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Culto
Kevin Shields, el cerebro de My Bloody Valentine, por sí mismo

Kevin Shields, el cerebro de My Bloody Valentine, por sí mismo

En algún momento de los 80, Shields se colgó una guitarra y exploró la belleza que hay en el ruido descontrolado. Hizo de las melodías etéreas del dream-pop y el noise, en tiempos de Wham! y Culture Club, un nuevo patrón musical que abrió el camino a un puñado de bandas que vendrían después. Sobre todo con Loveless, su segundo disco.

“Las guitarras son las que hacen la música, mucho más que un teclado. Una linda guitarra te da ganas de tocar. En un sintetizador se siente que se trata de un producto. A todo lo que se produce en masa le falta belleza, le falta alma”.

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“Siempre evitamos escribir canciones en el estudio. Llegaba con una vaga idea en la cabeza y construíamos de a pedazos. Pensaba que teníamos una receta milagrosa, pero con Loveless no funcionó. Pude encontrar las melodías con la misma facilidad de siempre, pero no sucedió lo mismo con el resto de las cosas. Fuimos de catástrofe en catástrofe”.

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“Me tiraba al piso, agarraba la guitarra y tocaba mirando la televisión. A veces daba con veinticinco melodías por día. Pero en el estudio había que trabajar con seriedad: no podía utilizar esos fragmentos de canciones que componía para entretenerme”.

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“Tuvimos que aprender el oficio de ingeniero de sonido cuando estábamos en el estudio, se volvió una necesidad. No quería tener más con ingenieros, nunca nos entienden. Hay que pelearse, y no tiene sentido. En Inglaterra existen tres tipos de estudio: los bien equipados, caros, eficaces, agradables; los podridos, baratos y menos equipados; pero los peores son los estudios “promedio”. Nadie se ocupa del mantenimiento, los técnicos no saben aprovechar los equipos que tienen”.

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“Los últimos meses de grabación fueron muy raros. Yo estaba permanentemente en el estudio, muchas veces con Colm, el baterista. Entre los dos podíamos hacer todo, no necesitábamos a nadie. Belinda y Debbie no venían más que cuando tenían ganas. Al principio no les molestaba. Pero después de un año y medio, comenzaron a fastidiarse”.

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“No quiero citar nombres, pero ciertos grupos que no venderán jamás un disco costarán más caro que nosotros a Creation. Sobre todo en la música dance. El sello invirtió fortunas que no recuperará jamás. No le debo nada a nadie”.

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“Soy el que dirige, el que hace de motor. Pero ellos son más concretos que yo, por eso me permiten avanzar. Son más sólidos, más realistas, mis ideas los necesitan. El escenario es mi punto débil. Me siento mejor en el estudio”.

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“Alrededor mío, todos fueron sacudidos por profundas depresiones. No sé si está ligado a la edad, a la proximidad de los treinta, el caso es que todos vivimos lo mismo”.

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“Mis letras son totalmente incoherentes, pero las de Belinda son más precisas, más emocionales. Yo solo escribo frases quebradas, vagas. Si llegaras a leer mis letras, seguramente las encontrarías estúpidas. Si pudiera encontrar palabras que encajaran perfectamente con mi música, sería feliz. Me encantaría que las personas les encontraran un sentido, pero no puedo escribir con la facilidad con la que compongo”.

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“En la mayoría de las bandas que me gustan, las letras son menos importantes que el impacto general, que el efecto final. Mira a los Ramones, o a los Beatles, por ejemplo. Cuando piensas en ellos, nunca uno se detiene solamente en las letras. No son Dylan, que es célebre por las letras de sus canciones. Quizá también sea el caso de Neil Young. Amo sus canciones, pero prefiero aquellas en las que la melodía está sobre la palabra. Mira a las Cocteau Twins: serían mucho más populares si sus letras fueran más accesibles”.

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“En una época tomaba todo lo que me caía en las manos. Encontraba con mucha facilidad la inspiración, estaba lleno de ideas. Pero era incapaz de aplicarlas. Entonces dejé de tomar todas esas drogas que jugaban con mi cabeza. Podrían haberme ayudado si las hubiera tomado en pequeñas dosis, pero yo tomaba mucho, y no me servían de nada. Hoy me conformo con fumar. Para mí, es necesario, es mi válvula de seguridad. Es la única forma que encuentro de desconectar mi cerebro. De ahí seguramente venga nuestra fama de perezosos”.


Sobre el autor:

Alejandro Jofré |
Editor de Culto. En Twitter es @rebobinars