y agosto de 1987, en los estudios Somlivre de Río, en el barrio de Leblón, donde los hermanos Moura y compañía arrendaron un piso.

Dos año antes, el músico chileno Joe Vasconcellos (1959) —que probaba suerte en Río de Janeiro— acompañó a la famosa cantante brasilera, María Creuza a una mini gira por Buenos Aires. Una noche, tras compartir escenario con los cantantes Lucía Galán (Pimpinela) y Güido, fueron invitados a una tocata de una banda de la que todos hablaban y que se hacían llamar Virus.

“Quedé loco. Fuimos a un lugar que no recuerdo, pero que era inmenso. Había una onda muy neoyorkina, algo que en Chile no habíamos visto y te aseguro que en Río de Janeiro tampoco. Se me ocurre que era un espectáculo como las fiestas Espandex, muy intenso, muchas cosas pasando y esta banda que me sorprendió por el sonido, el cuidado de la luces y la puesta en escena, era todo muy en serio, generaban una alquimia en el escenario alucinante, había una rebeldía sexual en ellos”, recuerda Joe sin sospechar que se los toparía de nuevo.

Al tiempo, la cantante chilena Katty Fernández, invitó a Vasconcellos a tocar algunas canciones que éste escribió para ella junto a un guitarrista argentino, “ese amigo era nada menos que Daniel Sbarra, el guitarrista de Virus (reemplazó a Ricardo Serra en 1984) que andaba por Chile, tocamos y no lo vi más”, dice Joe.

“Ya en 1987, Sbarra me llama:

-Hola Joe, Vamos a grabar aquí en Río con los Virus, me encantaría verte y que nos des una mano.

Ahí me encuentro con ellos, todos con cara de virus, súper flacos los Moura, gente muy linda. Nos hicimos muy amigos… Fuimos al estudio que era espectacular, de inmediato empezamos a grabar. Colaboré con varias percusiones y llevé algunos de mis instrumentos por si les interesaba usarlos. Me convertí, de manera casual, en un asistente de terreno, los ayudaba además con el portugués, compartí con sus familias, íbamos a comer a Ipanema, ahí, meta pizza y cervezas, hablábamos —paradójicamente— de la vida, el rock en Argentina, yo me sentía tan privilegiado de estar escuchando ese tipo de cosas”, rememora Joe emocionado.

Según la revista Rolling Stone, Superficies de placer ocupa el lugar 18 dentro de los mejores álbumes del rock argentino. No fue el disco más exitoso de la banda, pero sí el más valorado por la crítica y los propios integrantes de Virus que lo han catalogado como el mejor de su carrera a pesar que no tuvo hits.

Las grabaciones no fueron fáciles. Federico no podía con los resfríos, debilitado por el Sida, pasaba más en cama que en los estudios. La tos no cesaba y adelgazaba día a día.

Sin embargo, se trata del trabajo más alto de Virus, no solo en lo musical, sino que en la poesía de las letras interpretadas por un tipo que ya conocía su sentencia de muerte y que dejó algunas claves que 30 años después aún estremecen: “Voy a recorrer un mundo incierto, recostado en mis sueños, con el alma descubierta, explorar rumbos secretos”, cantaba Federico al otro lado del vidrio, adelantando lo que pasaría al poco tiempo con una voz particularmente poderosa que se impone a las guitarras y sintetizadores ambientales que caracterizan al disco.

“Hubo un esfuerzo sobrehumano de Federico para grabar este disco y eso quedó plasmado en la obra. Su estadía en Río fue bastante enfermiza a tal punto que cuando él cantaba nadie podía estar en el estudio, era su momento, había mucha mística, la música ya estaba, los temas listos y él cantaba hasta que podía. Había mucha emoción involucrada porque a medias que el disco iba adquiriendo cuerpo, la cosa se ponía más intensa, sabían que estaban haciendo un tremendo trabajo, el relajo del principio se acabó porque lógicamente había que terminar, mezclar y faltaba tiempo. Hace poco volví a escuchar el disco y es sobrecogedor”, señala Joe.

“No me llamaba la atención lo delgado de Federico, porque ellos, yo incluido, éramos todos flacos. Eso no era tema. De hecho, yo no sabía que el estaba enfermo. Un día los muchachos me llamaron y me contaron que Federico se sentía mal, que estaba muy resfriado y no se le pasaba. Vino un enfermero que lo medicó y recomendó llevarlo al doctor, no se me pasó por la cabeza que tenía Sida, aunque yo sabía del tema, pues varios músicos brasileros habían muerto. Ellos, que seguro estaban al tanto, se preocuparon, hubo un respeto mutuo”.

De esa época, Vascocellos desempolva otra anécdota: “Era veinteañero, fue una experiencia llena de historias, recuerdo que una noche nos encontramos con Fito Páez, era su primer intento en Brasil y algo malo había pasado en Argentina (su abuela y su tía que lo criaron fueron asesinadas en Rosario). Habían matado a algunos familiares y eso significó un gran bajón para todos, una sensación heavy que nos dejó mal por varios días donde casi no nos vimos”.



¿Cómo eran los carretes de los Virus?

“Eran piola, la gente se hacía una idea errada por el nombre y aspecto físico de la banda y pensaban que los locos se reventaban, la verdad es que vi carretes más heavy con algunos músicos chilenos. Todo era música, chistes, experiencias de cada uno, sobre todo la historia de ellos como banda, de barrio, de hermanos, muy bonita, un poco de lo que eran los ochenta, donde las cosas costaban mucho más, era lindo las coincidencias que teníamos en nuestro camino”.

Superficies de Placer tiene 11 canciones. De la portada se encargó al artista plástico Daniel Melgarejo, quien dibujó unos ambiguos glúteos azules desnudos que generaron polémica. Por lo mismo, la placa también fue conocida como “El disco del culo”, sin duda, otra de las mañas que tuvo Federico Moura para reivindicar su homosexualidad, hedonismo y provocación de sus letras cargadas de erotismo y sensualidad que hoy son piezas clásicas, pero que en su momento generaron controversia por sus alusiones directas a la masturbación, el placer carnal y el desenfreno.

“Fui testigo de cómo se hizo uno de los mejores discos del rock argentino, eso no es menor y uno aprende que las cosas bonitas siempre requieren de una dosis de sacrificio importante y, por algo quedan en la historia. No viví la fiebre de Los Prisioneros, yo estaba más entre Brasil y Argentina, una vez tocando en Villa Gesell, al frente estaba dando un show Soda Stereo o en el Hotel Provincial de Mar del Plata, veíamos a Luca Prodan, después de muchos años en una tocata de Divididos en el Víctor Jara, los músicos me parecían conocidos, y claro si tocaban con Sumo, mi relación era casi ingenua con esos personajes que pasaron por mi vida y mira el peso que tenían”, concluye Joe.


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