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Culto
Parra antes de Parra

Parra antes de Parra

Nicanor Parra tenía 26 años cuando escribió René Descartes, tesis con la que optó al grado de profesor de Matemáticas y Física. El libro no está en el registro de sus Obras completas, pero en él encontramos las primeras señales de lo que sería la voz de la antipoesía. Esta es la historia de ese libro.

Es un libro rojo que estaba ahí, en una pequeña vitrina, en la entrada de la Biblioteca de Humanidades de la Universidad de Chile. Un libro antiguo, precario, con una tapa delgada, un poco más de 100 páginas y un título grande que dice: René Descartes…

Los alumnos entraban a la biblioteca y uno que otro se detenía —en esos días de fines de 2012, inicios de 2013—, pero en realidad pasaban de largo y se sentaban y estudiaban y seguían en lo suyo, ya sin recordar el libro.

Varios de esos alumnos tenían la misma edad que el joven que muchos años antes —en la década del 30— había escrito ese libro rojo, titulado René Descartes: datos biográficos, estudios de su obra, juicios críticos, y que, sin saberlo, estaría entre los libros que escribiría después, cuando tuviera 30, 40, 50 años, y que cambiarían, para siempre, el rumbo de la poesía chilena.

Era un libro de Nicanor Parra.

El libro que escribió en 1940, cuando sólo tenía 26 años y quería optar al grado de profesor de Matemáticas y Física, en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile.

Una tesis que no parece tesis, sino que a ratos una novela encubierta sobre la vida y obra de René Descartes; un ensayo literario escrito con un lenguaje lleno de desparpajo y soltura, que por momentos parece incómodo en ese terreno de lo académico y que por eso se arranca, se desborda para dar paso a una escritura rápida y personal. La escritura del que sería el autor de Poemas y Antipoemas, el Premio Nacional, el Premio Cervantes, el candidato al Nobel, el hombre que lucharía para bajar del olimpo a los poetas, a la poesía.

René Descartes… es el segundo libro que escribió Nicanor Parra —después de Cancionero sin nombre (1937)— y que no está en sus Obras completas, sino que está ahí, guardado hoy en los estantes de la Biblioteca de Humanidades de la Universidad de Chile. Una tesis universitaria que en realidad es otra cosa: el origen de una obra, escrita por Parra antes de ser Parra, antes de inventar la antipoesía.

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El 14 de octubre de 1940 Nicanor Parra entrega la tesis. Por estos días, Ediciones UDP está en conversaciones con el poeta para publicar su trabajo en prosa, incluido este libro. (NdE: fue publicada el 2015 en el volumen titulado Antiprosa)

-En 2012 empezamos a revisar las distintas tesis que teníamos en la biblioteca y nos encontramos con varias, entre ellas la de Nicanor Parra, así que decidimos exponerla para los alumnos -cuenta Jeanette García, directora de la Biblioteca de Humanidades de la Universidad de Chile.

Fueron alrededor de seis meses, entre fines de 2012 y principios de 2013, que la tesis estuvo expuesta.

-La idea era que los alumnos supieran qué material hay en la biblioteca, que descubrieran esos libros, que a esta altura son patrimonio de la universidad. Y la tesis de Parra lo es. El libro se puede leer dentro de la biblioteca, pero no sacar del lugar -explica García.

A pesar de que la tesis está desde hace años, sólo había sido pedida en una oportunidad. Y, claro, puede ser que en realidad como texto científico quizá no aporte mucho, pero si uno la lee con un interés literario, por ejemplo, se encuentra con otra cosa. Con algo valioso. Con una rareza que ni los estudiosos de la obra de Parra conocían.

-Lo cierto es que éstas son las primeras noticias que tengo de la tesis de Nicanor Parra sobre Descartes, que no sólo es un pensador, sino que un prosista impecable, asombroso. Los primeros capítulos del Discurso del método son memorables, lo mismo que sus Meditaciones metafísicas y sus cartas y escritos varios. Creo que es un hallazgo lo de la tesis -dice Matías Rivas, director de Ediciones UDP, editorial que publica a Parra y que hoy está preparando un libro con la prosa del antipoeta, entre la que se incluiría esta tesis.

Tampoco el crítico español Ignacio Echevarría, quien estuvo a cargo de armar las Obras completas, tenía noticias de este libro. Se mostró sorprendido, de hecho, cuando lo contactamos para comentarle sobre esta tesis.

Y es que, por ahora, en ningún texto crítico sobre la obra de Parra hay registro de esta obra. Parece un libro que nunca existió, un relato de juventud, simplemente una investigación universitaria. Pero su valor es innegable: leer unas pocas páginas y sentir que ahí está latiendo lo que vendría después: el lenguaje de la tribu, la cadencia particular de la antipoesía, la fluidez del lenguaje. Parra. Nicanor Parra. El mismo que 14 años después publicaría Poemas y antipoemas.

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“Así como cuando uno va al correo y en la calle se encuentra con un amigo y se va con él a dar una vuelta por la plaza, (resulta que) me he quedado yo a medio camino (en esta empresa). Como el muchacho que quiere levantar cien kilos y no puede con la mitad. Así me ha sucedido al acometer este trabajo que primitivamente se llamaba LA MATEMÁTICA CARTESIANA, o algo por el estilo, título que obedecía a la primera intención con que lo inicié”.

Así empieza René Descartes… Un joven Nicanor Parra, una voz autobiográfica, las primeras palabras que escribe en un prólogo donde nos anunciará las principales líneas que tratará en su tesis: la vida de Descartes, sus ideas, sus teorías. Un poco más de 100 páginas escritas con máquina de escribir, varias páginas corregidas con lápiz pasta, con la letra imprenta de Parra, como ocurre en ese primer párrafo con las palabras escritas entre paréntesis. Palabras tachadas.

Luego sigue explicando los motivos por los que ha decidido escribir una tesis sobre Descartes y su figura y su obra, y no sólo sobre la matemática cartesiana. Escribe: “El tema se avenía con la asignatura que yo había estudiado sistemáticamente cuatro años seguidos. Además, la trascendencia filosófica de la cuestión se acomodaba con ciertas inquietudes que durante mis años de estudiante me han llevado a explorar algunas obras que no son las estrictamente escolares. Cabe decir, el asunto me gustaba y me hallaba en condiciones de abordarlo con cierta esperanza de no tomar el rábano por las hojas. Sin embargo, como cuando uno anda de compras y le falta en el centro la plata, me he quedado yo a medio camino”.

Ése será, finalmente, el tono de la tesis: entre la seriedad de una investigación universitaria y ciertas frases coloquiales que convierten el texto en un relato más personal.

La tesis está dedicada a Amador Alcayaga, quien fuera rector del Internado Nacional Barros Arana, donde estudió Parra y donde trabajó como inspector, mientras iba a la universidad. Eran los años 30, en los que preparaba Cancionero sin nombre, en los que había creado, junto a unos amigos del internado, Revista Nueva, en la que publicó algunos de sus primeros poemas. Eran tiempos de lecturas surrealistas, de Federico García Lorca, tiempos de formación, en los que se repartía entre la poesía y sus estudios universitarios. En esos años escribió la tesis, mientras no sólo se formaba en el área de la poesía, sino también, sobre todo, en la filosofía, lo que le permitía analizar la obra de Descartes sin miedos, sin guardarse opiniones. Escribe: “Intentó entregarnos un sistema que nació antes de tiempo. Pronto cayó en descrédito. El cartesianismo es hoy día un arrinconado cadáver de biblioteca. Pero esto no daña la gloria del filósofo. Le bastó el Discurso del método, en donde echa en forma definitiva las bases del racionalismo, para consagrarse en un eminente sitio de inmortalidad”.

Los mejores momentos de la tesis, sin duda, son cuando se dedica a narrar, cuando usa imágenes desconcertantes como ejemplos, cuando evita replicar el lenguaje de los otros filósofos y él se adueña de las ideas, como en este párrafo en el que describe a Descartes: “Estatura escasa, cabeza grande, abundante y caída cabellera negra. Rostro ovalado, frente alta y ancha, ojos separados, severos y meditabundos, boca grande, belfo el labio inferior. Nariz prominente, bigote y perilla al uso de los militares. Traje negro y sencillo. Metódico en su trabajo y en su economía”.

Está la ironía de Parra a lo largo del texto, está la mirada crítica también, y la lucidez, por supuesto.

Entrega la tesis el día 14 de octubre de 1940 al profesor Carlos Videla. El texto tiene un epígrafe que dice: “La ciencia aborda el mundo de lo real. La filosofía, además, el de lo posible”. No anota de quién es la frase, pero ahí está el libro, corregido, entregado. Años después irá a estudiar a Estados Unidos un posgrado en Física y luego se convertirá en uno de los poetas más importantes de Chile. Pero eso no lo sabe el joven de 26 años que, seguramente, fue feliz a entregar la tesis para poder convertirse en profesor. No es difícil imaginarlo: entregar la tesis, sentirse tranquilo, quizás ir a celebrar con sus amigos del internado, pasar la tarde en eso, en la alegría. 14 años después iba a publicar Poemas y antipoemas y su vida sería otra.


* Publicado en agosto de 2014 en revista Qué Pasa.

Sobre el autor:

Diego Zúñiga |
Escritor y periodista de Revista Qué Pasa. Es autor de las novelas Camanchaca, Racimo, Soy de Católica y el libro de cuentos Niños Héroes.