*

Culto
Vicente Cifuentes y la chilenización de la bachata

Vicente Cifuentes y la chilenización de la bachata

A los 27 años, y tras una vida entre Chile y República Dominicana, el músico se aleja de la trova y la canción política y se lanza de lleno al ritmo caribeño con el disco Bachata Local.

“Hace unos diez años era mucho mayor que ahora. Era súper viejo, muy Silvio. Todo era trova, guitarra de palo, canciones con palabras difíciles y mucha presión para demostrar que yo estaba en esto porque sabía hacerlo. Quería hacer canciones que le gustaran a Silvio, que le gustaran a mi papá”, parte diciendo Vicente Cifuentes, detrás de una amplia cabellera y un acento que escapa de lo convencional. “Me fui dando cuenta que era una persona con amigos muy viejos, que no tenía generación, no tenía el ritual de los compañeros de colegio ni de universidad, pero cuando conocí a una chiquilla, y seguramente quise cantarle algo acorde, me di cuenta que lo que realmente necesitaba era hacer música que me divirtiera”.

Sólo tiene 27 años, y cambió los himnos políticos por la bachata. Pero no cualquier bachata. “En Chile me di cuenta que estos ritmos son muy importantes para mí”, cuenta el músico que jovencito abandonó su natal Chillán para caer en la isla tropical de República Dominicana. “Estuve casi diez años en Santo Domingo y la bachata entra como un martillo, es parte del folclor, de la urbanidad y no puedes escapar de eso. Yo siento que mis canciones son como las de cualquier cantautor de mi generación, por fin, pero tienen la particularidad de mi residencia en el caribe y eso te cambia la manera de sentir las cosas, te cambia la columna vertebral”.



Tiene dos discos, Artesano (2009) donde empezó a abandonar al viejo chico y Jajajaja (2012), donde el mismo nombre indica el proceso en el que estaba. Hoy se viene Bachata Local, cinco canciones producidas por el múltiple ganador de Grammys, Allan Leschhorn, en las que Cifuentes logra desenvolverse con la esperanza de romper esos estigmas que se tienen con los sonidos para bailar: “Cuando digo que hago esta música me miran terrible, después la escuchan y más de alguna vez me han dicho ‘por fin me gusta la bachata’. Supongo que logré ponerle algo de mí que encaja con la gente que cree que esta música es para gente que no sabe de música”.

Con la bachata en la columna, su banda Los Buenos Momentos, y la localidad re-adquirida tras años de ir y volver entre Santo Domingo y Santiago, el artista que a comienzos de este año abrió un repleto Movistar Arena para Juan Luis Guerra, condensa su momento en un disco post crisis y lleno de amigos que planea lanzar este primero de septiembre en Club Chocolate. “No sabía dónde pertenecía, no sabía ni la ciudad ni la tribu urbana. Bachata Local refleja todo eso porque nace de mis trabajos alternativos a la música, de los aeropuertos, de los sonidos viejos y los nuevos”.



Hay una cueca abachatada hasta con pasitos de guaracha titulada ‘La Negrita’, está ‘Decir que no’ donde brilla junto a su primo e integrante de La Moral Distraída, Abel Zicavo. ‘Nacer, crecer, ir y venir’ junto a Pedropiedra y también está Vicente García, con quien afiató lazos en Santo Domingo en tiempos de reuniones sociales y búsquedas folclóricas. “Él vive en Colombia y yo en Chile, me acompaña en ‘Viento y tiempo’, una bachata de aeropuerto que nos hace mucho sentido por nuestra actualidad nómade” y que viene acompañada de un video que replica la realidad de Cifuentes en otra decena de caras.



La lista de colaboraciones la cierra ‘Está presente’, canción junto a Víctor Víctor, “uno de los maestros del caribe en el son y la bachata” y con quien vuelve a visitar la trova en una pieza contestataria a las responsabilidades establecidas y a quienes hacen el papel de jefe en el mundo. “Hay gente que piensa que tenemos que quemar todo para renacer como fénix y así solucionamos los problemas. Yo no creo en eso, y como dice la canción con Víctor: ‘es mucho más simple si lo piensas lento’. Creo que ese es muchas veces el gran problema de lo que pasa en Chile, que tenemos la capacidad de hacer comunidad pero preferimos alterarnos, apurarnos y enviciarnos en el chaqueteo”. Esa es la gran diferencia que ve entre las dos industrias y sociedades que transita. Mientras en Santo Domingo se hacen vínculos entre distintas generaciones para no dejar morir sonidos propios y el rescate se vuelve posible gracias a la conectividad y las redes de apoyo, Cifuentes como recién llegado siente que Santiago es una olla a presión y que “el chaqueteo nos va a destruir”.

Pero de todo lo malo puede salir algo bueno: el prejuicio y la competitividad que ve, escucha y siente en Chile, “un lugar más isla que la propia isla de República Dominicana”, luchan con el entusiasmo, la motivación y el ánimo tanto del público como de los músicos. “Acá hay ganas de inventar algo. Siento que tenemos ganas y deseos de levantar obras con denominación de origen, queremos hacer a Chile dueño de tendencias, de estilos, de cosas. Recuperar identidad. La bachata local también responde a eso: son bachatas, sí, pero suenan a a acá, y no me refiero a la nostalgia territorial, sino al sazón de Chile y su gente, sus costumbres y prácticas que crecen y se levantan”.


Sobre el autor: