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Culto
Lila Downs: una fuerza imparable

Lila Downs: una fuerza imparable

A los 48 años su número, las canciones, los detalles interpretativos, la puesta en escena, la envergadura de la banda, todo exuda una calidad abrumadora. No hay pausas ni ripios. La música de Lila Downs fluye en vivo como una fuerza imparable que envuelve con gracia y sin palabras sobrantes.

“Alma, corazón y vida” de Los Panchos y “Ne me quite pas” de Jacques Brel. Ana Tijoux lleva un traje negro y canta en el teatro municipal de Santiago la tarde del domingo. El lugar está repleto a la espera de la cantante mexicana Lila Downs. Guitarras y percusión acústica acompañan a la figura chilena que en la formalidad es uno de los mejores nombres del hip hop y la fusión latinoamericana. Con ambos temas y la pompa del lugar el tiempo parece retroceder. Ana Tijoux vuelve rápidamente al siglo XXI, a la contingencia, con la rítmica “Antipatriarca”. La aplauden. La vitorean. Remata con “Calaveritas”, un vals. Pausa. Suena la alarma característica del Municipal para volver a la sala. Las luces descienden. Destaca el decorado de mesas con manteles y lámparas rojas. Ocho músicos se reparte en escena incluyendo sección de bronces, bajo, guitarras, batería. Irrumpe Lila Downs. Canta “Mezcalito”. Coge una botella y vierte algo de líquido en el piso “para la madre tierra”. Bebe un trago. Baila como si estuviera ligeramente embriagada siguiendo la percusión densa y cadenciosa. El tema aún no termina pero está clarísimo que los músicos son tremendos. Vienen de vuelta.

Lila Downs, en el Teatro Municipal de Santiago. Foto: Rodrigo Galvez.

La mezcla tiene algunos problemas con la voz en la siguiente, “Humito de Copal”. El grupo la ahoga. Al tercer tema cuando Lila Downs está de rodillas cantando “La Martiniana de mi tierra Oaxaca”, la calidad del sonido mejora y permite que el registro y sobre todo el dominio de la mexicana comience a copar y remecer el teatro mediante los aires de lamento del corte. Sostiene dramática la última nota. El público la aplaude impresionado.

Foto: Rodrigo Galvez.

“Raíz africana, raíz indígena, raíz española, con ustedes La Iguana”, presenta Lila, y el tema es pura fusión y gracia con uno de sus guitarristas haciendo un pequeño número de zapateo. Con “Inmortal” la artista despliega un abanico (punto aparte como saca provecho del vestuario de vivos colores) y nuevamente sobrecogen los matices, los detalles y las sutilezas en la interpretación. En “Peligrosa”, una combinación entre soul y blues, fue como imaginar a Mon Laferte con más carrete. Cuatro bailarines acompañan “Son de Juárez” sobre Benito Juárez “el primer presidente indígena de este continente”, subraya Lila, mientras el coro repite “el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Foto: Rodrigo Galvez.

La noche avanza con aires de ranchera en “Vámonos”. Luego propone un juego entre “un tejano y uno de Oaxaca” (una de varias alusiones a los “gringos”), y dos de sus músicos se baten en un duelo instrumental. Más tarde habrá otro lucimiento de un trompestista mientras Lila Downs observa a un costado aplaudiendo, bailando sonriente, disfrutando del espectáculo que ha montado y de la reacción del público.

A los 48 años su número, las canciones, los detalles interpretativos, la puesta en escena, la envergadura de la banda, todo exuda una calidad abrumadora. No hay pausas ni ripios. La música de Lila Downs fluye en vivo como una fuerza imparable que envuelve con gracia y sin palabras sobrantes. No solo México marca presencia en su cancionero sino una combinación amplia de la naturaleza musical latinoamericana desde el norte hasta el sur, presentada con máximo esplendor.

Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras