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Culto
Juan Gabriel a sus 50 años: “Estuve en el infierno”

Juan Gabriel a sus 50 años: “Estuve en el infierno”

En diciembre de 1999, Juan Cristóbal Peña entrevistó a Juan Gabriel en México, en un texto en que el astro rememora su trágica infancia y cuenta cómo la música le ayudó a sobrevivir en el purgatorio. "Ahora dice estar mejor que nunca. Por eso su nuevo disco se llama Todo está bien".

Todo está bien. Así se llama el último disco del hombre que llega silbando una canción y saluda a todo el mundo. Es Juan Gabriel y se ve más flaco y más joven que hace dos años cuando vino por última vez al Festival de Viña del Mar. El dice que el buen humor lo tiene así, más joven, y que las cámaras no lo hacen verse como de verdad es, más flaco.

“Mi disco se llama Todo está bien porque de veras lo estoy, ¿no ves?”, dice desde un hotel en Ciudad de México, poco antes del concierto del sábado último en el Estadio Azteca donde convocó a 80 mil espectadores. Ahí cantó casi cuatro horas y corrió y saltó por todo el escenario. “De verdad estoy muy bien” -insiste-, “bien en todos los aspectos, de salud, de trabajo y de familia”.

Hace un año que no sacaba un disco nuevo y poco se sabía de él. El verano último no llegó a Viña del Mar argumentando un abuso que Megavisión hacía de sus imágenes de archivo. Dice que de tanto pasarlas en pantalla su público no iba a querer verlo en vivo. Después grabó un disco folclórico con la banda El Recodo que no tuvo mayor repercusión comercial y desapareció de escena hasta hoy.

“Uf, toda la vida he sido muy gitano y solitario”, se justifica. “Me dejo llevar por mi temperamento, soy auténtico y original. Pero si a veces no me ven, es que estoy haciendo otras cosas. Desde descansar, hacer discos, canciones o produciendo para otros, hasta conociendo gente, viajando, leyendo libros… Si no, no tendría resultado que cuando aparezco otra vez soy noticia, otra vez estoy de moda”.

Dice que no puede estar quieto en un solo lugar. Que le encanta viajar y desplazarse. Que para eso tiene varias residencias entre México y Estados Unidos. “Soy gitano porque ando para arriba y para abajo y lo mismo me da un lugar que otro, el norte que el sur, el este que el oeste. Siempre me ando moviendo, ilusionado de vivir en diferentes partes, en mi casa de Juárez, en mi casa de El Paso, en mi casa de California, en mi casa de Malibú, a veces en la casa de aquí de Ciudad de México y otras en Acapulco. Así me la paso. Donde quiera me pueden ver fácilmente, donde menos esperan encontrarme, ahí me verán”.



Amigo del dolor

Fue en este periplo que Juan Gabriel compuso las diez canciones del disco. Cuenta que estaba de buen ánimo y que por eso no quiso escribir temas tristes en esta vuelta. “Ya bastante tiene la gente en sus casas con sus problemas para andar estresando sus mentes ni sus oídos ni sus cuerpos. Por eso son todas canciones positivas”. Todas, salvo una, Errado, que está dedicada a la muerte reciente de su hermano José Guadalupe, el último de los trece que tuvo.

Es sufrida como una ranchera la vida de Juan Gabriel. Nació pobre en el campo y de su padre no se acuerda porque lo abandonó cuando era pequeño. Su madre, que murió a principios de los ochenta, tuvo que emigrar a la ciudad y recluirlo en un reformatorio hasta los 13 años. Después estuvo un año en la cárcel cumpliendo condena por robo y al salir cantó en prostíbulos y boliches de mala muerte. Ahí compuso “No tengo dinero”, su primer éxito en 1971. Así empezó Juan Gabriel.


—¿Crees que el dolor ayuda a componer buenas canciones?

—No, sufrir no es bueno porque el sufrimiento es el azote del mundo. No es bueno sufrir ni estar triste ni estar enojado, son manifestaciones negativas que solamente afectan al cerebro, al corazón, al páncreas, al hígado, a lo riñones, así que esas cosas hay que evitarlas.

—Pero varias de tus composiciones son tristes y lloronas.

—Es que cuando uno está diciendo `por qué me dejaste, por qué no vuelves’, está manifestando el amor que uno siente, pero si uno no quisiera que esa persona volviera o no quisiéramos saber de ella más, uno no dice nada, ¿no? Si usted se enoja con alguien se va a enojar con un amigo, no con cualquiera. Si no para qué se enoja. Porque no hay cosa más hermosa que conservar el hígado color de rosa.

—En tu caso, el sufrimiento se ha transformado en una fortaleza.

—Bueno, porque estaba aprendiendo. Es como una biografía, voy escribiendo de todo lo que va sucediendo en mi vida y además, por si fuera poco, voy poniéndole música y al cantarlo mi espíritu se eleva y limpia, entonces ya estoy contento otra vez.


A un mes de cumplir 50 años, Juan Gabriel tiene un encanto que trasciende al público romántico. Su música también concita la admiración de grupos y músicos rockeros mexicanos de última generación. Julieta Venegas toca canciones suyas en los conciertos, Maná acaba de grabar una versión de “Se me olvidó otra vez” para su disco Unplugged y a principios de esta década el grupo Maldita Vecindad hizo un cover en clave punk de “Querida”.

“Es una cosa de ellos muy original”, dice. “Está esa juventud, ese movimiento de manifestar una rebeldía, un libertinaje que no deja de ser agradable”.

—En el caso de Maldita Vecindad hay una cierta ironía en la versión de “Querida”. ¿Te ofende eso?

—Cómo me voy a sentir ofendido. Las canciones una vez que las hago son patrimonio de todo el mundo.

—Y qué te parece lo que hacen grupos como Molotov, que son muy críticos de la industria musical a la que tú perteneces. ¿Los has escuchado?

—Sí, cómo no, y me parece fantástico, muy gracioso, muy simpático. Es una manera de manifestar también sus ideales. Es muy respetado y muy admirado, y por si fuera poco, muy bailado, porque los he visto cómo bailan y bailan y bailan. Además tienen una musicalidad tremenda, preciosa. Quizás sus palabras mucho no van conmigo, porque yo ya pasé esa etapa cuando era jovencito.

—¿Tú hiciste canciones así?

—No, no, nunca llegué a ese grado, pero he vivido etapas porque me crié en fronteras entre la prostitución y el vicio. Entonces, a mí nada me asusta, estuve en el infierno y no me quemé… Por eso sé que las propuestas de estos muchachos a la larga dejará algo positivo; y a la corta dejará mucha alegría.

—Hay gente de tu generación que encuentra sus letras ofensivas.

—Pues los mayores, por supuesto, no quieren que sus hijos anden oyendo y bailando esas cosas. Pero creo que es una etapa, y mañana no van a ser ellos. Si no hay esa válvula de escape puede ser que sean las cosas mucho peores. Mientras la gente diga y manifiesta lo que siente, está pidiendo atención, está pidiendo amor, entonces uno no le puede devolver con una agresión, le tiene que escuchar y comprender. Y, mejor, ponerse a bailar con ellos.

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