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Culto
Game of Thrones, The Dragon and the Wolf: la verdad será más cruda

Game of Thrones, The Dragon and the Wolf: la verdad será más cruda

La séptima temporada de la ficción de HBO llegó a su fin. Una gran reunión, la verdades develadas y relaciones peligrosas marcaron este séptimo episodio.

Si los fanáticos suelen emocionarse con la música introductoria de Game of Thrones, este episodio aumentó ese efecto. Quizás homologable a la marraqueta crujiente y el té dulce cuando gana el equipo del que se es hincha. ¿Fui solo yo? Lo dudo.

La esperada reunión

El comienzo no fue ninguna novedad en relación a lo ya anticipado en el teaser. De hecho, me atrevería a decir que la primera mitad del episodio no fue tan emocionante como se esperaría faltando solo 1 temporada para el final definitivo de la ficción. Pero, todo a su tiempo.

El ejército de los Inmaculados y los Dothraki, estaban amenazantes frente al castillo resguardado por Jaime Lannister, Bronn y el batallón que comandan. ¿Cómo lograron salir de Casterly Rock? Es una pregunta cuya respuesta yace junto a la increíble velocidad de Gendry demostrada en el episodio anterior.

Uno de los misterios que dejó el teaser, fue si Daenerys asistió o no a la reunión en King’s Landing. Lo lógico era que lo hiciera, pero se contuvo para llegar como corresponde: como la reina de dragones. Cersei intenta disimular su asombro, pero no lo logra, nadie queda indiferente ante aquellas bestias aladas y la entrada triunfal de la joven de cabellera platinada.

Con los bandos ya formados, pudo comenzar la negociación. Jon, Tyrion y Daenerys -partidarios de pausar la guerra para combatir a los caminantes blancos- llevaron la evidencia ante Cersei, Jaime y Euron. Solo con palabras, la actual ocupante del trono de hierro no estaba para nada convencida, para ella eran meros cuentos para distraerla.

Ante tal incredulidad, a la Dragón y al Lobo no le quedó más remedio que soltar a la bestia y disipar toda duda. Fue semejante a una escena de The Walking Dead. Tras los largos minutos que El Perro demoró en abrir el baúl, de un segundo a otro, el muerto viviente saltó al ataque frente a Cersei, detenido solo por una cadena. Allí mismo, Jon Snow mostró cómo se puede derrotar -con fuego y vidriagón- logrando que la actual reina cediera a una tregua.

Euron ni siquiera considera ser parte de aquella batalla. Tras preguntar si los caminantes blancos saben nadar, dijo que regresaría a las Islas de Hierro para mantenerse a salvo.

Con la clara meta de derrotar esta amenaza de proporciones fantásticas, Cersei solo pidió una cosa a cambio: que el Rey en el Norte no eligiera bandos durante la tregua. Sin dudarlo, Jon admitió que no podría cumplir aquello, ya que su reina era Daenerys Targaryen. Ante aquella respuesta, Cersei no continuó la conversación y se retiró del lugar. Snow fue culpado por sus propios compañeros, de ser un mal estratega, le cuestionaron el no ser capaz de mentir por el bien de la misión, pero Jon se mantuvo firme en sus convicciones. Jon Snow cumple su palabra.

Afortunadamente aún había vuelta atrás, o eso creen. Tyrion fue a conversar con su hermana a pesar de las altas probabilidades de morir. El menor de los Lannister apeló a la empatía de la monarca, le explicó que nunca pretendió destruir a la familia y que lamenta profundamente la muerte de Myrcella y Tommen.

Cersei se mantuvo firme en su postura de odio hacia Tyrion, pero las señales de embarazo lograron que Tyrion diera en el clavo con sus palabras. En la siguiente escena, Cersei regreso a Pozo Dragón y accedió a la tregua, pero dejando en claro que no tendrá ningún tipo de consideración con quienes no le dieron garantías.

Las hermanas Stark

En el norte, la escena no es positiva para las hermanas Stark. Sansa acaba de recibir las noticia de su hermano Jon sobre su alianza con la joven Targaryen. Como siempre, las palabras de Meñique intentan calmarla, pero la lectura entrelíneas teje el complot que desde la primera temporada dirige Baelish. La enemiga directa que señala Meñique es Arya, dándole a entender a Sansa que debe actuar antes de ser asesinada por su propia hermana.

Un juicio liderado por Sansa y Bran, se gesta en el gran salón de Winterfell. Arya hace su entrada y toma posición en medio del lugar, frente a los soldados norteños. Sansa, con total seriedad y temple formula los cargos de asesinato y traición, pero no contra Arya. Baelish es -al fin- acusado por todos los crímenes que cometió.

Si bien se le permitió defenderse, esto no le sirvió de mucho. Los hechos hablaban por sí solos: conspiró con Lysa Tully para matar a Jon Arryn, mató a Lysa Arryn, conspiró con los Lannister para asesinar a Ned Stark, vendió a Sansa a los Bolton… todo “presenciado” por Bran, quien al fin hizo uso de sus visiones de forma directa -no críptica.

Ante la falta de defensa -que los hermanos Stark sabían que no tenía- Arya sin dudar enterró su propia daga en la garganta de Baelish, la misma con que mandó a matar a Bran la primera temporada. El lobo solitario muere, pero la manada sobrevive.

Todos a sus posiciones

Con el “pacto” entre reyes en marcha, el equipo de Daenerys regresó a Dragonstone para definir la estrategia. Daenerys navegará con Jon en dirección al norte, pero Theon se resta de esta misión, no por falta de lealtad a la causa, sino por su objetivo de rescatar a su hermana Yara. Theon, a pesar de los -tantos- errores que ha cometido en el pasado, quiere enmendar su camino.

Desde la capital de los Siete Reinos, Jaime trabaja en los mismo, comanda sus fuerzas y les indica cómo distribuirse, hasta que es interrumpido por Cersei. La reina no pretendía realmente unir sus fuerzas, solo les dio a creer a Jon y Daenerys que lo haría. A Cersei Lannister solo le interesa estar a salvo ella y su hijo, ni siquiera Jaime. Por lo mismo conspiró con Euron para que este fuera a Essos en busca de más soldados.

Ante eso, Jaime notó que su amada hermana está fuera de sí, por lo que decidió emprender su propio camino hacia el norte. En su travesía que recién comienza, se mostró una pista no menor. La nieve comienza a caer sobre King’s Landing, la Ciudadela, y todos aquellos sectores donde imperaba el sol. El invierno no se acerca, ya está aquí, y Cersei quedó sola en su obstinación.

La cruda verdad

Una de las grandes dudas que debían resolverse era cómo se daría a conocer la verdad sobre Jon Snow. Quizás fue de una forma un tanto apresurada, pero finalmente se dio, y de una forma no menos impactante. Samwell Tarly arribó a Winterfell y fue directamente a conversar con Bran. Sin mayor preámbulo, el ahora cuervo de los tres ojos le dijo que Jon debía saber la verdad y procedió a narrarle su visión.

“Jon es hijo de Raeghar Targaryen y mi tía Lyanna Stark. Su apellido no es Stark, es Sand”, pero rápidamente Sam lo sacó de su error. Aparentemente, sí prestó atención al texto que Gilly leyó en voz alta sobre el matrimonio secreto de Raeghar y Lyanna. Sam y Bran dejaron en claro la procedencia de Jon, quien en realidad se llama Aegon Targaryen.

La información está ahora en manos del hermano y del mejor amigo del aludido, pero se dio justamente cuando Jon está a miles de kilómetros manteniendo relaciones con quien ve como su Reina, pero que en realidad es su tía. Si la verdad de por sí sería dura para Jon, ahora será aún peor.

Las tantas menciones a la incapacidad de Daenerys para tener hijos, la posterior muerte de uno de sus dragones y la maldición de la bruja: “muerte por vida”; dan para pensar que de aquel acto podría nacer un heredero Targaryen, aunque eso ya es especular.

Pero no fue todo. Con más de una hora de episodio, aún quedaba el remate final de esta séptima temporada. El dragón víctima de los caminantes blancos no tardó en hacer su aparición y fue utilizado inmediatamente para destruir la barrera milenaria que le impedía llegar a Poniente.

La música apocalíptica acompañó este final de temporada que concentró la emoción en su último tercio, y anticipa que los episodios restantes serán una amalgama de elementos bélicos con culebrón romántico-dramático.

Sobre el autor:

Mónica Garrido |
Periodista de La Tercera. En Twitter es @monigarridov