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Culto
Las mujeres que dominan la electrónica

Las mujeres que dominan la electrónica

Un grupo de mujeres se apodera de la tarima y las perillas, y conducen el paseo nocturno desde el under hasta los festivales más importantes. Acá, Andrea Paz, Valentina Montalvo, Fernanda Arrau y Pía Sotomayor, hablan de la escena, los desafíos y las colaboración entre las que se paran tras las tornamesas.

Andrea Paz es DJ y productora de las relevantes fiestas Club Sauna en Chile. Durante este septiembre, levantará aquí la celebración Dekmantel, una de las plataformas más importantes de Europa, que viene levantando fiestas en todo Latinoamérica. Andrea Paz lleva más de 13 años trabajando en música y lanza este mes su disco debut, luego de un largo recorrido. “Estoy tratando de encontrarme, lo interesante de esto para mí es ser artista, más laboratorio, hacer este ejercicio de encerrarse a intervenir sonidos, grabando cualquier cosa y mezclarla en otra, investigar y jugar hasta llegar a un sonido propio”, afirma Paz sobre la importancia de no ser “uno más con la misma máquina sonando igual que todos”. Entre los cientos de fiestas y eventos y el paso de la electrónica de un nicho a una pasión masiva, hay un grupo de mujeres que está creando música, propuesta e industria, dispuestas a tomarse los sintetizadores, y, como dice Paz, diferenciarse. “Cuando me entra el bicho del exitismo y lo comercial, me calmo. La única persona que me apura seré yo. No quiero ser una marraqueta de la panadería”, dice.

Valentina Montalvo es Valesuchi, y comparte plenamente la idea de Andrea Paz. Viene recién llegando de Brasil donde hizo desde workshop hasta presentaciones de cuatro horas en el under más prendido, gracias a su paso por Redbull Academy y su variopinto corto, Golosynth, del 2015. “Matías Aguayo me dio un gran consejo: que mi obra sea narrativa, que sea un disco que valga la pena escuchar, que sea world listening. Eso quiero yo porque me voy a morir pero mi obra va a quedar y tiene que ser honesta. No será perfecto pero será mío”.

Son las composiciones de una mujer que se abre espacio en la noche, que suele ser vista como masculina en Chile, algo bastante distinto al país carioca. “En Brasil la fiesta se trata de la mujer, y no en modo de cacería, sino de admiración. La energía de las fiestas es liderada por las chicas”, dice Montalvo, quien a principios de 2017 volvió a Chile al festival Ruidosa, donde impartió un taller en el que el número de mujeres y hombres fue el mismo.

Fernanda Arrau, quien hoy reside en España, es la responsable de los álbumes Cambio/Fuera y A Larga Distancia. Ella cuenta: “Hoy en día es un poco menos complicado ser una mujer DJ, pero hace 10 años la historia era otra. Chile es un país machista y da mucha pena ver ciertas situaciones como los Premios Pulsar donde hay muy pocas involucradas”, dice. Por esta misma razón, su último lanzamiento viene con dos invitadas: Planta Karnívora y Elisita Punto. “Yo creo que como mujer el problema es la vida. Es aplicable a cualquier cosa que hagas. Como DJ se ve en las fiestas cuando se sube un hombre a sacarte como si fueses la encargada de limpiar las máquinas, no te saludan, no te miran”, agrega Andrea Paz, quien comparte junto a Valesuchi la estadía discográfica en Cómeme.

Pía Sotomayor mezcla hace 15 años, pasó por El Pinchadiscos de Radio Zero y es una de las cabecillas de la productora Fauna. Sus primeras aventuras junto a Fernanda Arrau y su Denon 4500 la llevaron a recorrer los principales lugares del circuito electrónico y hoy está lista para ir un poco más allá, bajo el nombre Kleine Pía. “Hace como cuatro años empecé a comprarme maquinitas y he estado muy silenciosa produciendo música”, cuenta sobre esta parte de su carrera que, por el momento, más ha sabido de mezcla de que produción. “He mostrado poco pero no tengo apuro porque no tengo ningún propósito más que el de hacer música. No tengo ganas de caer en una escena o llegar a algún festival. Me interesa hacer música honesta y nada más”.

Sotomayor pasó por Ruidosa como parte de un panel,y cuenta sobre otras experiencias. “Siempre pensé que me invitaban a tocar porque lo hacía bien, no porque era mujer, pero me he dado cuenta que los productores caen en lo políticamente correcto al momento de seleccionarnos”, relata entre anécdotas sobre su apariencia y peticiones descabelladas como “djs que luzcan nórdicas para ciertos eventos”. “Ahora estoy armando un colectivo con amigas para cuidar el entorno, no es con el fin de excluir, pero queremos trabajar la música bajo nuestras reglas, queremos un ambiente seguro donde no aparezca un sonidista pasando por atrás tuyo y quede como talla del ‘ay, te rayé la pintura’”.

Todas, a su manera, construyen el camino para que más mujeres se aventuren en las máquinas, en una escena que empieza a mostrar lo mejor de lo suyo. “Antes de profesionalizarme tenía la idea de que el círculo era muy cerrado, pero siento que hoy hay nuevos sellos, artistas y espacios para este crecimiento que viene hace diez años y que hoy nos tiene con exponentes del primer nivel”, asegura Arrau, que además decora las filas de creación del Sello Pirotecnia.

“Me gustaría que fortalezcamos la escena local a tal punto que se vuelquen los ojos hacia acá. Hay productores que son lejos lo más llamativo de la región, la vibra que hay en Chile es poderosísima”, concuerda Sotomayor, que hace pocos meses reventó la Sala Omnium junto a Andy Bluter de Hercules and Love Affair. “Podríamos ser más potentes si tuviésemos más identidad, eso sí”, cree Andrea Paz. Ella siente que hay una tropa de productores mirando a Europa y que se olvidan de la región que tiene virtudes tan importantes como compartir el mismo idioma casi en totalidad.

Y las músicas concuerdan en que pegarle al del lado no sirve de mucho: “Siento que las mujeres estamos más allá de la competencia, de pegarnos codazos. Cuando me liberé de eso entendí que los objetivos son otros”, remata Kleine Pía.

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