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Culto
Y de la nada a la nada

Y de la nada a la nada

La poesía de Jorge del Río crea umbrales sólidos a partir de intervenciones mínimas. Aquí priman la introspección, el escepticismo, la paradoja de la escritura y un humor lúgubre bastante notable.

Dolora quietud, el noveno libro del poeta Jorge del Río (1955), tiene un encanto poco común: es breve, es conciso, se lee con relativa rapidez, pero al mismo tiempo transmite emociones complejas, plantea observaciones profundas y provoca reacciones intensas. Los poemas en general son cortos, afilados al máximo, y no llevan título, lo que ayuda a darle cierta continuidad de ánimo a la propuesta. Por lo demás, el hablante parece ser siempre el mismo, situación que crea un lazo de intimidad con el lector desde muy temprano, lazo que se ve fortalecido por medio de declaraciones atractivas, partiendo por el epígrafe, que, en rigor, constituye una espléndida invitación a la lectura: “Hay veces en que la vida nos hace sentir su finitud / antes que nuestra propia muerte”.

Dividido en dos partes (“Dolora” y “Quietud”), el poemario rinde honor en la primera de ellas a una invención del poeta español Ramón de Campoamor, las doloras. Según el diccionario, la dolora es una “breve composición poética de espíritu dramático, que encierra una reflexión”. Según Campoamor, las doloras son “una clase de composiciones en las cuales, así como en una semilla van contenidas todas las partes de un árbol, se reuniesen los principales atributos de la poesía lírica, uniendo la ligereza con el sentimiento y la concisión con la importancia filosófica”. Según Del Río, “Sólo en mis doloras gime la sangre / La mía La única propia”.

Del Río no se detiene a explicar lo recién dicho en su libro, no tendría por qué hacerlo, sino que a punta de concisión, sutileza y oficio, consigue darle nuevos lustres a la ocurrencia de Campoamor. El efecto por supuesto que sorprende: lejos de ventear algún tufillo decimonónico, lejos de sugerir la sujeción a una fórmula establecida o a algún tipo de arcaísmo, las composiciones de la primera parte del libro son sumamente contemporáneas, ágiles en ritmo, sueltas, por lo general mínimas, aunque siempre evocadoras cuando no contundentes.

La introspección es el ejercicio que predomina al principio. Luego de algunas preguntas trascendentes expresadas a través de sucesivas doloras -“Qué de mí habitas / que te enciendo y no te veo”; “Qué de mí rasguñas / que de a poco voy perdiendo la cordura”; “Qué de mi cordura guardo / para mantenerte distraída de mi grito”; “Qué de mí tiembla / cuando afuera truena la arremetida”; “Qué de mí se aquieta / después de una bella casualidad”-, el hablante concluye lo siguiente: “Qué de mí descubro / en estas doloras de mi andanza // Tal vez todo lo solo / Tal vez todo lo triste / Tal vez todo lo intenso / Y mi corazón desmanteladamente enloquecido // Es lo que me habita / Es lo que me rasguña / Es lo que me tiembla / Es lo que me guardo / Es lo que finalmente me aquieta”.

En “Quietud” los poemas son más extensos y dan pie a divagaciones articuladas. Puede que allí también exista cierta disposición abnegada en el hablante, un escepticismo que a veces niega incluso la palabra, aunque ésta, evidentemente, resulta imposible de reprimir. Aquí hasta el silencio ofrece chispazos de elocuencia: “En qué sendero de ese lugar sin estrellas / pudo enredarse su callada voz despierta en la noche / su palabra de orilla ebria / que ya días hace que no la veo entrar en mi templo // Sea bienvenida entonces la mudez de lo desaparecido / la esperada quietud de lo inexistente”.

La presencia del mar es un elemento clave en la poesía de Del Río, al igual que la paradoja que encierra el acto de escribir, el erotismo sugerido, la certeza de la muerte, las condiciones más bien fatales que impone el paso del tiempo y un humor lúgubre: “De verdad dormir es siempre una buena postergación / Y morir la solución”. Pero incluso así, bien lo sabe el hablante, existe lo otro, lo que media entre el primer y el último instante: “Y de la nada a la nada / Y en el intertanto / Vivir como inmortal”.

Dolora quietud

Jorge del Rio

Pequeño Dios Editores

2016

$ 10.000

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