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Culto
Cabros de mierda: Chile, 1983

Cabros de mierda: Chile, 1983

A pesar de sus altos y bajos, Cabros de mierda se instala como una película atendible y coherente en la filmografía de Gonzalo Justiniano.

En Cabros de mierda, nos encontramos en un país bajo la dictadura de Pinochet. El joven misionero Samuel (Daniel Contesse) llega a la población La Victoria a predicar la palabra de Dios. Lo aloja Gladys (Nathalia Aragonese), también conocida como La Francesita, una mujer fuerte e independiente, que se preocupa de un grupo de niños cuyos padres están desaparecidos, en la cárcel o relegados. Samuel se adentrará junto a Gladys en los grupos en contra de la dictadura y será testigo directo de lo que ocurre en esa época en el país.

Cinco años después de su último filme (¿Alguien ha visto a Lupita?, 2012), Justiniano vuelve a explorar la marginalidad, como lo hizo en Caluga o menta (1990), donde examinaba a un grupo de olvidados, a los que la “alegría” no les llegaba en democracia. Esta vez se instala en los años de los primeros levantamientos en contra del régimen militar. Utilizando material de archivo grabado por él mismo, y reconstruyendo aspectos de una realidad no tan conocida, logra momentos de intimidad y drama, todos a cargo de Aragonese, quien crea una mujer luchadora y dispuesta a todo. Lamentablemente, el relato está visto desde los ojos de Samuel, un personaje pobremente delineado y carente de matices, quien, supuestamente, sufriría una crisis de fe y vocación, pero en quien nunca vemos momentos de recogimiento o duda. Todo lo experimenta de manera bastante plana, monótona, desde el sexo, los arrestos hasta asesinatos, lo que le quita fuerza e interés a la historia.

A pesar de sus altos y bajos, Cabros de mierda se instala como una película atendible y coherente en la filmografía de Justiniano.


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