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Culto
Piernas temblorosas: el origen del baile de Elvis

Piernas temblorosas: el origen del baile de Elvis

Elvis Presley tenía 18 años cuando comenzó su aventura por grabar en una disquera, ser publicitado y adquirir reconocimiento por lo que amaba hacer: cantar y tocar la guitarra. No tuvo éxito cuando comenzó a golpear puertas, pero fue en esas primeras presentaciones que surgió el baile que lo distingue.

Elvis Aaron Presley se había presentado en Sun Records para grabar un demo, pero el resultado fue un regalo para su madre, solo eso. Desde el sello discográfico no obtuvo la aprobación que buscaba ni mucho menos el impulso que necesitaba para iniciar su carrera musical.

Con 20 años de edad, la audición que hizo para la disquera fue desastroza y por ende, también los resultados: “Empecé a saltar arriba y abajo, me decían, y no estaba consciente de ello. Mis piernas enteras temblaban, principalmente porque estaba tan nervioso y excitado, pero también porque puedo sentir la música más cuando me dejo a mí mismo reaccionar”, contó Presley según el libro Elvis – Word for Word: What He Said, Exactly As He Said It (Jerry Osborne Enterprisesescrito por Jerry Osborne en 1999.

No recibió una llamada de vuelta hasta cinco meses después, como cuenta Joaquín Barañao en Historia freak de la música (Planeta). Era julio de 1954 cuando Sam Phillips, ejecutivo de Sun Records decidió contactarlo y darle otra oportunidad ya que buscaba “un hombre blanco que tuviera el sonido de un negro y el sentimiento de un negro”. La primera canción no le dio lo que quería, pero “That’s all right (Mama)” de Arthur Crudup sí.

Fue con esta canción que Phillips apreció las dotes de Elvis, por lo que decidieron emitirlo por radio tres días después. Fue un éxito inmediato, tanto que fue convocado para tocar en vivo juntos a dos músicos locales reclutados por el ejecutivo de Sun Records: el guitarrista Scotty Moore y el bajista Bill Black.

Sin embargo, la emoción del momento nuevamente se apoderaría de Presley. Era su primer show en vivo, la oportunidad para comenzar su ruta al estrellato o chocar contra el suelo para olvidarse de seguir una veta artística.

“Cuando llegó mi turno, estaba completamente tieso de miedo. Yo y mi banda salimos allá afuera y preparamos las cosas y estábamos listos para comenzar. ¡Pero hombre, no nos podíamos mover! Éramos como un manojo de cadáveres, estábamos tan asustados. Creo que había cuatro o cinco mil personas en la audiencia, y me miraban fijamente y yo los miraba fijamente a ellos. Entonces alguien en la sección de los bajos se armó de coraje y empezó a tocar, y los otros siguieron, y antes de darme cuenta estaba cantando”, registra Jerry Osborne en su libro sobre el El Rey.

Pero a medida que la canción avanzaba, los ánimos de la gente aumentaron y los nervios se fueron disipando: “Y entonces la audiencia empezó a chillar un poco, y luego alguien comenzó a gritar y después todos siguieron con eso y realmente teníamos un baile. Dejé el escenario y aplaudieron y me llamaron de vuelta. No podía entenderlo. No tenía la más remota idea de qué estaba haciendo que les gustaba”.

Más que la música, más que su voz, el público se exaltó por su desplante espontáneo sobre el escenario. Una serie de movimientos involuntarios que confundieron con un baile premeditado: “Mi agente me dio un empujón hacia el escenario y me dijo que volviera allá afuera e hiciera lo que había estado haciendo, y dije ‘¿Qué estaba haciendo?’ Dijo ‘¡Tus piernas se han estado sacudiendo con la música y tus ojos crispándose y tus hombros crispándose y todo!'”.

Su voz grave, la belleza de sus canciones y el talento como actor; no hubiesen sido lo mismo sin aquel movimiento frenético de piernas y caderas que nacieron de los nervios de un debutante. Aquello que pudo ser visto como un defecto, se convirtió en un símbolo del rock and roll y de la música.

Sobre el autor:

Mónica Garrido |
Periodista de La Tercera. En Twitter es @monigarridov