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Culto
Alejandro Sieveking gana el Premio Nacional: “Me invade una alegría rara”

Alejandro Sieveking gana el Premio Nacional: “Me invade una alegría rara”

El dramaturgo de 82 años y autor de La Remolienda obtuvo ayer el galardón para las artes escénicas cuando llevaba a su esposa, Bélgica Castro, a la Posta Central por una caída.

El de ayer fue un día extraño y vertiginoso para el actor y dramaturgo chileno Alejandro Sieveking. A eso del mediodía, su esposa, la actriz y Premio Nacional Bélgica Castro (1921), sufrió una caída en el departamento de ambos frente al cerro Santa Lucía, que aún la mantiene internada en la Posta Central. Esperaban una ambulancia cuando el teléfono sonó: “Casi me fui de espaldas cuando me dijeron ‘le van a hablar, no cuelgue’, y era la ministra de Educación”, recuerda el autor de Tres tristes tigres y otro puñado de obras que, desde 1955, cuando subió por primera vez al escenario, lo convirtieron en una de las voces y figuras imprescindibles del teatro chileno. “’Lo llamo para contarle que acaba de ganar el Premio Nacional’, me dijo. Le agradecí, cómo no, pero tuve que excusarme de momento por la Bélgica”, agrega.

A esa misma hora y a unas cuantas cuadras de allí, en las oficinas del Ministerio de Educación, donde ya lamentaban su ausencia, acababa de deliberar el jurado encabezado por la ministra Adriana Delpiano e integrado además por el rector de la U. de Chile, Ennio Vivaldi; el rector de la U. Católica de Temuco y representante del CRUCH, Aliro Bórquez; el representante de la Academia Chilena de Bellas Artes y Premio Nacional 2007, Gustavo Meza, y Héctor Noguera, último ganador en 2015.

Nacido en Rengo en 1934, y próximo a cumplir 83 años en septiembre, el actor formado en la U. de Chile y quien dio a conocer su trabajo junto al Teatro Experimental y a su amigo, el cantautor y director Víctor Jara, se impuso unánimemente y luego de tres intentos en la contienda por el máximo galardón que entrega el Estado a las artes escénicas. “En mérito de su prolífica producción dramática, reconocida nacional e internacionalmente, la que prevalece en el tiempo. También por su destacada trayectoria como actor, director, diseñador y fundador de importantes compañías, a lo que se agrega su labor como formador de artistas”, se lee en el acta oficial.

Respaldado por la Uniacc, que lo presentó al premio, Sieveking desplazó a otros colegas suyos, como Nissim Sharim, Humberto Duvauchelle y Oscar Castro, además de la bailarina inglesa Joan Turner, viuda de Víctor Jara. En los próximos días, en cuanto pueda reunirse con el jurado, el creador de La Remolienda recibirá un diploma y un premio cercano a los $18 millones, además de una pensión vitalicia y mensual equivalente a 20 Unidades Tributarias Mensuales (UTM).

“Siento que me invade una alegría rara, como pocas. Debe ser porque la empañan otras cosas, como este episodio con la Bélgica y también por haber competido con Joan, a quien admiro y respeto muchísimo”, dice Sieveking al teléfono: “Si hubiese sabido que ella estaba postulando, yo ni me hubiera presentado, pero supe tarde. Aun así valoro que se me haya reconocido y que mi nombre se sume al de tantos otros que fueron mis maestros y amigos”, agrega el actor, a quien hasta hace poco se le vio sobre las tablas con El locutorio, de Jorge Díaz.

Meza y Noguera, en tanto, los dos representantes del teatro que tuvieron voz y voto en esta pasada, resaltaron no solo la “trascendencia de su dramaturgia”, sino también sus recientes apariciones en cine, con cintas como El club y El invierno, por la que ganó el premio a Mejor actor en el Festival de Cine de Biarritz. “Junto a Egon Wolff (Premio Nacional 2013) y Juan Radrigán (en 2011), Sieveking forma parte de una tríada de dramaturgos fundamentales para Chile, y de no haber estado Alejandro entre los premiados se hubiese provocado un desbalance”, dijo Noguera ayer. “El debiese haberlo ganado mucho antes que cualquiera de nosotros”, se sumó Meza.

“Si no me lo gano ahora, será la última vez que me presente al premio”, decía hace dos semanas Sieveking, quien además formó parte del Teatro del Angel en los 70, la compañía liderada por Ana González y refundada años después y por él mismo, durante su exilio en Costa Rica (1973-1984) . “No creo en las terceras vueltas”, reafirmó ayer, “pero ya son tantos años dedicado a escribir y viendo mis obras montadas por otros, que con eso me basta para creer que sí lo merecía. Quizás si mis obras hubiesen permanecido quietas y mudas por años, creo que me lo hubiera cuestionado aún más”.

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