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Culto
Mauricio Vera: bailarín con alma de futbolista

Mauricio Vera: bailarín con alma de futbolista

Entre el 11 y 13 de agosto, solistas de las más renombradas compañías del mundo llegarán hasta el Teatro Municipal de Las Condes para dar vida a la Gala Internacional de Ballet. Evento en el que participará un chileno que hoy triunfa en EE.UU., pero que cuando niño jugó para las divisiones infantiles de Colo Colo y soñó con vestir la camiseta de La Roja. Esta es su historia.

Mientras las luces del escenario del Teatro de Granada, en Santa Bárbara, Estados Unidos, se encendían por completo y el público estallaba en aplausos, los bailarines del State Street Ballet subían a saludar a los asistentes que ese 18 de diciembre de 2016 repletaron el recinto para disfrutar de la clásica función navideña de Cascanueces.

Durante unos minutos los bailarines recibieron ramos de flores y realizaron reverencias de agradecimiento, pero el chileno Mauricio Vera, parte del elenco, tomó el camino contrario al de sus compañeros y se escondió tras bambalinas.

Allí permaneció unos minutos hasta que, en gloria y majestad, hizo su aparición y sorprendió a su novia con un anillo de compromiso y una propuesta de matrimonio delante de cientos de personas.



La brasileña Deise Mendoca, quien personificó a la Hada de los dulces, apenas pudo contener las lágrimas de la emoción y entre sollozos pronunció el esperado “sí”.

La noticia de lo que había ocurrido esa noche se viralizó rápidamente y el nombre de Mauricio, bailarín chileno que triunfa en las grandes ligas de la danza clásica en Estados Unidos, interpretando roles de solista en el State Strate Ballet de Santa Bárbara, apareció en los medios de comunicación de todo el mundo.

Esa noche se durmió contento. No sólo porque su novia aceptó casarse con él, sino también porque con esta pomposa pedida de mano logró un efecto colateral: acercar indirectamente el ballet a miles de personas que siguieron su historia de cuento de hadas en redes sociales, incluso a quienes nunca han tenido la oportunidad de pisar un teatro y ver una función en vivo.

Hoy, Mauricio Vera está de regreso en Chile para presentarse, junto a otros renombrados bailarines nacionales e internacionales, en la Gala Internacional de Ballet del Teatro Municipal de Las Condes, que se realizará entre el 11 y 13 de agosto. Un evento en cuya organización ha trabajado arduamente durante meses.

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La primera vez que Mauricio se puso las zapatillas de ballet y quiso pararse en media punta casi no soportó el dolor. Los toperoles le habían causado heridas en la planta de los pies.

En ese entonces tenía 14 años y apenas se sacaba los chuteadores para ir al colegio, donde durante los recreos bailaba al ritmo de los Backstreet Boys imitando a Nick Carter.

Durante su infancia integró el Bafochi y participó en un sinnúmero de actividades extraprogramáticas, pero el fútbol siempre fue su pasión. “Cuando chico las hice todas, pero en un momento me di cuenta que no podía hacerlas todas”, relata a Culto.

Siendo un niño soñó con convertirse en jugador profesional mientras integró las divisiones infantiles de Colo Colo hasta que la muerte de un amigo de la liga lo alejó “momentáneamente” del fútbol, o eso creyó.

En esa época los cuerpos de baile en los matinales tuvieron su boom y Mauricio se presentó a un casting de La Mañana del 13 donde fue descubierto por el coreógrafo Hugo Urrutia.

Comenzó a aparecer en pantalla, su popularidad entre las adolescentes aumentó y con sólo 14 años fue invitado a presentarse en la Quinta Vergara con la Generación 2000.

Pero el verano pasó y después de haber bailado meses completos en los estudios televisivos, se quedó sin ninguna opción en la industria. A Colo Colo no quiso volver porque se perdió un campeonato importante y sintió que le había fallado el equipo. Una nueva pasión se estaba despertando de a poco.

Hasta ese momento su vida iba a volver a ser la de un adolescente normal, pero el coreógrafo Eduardo Zúñiga, a quien conoció tras su paso por la TV y que hoy reconoce como las personas que más han marcado su carrera, le contó que había una audición en el Teatro Municipal y que quedaba a sólo cuadras de su casa.

“Yo fui muy asustado pero el director de la escuela, Patricio Gutiérrez, fue muy simpático conmigo (…) me preguntaron si ese mechón rubio que tenía en el pelo, y que me había pintado para salir en la tele, me lo podía quitar por la Escuela de Ballet”, recuerda Mauricio de ese momento.

A los días lo llamaron para felicitarlo porque había quedado seleccionado. Comenzó de inmediato las clases pero cuenta que a la semana se aburrió y desapareció del Municipal.

“Entonces llamaron a mi mamá y le dijeron que yo tenía condiciones y que estaban dispuestos a hacer una excepción y aceptarme de vuelta en la escuela”, cuenta. Un compromiso que finalmente asumió.

Pero el proceso para encantarse con este oficio fue lento. De a poco se dio cuenta que los logros en esta disciplina no son tan evidentes como en el fútbol donde un gol significa un triunfo.

“Tuve que aprender de a poco lo lindo del ballet. Yo era un hombre de 14 años y toda esa sensibilidad estaba perdida (…) estaba muy nervioso, con la ropa apretada, era muy distinto a mi ambiente, todo silencioso, se escuchaba el eco del piano. Era un mundo totalmente distinto para mí al que no le había puesto atención”.

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Sus primeros pasos en el ballet coincidieron con la llegada del nuevo milenio, pero los prejuicios y estereotipos que se asociaban a los bailarines aún no habían desaparecido.

En esa época ingresó a un nuevo colegio para cursar la enseñanza media, el liceo Arturo Alessandri, al que sólo asistían hombres y donde las peleas entre compañeros y las bromas eran habituales.



Recuerda que tuvo que aprender a sobrevivir esos primeros meses y se demoró en revelar a sus amigos –con los que mantiene contacto hasta hoy- que estaba formándose como bailarín clásico.

“Un día se me abrió la mochila y vieron mi soutien (protector que usan los bailarines para proteger la zona genital). Me quise morir. Tuve que explicarles que me obligaban a usarlo y ellos lo llamaron ‘el colaléss francés’”, recuerda hoy entre risas.

Después de este episodio le tocó otro desafío: reivindicar su oficio en público y delante de toda la comunidad escolar.

Fue para un aniversario del colegio cuando él representaba a su curso en la competencia de baile.

“Yo ya sabía pasos de ballet virtuosos y entonces todos me empezaron a molestar. Me gritaban ‘wooooou’, ‘maraco’, y con cada grito que yo escuchaba yo hacía otro y otro paso hasta que se cansaron. Con ese acto público les dije: si me siguen molestando yo me voy a lucir más. Todo el colegio hablaba de mí, fue loco”, cuenta.

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A los 18 años Mauricio terminó el colegio y fue aceptado inmediatamente en el Ballet de Santiago que ya estaba bajo la dirección artística de Marcia Haydeé. Un logro que recuerda con mucho orgullo ya que en varios años un hombre chileno no había sido contratado por la Compañía.

Durante 6 años integró el cuerpo de baile, pero tuvo la oportunidad de interpretar roles de solista.

“Hice mi carrera gracias a las lesiones de otro, de suplente”, cuenta sobre esa época Mauricio Vera: bailarín con alma de futbolistaa en la que protagonizó Cascanueces, Salomé, Don Quijote y Los Tres Mosqueteros, entre muchas otras, dice Mauricio, siempre con el apoyo de Haydeé, Georgette Farías, Marta Hertz, el bailarín Luis Ortigosa –de quien dice todo Chile debe agradecer por su talento y excelencia- , y los también renombrados artistas César Morales, Rodrigo Guzmán, Miguel Ángel Serrano, entre muchos otros.



Un verano tuvo la oportunidad de viajar a Nueva York de vacaciones, lo que profundizó su inquietud de radicarse en el extranjero. “Tomé clases y luego viajé por EE.UU. audicionando en varias compañías. Me tocó madurar mucho”, relata.

En 2011 firmó contrato con el Charleston Ballet Theater de Carolina del Sur y un año después se integró al Street State Ballet de Santa Bárbara bajo la dirección de Rodney Gustafon donde baila hasta la actualidad roles principales y de solista. Además es constantemente invitado a presentarse en otras compañías.

Desde EE.UU. sigue “con mucho respeto y agradecimiento” el trabajo que realiza el Ballet de Santiago, y cada vez que regresa a su país natal intenta aportar en proyectos que acerquen la danza clásica a la sociedad chilena, como por ejemplo, la Gala Internacional de Ballet, evento en el que ha participado como uno de sus principales organizadores.

Mauricio cuenta que todavía se le paran los pelos cuando huele pasto seco y recuerda su paso por Colo Colo siendo solo un niño que soñaba con integrar la Selección. Recuerda cuando el entrenador le agarraba la camiseta y lo alentaba en medio del partido. Vibra con cada triunfo de La Roja y reconoce que la rigurosidad que aprendió con el deporte le han ayudado a llegar hasta donde está hoy.

“Soy un bailarín con disciplina deportiva”, asegura y agrega: “Me encantaría que el ballet fuera tan popular como el fútbol e intento aportar –humildemente- para que más personas puedan conocer y disfrutar de la danza clásica”.



Coordenadas Gala Internacional de Ballet

Fechas: 11 al 13 de agosto en el Teatro Municipal de Las Condes

Horarios: Viernes y sábado a las 20.00 hrs y domingo a las 17.00 horas.

Descripción: En el evento se presentarán veinticinco artistas de la talla de Matthew Golding (Royal Ballet), la nominada a los premios “Benois de la Danse”, Ksenia Ovsyanick y el brasileño Denis Vieira, ambos del Staats Ballet de Berlín, dirigidos en Chile por el maestro Zdenek Konvalina, ex primera figura del English National Ballet. También sobresale la solista rusa del Teatro Bolshoi, Diana Kosyreva, partner de Ivan Vasilief en múltiples galas, entre otros destacados bailarines, que interpretarán obras maestras del repertorio clásico.

Entradas: Desde $7.600 a $32.000 en Teatro Municipal de Las Condes.

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