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Culto
Recordando el Edén: Chancho en Piedra y los veinte años de La dieta del lagarto

Recordando el Edén: Chancho en Piedra y los veinte años de La dieta del lagarto

El viernes, entrada la noche en el Teatro Caupolicán, Chancho en Piedra celebró las dos décadas de un álbum histórico. (Fotografías: Camila Atria / Voilá Estudios)

La fiesta arrancó puntual con “Vientre fuerte” —tema colorido que abre su último disco— y los cuatro integrantes de la banda más dos añadidos, el guitarrista Pancho G (Mawashi) y el tecladista Valentín Trujillo Jr., haciendo “Funky tu madre” seguida de “Yakuza” y la nueva “Funkybarítico”.

Como siempre, el sonido de los hermanos Ilabaca supo homenajear a otros referentes musicales: por ahí los guiños a Stevie Wonder (“Ratones de cola pelá”), Foxy (“Rrrrock”), Soundgarden (“Realizo todo bien”), Frank Zappa (“Por qué duele mi pichí”), Don Cheto (“Rojito veo el mundo”) o incluso Bowie (“Sami”).

Los Chancho llenaron el escenario de músicos (entre los invitados: Mario García de PapaNegro, Monkeyman) y cerraron la primera parte del show con “W.W.W.”, “Historias de amor y condón” y “Locura espacial“.



En 2001, cuando la banda cumplió siete años, invitaron a los neoyorkinos Living Colour a la Estación Mapocho. Eran los tiempos de Marca chancho, su segundo disco publicado por Sony Music.

Esta vez, luego de unos discretos teloneros —la banda Mangoré—, el intermedio estuvo a cargo de la humorista Pamela Leiva, que cerró su divertida rutina con un video en donde Carlos Pinto presentó La dieta del lagarto parafraseando el interludio “Mea chucha”.

Son otros tiempos: Funkybarítico hedónico fantástico, su último disco publicado el año pasado, es la primera autoedición en la historia de Chancho en Piedra.

En seguida, los cuatro marranos aparecieron con sus característicos trajes de espermios —los mismos que usaron para fecundar El Abrazo de 2010 y tantas otras veces— acompañados del DJ Humitas en las tornamesas y Manuel Torres en percusión, más una sección completa de bronces.

El concierto avanza con su segunda parte y “Hacia el ovusol” cierra perfecto con los arreglos de Jeff Parker en tuba y los trompetistas Sebastián Jordan y Gustavo “Caluga” Escobar.

El recorrido por el disco es casi exacto: siguen “Huevos revueltos”, “Güeina” y “Realizo todo bien”, con un inspirado Felipe Ilabaca haciendo “Black hole sun” en su Musicman Stingray 4.

Más adelante, “Empresaurio” tiene una notable introducción de Maximiliano Alarcón en saxo y el infaltable Héctor “Parquímetro” Briceño en trombón.

Por ahí, en los intervalos de “Sami”, cantan: “Ground control to Major Tom”.

A cada tema la gente responde saltando y cantando junto a los Chancho, pero en el interludio “Maestro…. ‘Las casitas’” la complicidad es envidiable: el bajista y su público recrean una parodia en vivo.

Eduardo Ibeas, que está más contenido y a veces preocupado de grabarse con su celular, recuerda los tiempos “cuando en la radio sonaban Faith No More, Nirvana, Rage Against the Machine, Mr. Bungle y las Spice Girls” para presentar al lado b que hicieron de Frank Zappa.

Y lo tocan pegado a “Comiendo banana”, una canción grabada originalmente con Florcita Motuda.



Por qué escuchamos a Chancho en Piedra y por qué fuimos a tantos conciertos antes de tener veinte años. Ahora que su disco La dieta del lagarto cumple esa edad, recuerdo que las fábulas de la banda, sus letras sobre escepticismo animal, fueron las que me entreabieron esa puerta.

Me gusta mucho una que va sobre el abandono de una mascota porque su humano creció (“Sami”), otra que es una lectura de la dictadura desde la relación instintiva de gatos y ratones (“El día en que los gatos hicieron la paz con los ratones”) y una más, que es un simple reclamo de una rata que no quiere que le pongan veneno en el baño (“Ratones de cola pelá”).

Ninguna fábula es dañina excepto cuando alcanza a verse en ella alguna enseñanza, dijo Juan Villoro que dijo Augusto Monterroso, y esta banda de la Gran Avenida parece dar en el clavo.

Los Chancho en Piedra nunca fueron unos mojigatos. Por el contrario, son respetuosos de sus orígenes: no han modificado a sus integrantes del mismo modo que no han dejado de hacer lo que se propusieron desde un comienzo: escribir discos y tocarlos. Se encargaron todo el tiempo de ser y no de parecer.

Por lo mismo, Chancho en Piedra, a pesar de que disfrazan elegantemente a sus bandas de cabecera, han ido amasando una obra contundente con 23 años de carrera que llena el recinto que venga y no solo de gente: lienzos, juanitos, poleras, todo es parte del espectáculo, de un intangible difícil de reproducir.

La dupla de los hermanos Pablo y Felipe Ilabaca, en guitarra, voces y bajo, tiene argumentos para meterse en el compartimento de otros referentes, como los hermanos Parra de Los Jaivas o los Carrasco de Quilapayún.



La siguiente escena es con el teatro oscurecido y cantándole el cumpleaños feliz al guitarrista de la banda, que responde con una impecable versión de “Da la claridad a nuestro sol”.

Esta vez, Pablo Ilabaca solo se dedica a cantar. Creo que es el único momento del show en que se justifica la segunda guitarra sobre el escenario.

Hace tiempo que el guitarrista de Chancho en Piedra excedió al trabajo de su banda matriz con un propio itinerario: Jaco Sánchez, 31 Minutos, los solos en que cierra los ojos apretando la Fender Stratocaster color crema.

Luego, “Viejo diablo” y “Del por qué se cohibe el ano en casa ‘jena” cierran la segunda parte de un show lleno de energía, buen humor y performance.

Entonces, la banda que completa el baterista Leonardo Corvalán, montado sobre una eficaz Gretsch, vuelve a escena.

Llevan los trajes à-la-Jimi-Hendrix cuando cierran con la introspectiva “Voy y vuelvo” y “Edén”, mezcladas con “Aquarius” y “Let the sunshine in” de The 5th Dimension, dos temas sacados de una ópera beat de los años 60.

La medianoche acaba con una nube de humo y confeti y los músicos agradeciendo.

Fueron tres horas de sonido intenso, hecho para estadios, de una banda que sobrevive a la mirada en altura de sus composiciones, a eso que algunos llaman perspectiva, con temas que calman y otros que alegran, como un paraíso al que, como dice la canción, no van solo los mortales.


Sobre el autor:

Alejandro Jofré |
Editor de Culto. En Twitter es @rebobinars