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Culto
Geddy Lee supera a sus ídolos

Geddy Lee supera a sus ídolos

No hace tanto, a la voz de Rush le preguntaron por los bajistas que más influyeron en su particular manera de tocar y componer. La respuesta fue: Pastorius por su técnica, Entwistle por su onda, Squire por su sonido y McCartney por sus líneas melódicas. Ahora, el músico canadiense aparece como el número uno, por encima de sus mayores referentes. Todo un logro.

Hace dos años, Rush dio su último concierto en el Forum de Los Ángeles. Desde entonces, Geddy Lee, vocalista, bajista y tecladista del grupo canadiense, ha estado fuera de las pistas, pero en distintas entrevistas no ha ocultado su deseo de regresar a la carretera. Neil Peart, baterista y letrista de la banda, no quiere seguir y se da por retirado, mientras que Alex Lifeson (guitarra), compinche y además vecino de Lee en Toronto, está en una posición intermedia. Es Geddy Lee el más entusiasta y se niega al retiro.

Días atrás Eddie Trunk, de That’s Metal Show y relativamente cercano a la banda, confesó que Geddy Lee pretende volver a la ruta y Alex estaría disponible. Incluso, pero sólo a nivel de especulación, el nuevo proyecto podría llevar el nombre de LeeLifeson. De ninguna manera sería Rush, ya que existe un compromiso de amistad de por medio con Peart, una integridad a prueba de balas que el grupo cumplió a cabalidad en sus 40 años de carrera. Por ahora, el bajista prepara la edición de un libro.

“Wow. Es un increíble honor estar incluido en una lista con bajistas tan talentosos. Estoy muy agradecido”, dijo, con su característica humildad, después de que Music Radar lo situó como el mejor de todos los tiempos. Lo cierto es que Geddy Lee, de 64 años, no se toma tan en serio este ranking, que lo puso por encima de Jaco Patorius, John Entwistle, Chris Squire y Paul McCartney. No hace tanto, le preguntaron a la voz de Rush por los bajistas que más influyeron en su manera de tocar y componer. La respuesta de Lee fue: Pastorius por su técnica, Entwistle por su onda, Squire por su sonido y Macca por sus líneas melódicas.



Lo de Lee no es sólo ejecución matemática a lo “YYZ”, sino que su marca registrada es un sonido macizo con una técnica que fue mutando a lo largo de los años hasta adoptar un estilo en clave Paco de Lucía. Geddy Lee logró una marca registrada: nunca nada con uñeta, el bajo por línea sin amplificadores detrás de él y una pulsación de las cuerdas sin contemplación. A todo eso hay que agregar un talento innato para transformar las letras de Peart en potentes melodías.

Antes de convertirse en una estrella, Geddy Lee fue Gary Lee Weinrib, nacido en el seno de una familia judía sobreviviente del Holocausto, en Willowdale, Canadá. Lee se interesó en la música a los nueve años y lo mejor que le pudo pasar fue encontrarse con un compañero en la escuela con sus mismos intereses y, sobre todo, similar sentido del humor: Alex Lifeson. A los 14 años, recibió su primera guitarra y desde entonces fue un huracán imparable. Consumió lo que más pudo del rock progresivo (Yes, Genesis y Pink Floyd), pero también bandas como The Who y Cream.

Desde que era adolescente, cuentan los biógrafos de Rush, Geddy Lee puso en su horizonte que la música sería la brújula de su vida, sin estridencias y lejos de la fama, como da cuenta “Limelight” del Moving Pictures (1981), el disco más vendido y alabado de Rush. Aunque sin pelos en la lengua, Geddy Lee es un tipo quitado de bulla, que ha ido siempre de frente sin marearse. Ello, a pesar de los cientos de miles de fanáticos que alaban su particular perfil: no sólo canta, sino que toca el bajo de manera magistral y al mismo tiempo pulsa sus pedaleras y teclados.

Lee siempre tuvo la convicción de que Rush llegaría lejos. No le importó ser telonero de Kiss ni ser vilipendiado por su aguda voz que marcó la era setentera de su grupo. La crítica fue despiadada y le dijeron de todo. Pero él continuó. Tampoco le interesó que lo trataran de nerd, como un freaky a lo Les Claypool de Primus, de quien de hecho es amigo y suelen compartir su humor vía Whatsapp.

Geddy Lee ha estado siempre con los pies en la tierra. Nunca ha tenido mayor problema en sacarse fotos con sus fans, incluso cuando ha viajado en plan turista a Chile, en dos ocasiones. Con millones de álbumes vendidos y una buena fama que ya se quisiera cualquiera de sus correligionarios, el vocalista de Rush es una figura de culto, admirado hasta la máxima obsesión por los modelos de bajo que ha utilizado durante su larga carrera. Primero fue el Rickenbaker 4001 azul oscuro, luego un criticado Steinberger negro en la era de los sintetizadores en los 80 (Grace Under Pressure), después los resistidos Wal en los 90 (Roll The Bones) y más tarde su clásico Fender Jazz Bass negro con blanco desde el Counterparts (1993) hasta el Clockwork Angels (2012), para finalmente dar rienda suelta a una de sus tantas obsesiones además del béisbol, los bajos de todas las eras y marcas imaginables.

Precisamente en la última gira de Rush (R40) Geddy Lee cambió sus bajos en prácticamente todas las canciones, como una suerte de conejos saliendo del sombrero de un mago, para deleite de los fans. Así, ocupó un 1972 Fender Jazz Bass negro; 1962 Fender Jazz Bass, verde; 1965 Fender Jazz Bass, blanco: 1967 Gibson Thunderbird II, blanco; 1959 Fender Precision Bass, blanco; 1992 Zematis Bass, plateado; 1959 Fender Precision Bass, blanco; Fender Jazz Bass, azul; 1977 Rickenbacker 4001; 1967 Rickenbacker 3261; 1968 Fender Telecaster; 1961 Hofner, rojo y 1966 Fender Jazz Bass, entre muchos otros.
En esa última gira, Rush repasó sus eras más relevantes en reversa, con la exclusión, eso sí, de la época más resistida por la fanaticada: el exceso de teclados de mediados de los 80 (Power Windows y Hold your fire), que tiene la marca registrada de Lee. Cuando el bajista se dio cuenta que su ímpetu por los sintetizadores tenía hastiado a Lifeson, lo dejó atrás, porque para Geddy Lee, el interés colectivo siempre ha estado por encima de egos y caprichos personales.


Sobre el autor:

Alejandro Tapia |
Editor de Mundo de La Tercera. Ha cubierto los más importantes hitos políticos de América Latina de las últimas dos décadas.