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Culto
Barenboim en la tierra de Arrau

Barenboim en la tierra de Arrau

El gran director y pianista argentino condujo anoche a la West-Eastern Divan Orchestra, la agrupación que reúne a músicos árabes e israelíes, en un enérgico concierto con obras de Strauss y Tchaikovsky en el teatro CorpArtes. Antes, durante la mañana, no escatimó palabras en elogiar a Claudio Arrau, una de sus grandes influencias musicales.

Energía. Velocidad. Entrega. Estas tres características marcaron todo el concierto que anoche ofreció la West-Eastern Orchestra dirigida por Daniel Barenboim, uno de los grandes conductores y pianistas del último cuarto de siglo. La oportunidad de verlo como director (había venido como pianista en el 2000) era una deuda pendiente y, al menos por cómo respondió el público al final de cada una de las dos obras, ya no hay saldos por cobrar.

La West-Eastern Divan Orchestra es una agrupación sub 40 (y en muchos casos sub 30) y aquel desenfado y arrebato juvenil se sintió tanto en el virtuoso poema sinfónico Don Quijote de Richard Strauss (con el chelista Kian Soltani y la violista Miriam Manasherov como solistas) como en la lírica Quinta sinfonía de Piotr Ilich Tchaikovsky. En el intermedio, Barenboim y Soltani aprovecharon de regalar El cisne de Camille Saint-Saëns y al término del concierto dirigió otras dos piezas cortas adicionales.

Antes de ofrecer el concierto con la West-Eastern Divan Orchestra, agrupación de músicos árabes e israelíes que creó junto a su amigo intelectual y literato Edward Said en el año 1999, Barenboim habia ofrecido una amena conferencia, salpicada de ciertas anécdotas. Al centro de aquellas historia siempre estuvo el gran pianista chileno Claudio Arrau.

“Es tan corto este viaje. Hubiera querido ir a Chillán a visitar la tumba de Claudio Arrau, pero el tiempo no alcanza. Tengo que volver a Chile de nuevo”, comentaba Barenboim r al inicio de su conferencia de prensa en el edificio de CorpArtes. “Arrau es una de las personas que más he admirado en mi vida. Yo iba al Teatro Colón de Buenos Aires a escucharlo y creo que la primera vez que lo vi tenía 7 años. Me enseñó a pensar la música, a entenderla, porque era uno de los pocos que se preocupaba de saber lo que había detrás las notas”, cuenta el pianista y director argentino de ascendencia judía. Barenboim viene de dirigir a la West-Eastern Divan Orchestra (WEDO) en Buenos Aires durante el fin de semana y la conducirá otra vez en un concierto este domingo al aire libre en Berlín.

Su agenda y de la WEDO es agitada como un dínamo incombustible, pero aún así el maestro porteño tiene tiempo para los recuerdos y reflexiones. Sobre Arrau, una influencia no tan conocida en él, ayer proseguía: “Luego en Nueva York lo fui a ver varias veces a sus conciertos y él también me vio a mí. Me dio consejos y siempre me decía que tenía que ir a Chile. Me dio su númetro telefónico y su dirección y durante una tarde fui a su casa de Long Island (Nueva York). Era 1961 y se dedicó a analizar mi forma de tocar. Arrau le tenía terror a los pianistas que eran mecánicos y duros para tocar. El prefería tocar de una manera ‘redonda’. Luego lo dirigí mucho: él y (el polaco) Arthur Rubinstein son dos de los que más conduje”, cuenta el músico, que ya a fines de los años 60 comenzó a desarrollar una doble carrera como pianista y director.


La orquesta del respeto

Daniel Barenboim, que ha tocado conciertos en todo el mundo con la WEDO (desde Ramallah a Berlín), no cree demasiado en las frases para el bronce. A pesar de que su agrupación es un esfuerzo por tender puentes culturales entre árabes e israelíes al incluir miembros de ambos pueblos, sabe que no es una escalera al cielo ni un puente blindado a la paz.

“Este proyecto no tiene que ver con la paz. La paz necesita muchas más cosas que una orquesta. Es halagador que digan esas cosas de la agrupación, pero ya quisiera yo que todo fuera tan fácil”, comenta. ¿Y qué hay de la tolerancia, aquel valor que tanto se menciona para hablar de entendimientos? Barenboim es más bien políticamente incorrecto: “No se trata de tolerar al otro porque sí. Eso es horrible: aquello de ‘yo te tolero, aunque seas estúpido’, ‘yo te tolero, aunque seas un criminal’. La tolerancia por sí sola es negativa, pues significa aguantar por aguantar. Y esto no lo digo yo, sino que ya lo planteó antes Goethe: ‘La tolerancia es sólo el primer paso para salir de la animosidad’”.

Pero a la hora de poner a tocar a un árabe y a un israelí en la orquesta, ¿cómo lo hace Barenboim? ¿Hay discusiones políticas entre ambos? ¿Existe aquella tolerancia inicial? El conductor lo explica así: “Sentaba, por ejemplo, a un sirio y a un israelí afinando el chelo en el mismo atril. Les pedía el mismo tono, similar dinámica. Si hacen eso seis horas al día, a los tres días todo cambia bastante. La música termina funcionando como puente. La concentración mutua los ayuda. Les pido que antes que nada sean musicalmente uno solo”.

No es que la WEDO busque que todos uniformen el pensamiento. Por el contrario, se trata de fomentar la discusión: “Los músicos no tienen por qué poseer el mismo relato, pero sí pueden intercambiar sus puntos de vista y dialogar. El respeto que se logra al hablar uno al otro es lo más valioso a fin de cuenta”.

Desde la fundación del conjunto, han aumentado los conflictos en la región, potenciados por la llamada Segunda Guerra de El Líbano, en el 2006, y por la elección del primer ministro israelí Benjamin Netanhayu. “Considerando como están las cosas ahora en Medio Oriente, hoy no podríamos haber creado esta orquesta, que fue hecha desde cero”, afirma el director.

Hombre de múltiples nacionalidades (posee pasaporte israelí, palestino, español y argentino), Barenboim tiene una postura decidida contra el gobierno actual de Israel. Para él, el boicot es una legítima arma de protesta. “Estoy por el boicot al gobierno de Israel. Tampoco, por ejemplo, bebo vinos de uvas cultivadas en los Territorios Palestinos Ocupados. Además, el argentino es mejor (ríe). Pero tampoco dirijo a la Filarmónica de Israel, con la que toqué por primera vez en el año 1953. Llevo 10 años sin presentarme con ella, pues no quiero tener nada que ver con el gobierno actual de Israel. Es la negación de la historia del judaísmo. Es decir: no entiendo cómo nosotros los judíos, que fuimos perseguidos durante 20 siglos, podemos estar ocupando la tierra de otro pueblo”.

Conocido por ser un gran intérprete de Richard Wagner, Daniel Barenboim condujo al compositor en el 2001 en Israel y básicamente recibió la reprobación del gobierno y de parte de sus compatriotas. Otros, incluyendo los que decidieron quedarse en ese concierto, creyeron que el gesto fue una muestra de coraje e independencia artística.

Se sabe que Wagner era el músico favorito de Adolf Hitler y que sus composiciones se tocaban en los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. A Barenmboim, aquel episodio aún le duele y cree que se trata de un triste malentendido: “Wagner fue un grandísimo compositor y un antisemita asqueroso ¿Pero saben cuándo murió? En 1883. Hay mucha gente, particularmente en Israel y gracias a la desinformación, que piensa que Wagner estaba vivo en 1942 y era amigo íntimo de Hitler. Eso es ignorancia. Por otro lado, tengo muy claro que en las cámaras de gases se tocaba la música de Wagner y comprendo que muchos judíos no quieran oírlo. Pero no se puede prohibir a todos escuchar su música”, concluye.

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