*

Culto
Joaquín Sabina: “Además de escritor de canciones soy un ciudadano aprendiendo a envejecer”

Joaquín Sabina: “Además de escritor de canciones soy un ciudadano aprendiendo a envejecer”

Antes de su regreso a Chile, el español detalla su presente y desacredita el mito en torno a su figura. “Ahora tengo un estupendo bar en casa”, cuenta.

Ni el “Ángel con Alas Negras”, ni el “Rey de los Suburbios”, ni el “Dylan Español”. Tampoco el “Profeta del Vicio”, como lo bautizó la prensa chilena en una de sus visitas. En “Lo niego todo”, la canción que le da el título a su decimoséptimo disco, Joaquín Sabina (68) rehuye de su propia leyenda enumerando todos los apodos que le han colgado en sus más de cuarenta años de carrera artística, incluyendo el que más detesta: “el ‘Juglar del Asfalto’, ese me parece abominable, una cursilada tremenda”, dice riendo al otro lado del teléfono, con su voz gastada por décadas de bohemia, nicotina y todo ese imaginario de taberna que el cantautor español intenta desmitificar -no sin cierto sarcasmo- en su último LP.

Es con ese álbum, el primero que lanza en ocho años, que Sabina regresará a Santiago con dos conciertos consecutivos en el Movistar Arena, el 24 y 25 de octubre. Un hito que da cuenta de la fortalecida relación entre el autor de “Princesa” y el público local, que nació con el debut del primero en el Festival de Viña de 1993. “En Chile empecé más tarde, pero cada vez que vuelvo noto que se ha ido sumando gente, que las canciones han empezado a formar parte de la memoria sentimental de un par de generaciones”, comenta.

—Aquí fue también donde se le bautizó como “Profeta del Vicio”, parte de la mitología de la que se burla en su disco. ¿De dónde surge esa idea?

Cuando vi ese titular pensé: “Me sobrevaloran” (ríe). Lo que ocurre es que todo eso, con los años, se fue convirtiendo en una caricatura, una bastante ridícula. Y yo, que nunca he sido mitómano ni me he considerado nada parecido a un mito ni a ningún tipo de cosa legendaria, creo que para burlarse del mundo del modo en que a mí me gusta hay que empezar burlándose de uno mismo. Así pensé este disco, a partir de la idea de mirarse al espejo y sacarse la lengua.

—¿Su rutina actual dista mucho de esa imagen que se ha construido en torno a su figura?

Bueno, además de escritor de canciones y versos soy un ciudadano que está aprendiendo algo que era muy difícil para la gente de mi generación: envejecer. Recuerdo muy bien cuando tenía 20 y pensaba que a partir de los 40 la gente no tenía vergüenza y perdía todo. Pero mi generación, que es un poco más joven que la de Dylan y los Rolling Stones, es la primera del rock y el pop que ha conseguido envejecer con cierta dignidad. Aunque yo he dicho que quiero envejecer sin dignidad.

—¿Su vida hoy es más reposada? En Lo niego todo reconoce “llorar con las más cursis películas de amor” y que lo “echaron de los bares que usaba de oficina”

Sigue siendo noctámbula pero es menos callejera, aunque no tengo mucha culpa en eso. Yo escribía versos en los bares, me gustaba mucho estar rodeado de gente sin que me conocieran, pero ya no puedo estar a las 3 de la mañana en un bar sin que se produzca una especie de cosa rara que no es lo que busco. La gente es muy cariñosa pero a veces muy pesada también. Entonces ahora tengo un estupendo bar en mi casa al que vienen mis amigos.

—¿Le piden muchos saludos y selfies?

Me parece que todo esto de las nuevas tecnologías y las redes sociales se han convertido en algo que incomunica a la gente. He visto en los restaurantes a parejas que en lugar de hablar están los dos revisando su teléfono móvil. Yo no tengo móvil ni internet ni redes sociales, soy muy chapado a la antigua en ese sentido. Me gusta hablar y abrazar, me siento en otro planeta que no tiene nada que ver con las nuevas tecnologías. Supongo que me pierdo algo, pero quiero creer que es más lo que gano.

—Es un mundo donde parece dominar la corrección política. ¿Se siente ajeno a ese tipo de discurso también?

A mí eso me parece abominable, ya no se pueden hacer bromas sobre nada. No sólo se ha perdido la libertad de prensa sino también el humor, por culpa de estos idiotas que no tienen ninguna gracia y sólo se dedican a odiar y vomitar en las redes sociales. Me alegro mucho de estar tan lejos de todo eso.

Sobre el autor: