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Culto
Game of Thrones, The Spoils of War: basta de planes ingeniosos

Game of Thrones, The Spoils of War: basta de planes ingeniosos

Superada o no la filtración del cuarto episodio, Game of Thrones siguió avanzando y por ende, la guerra. Más reencuentros y la sangre en el campo de batalla, marcaron este nuevo episodio de la ficción de HBO.

*Alerta de spoilers*

Daenerys Targaryen logró su cometido de tomar posesión de Roca Casterly a manos de su ejército de Inmaculados. Sin embargo, no contaba con que los Lannister predijeron este ataque y dejaron a sus atacantes atrapados en una isla sin provisiones. Pero esto no fue todo.

Los Tyrell fueron víctima de la Casa de los leones, dejando a la madre de dragones sin sus recientes aliados y a Cersei saldando la deuda de la corona, con oro que no le pertenecía. El marcador indicaba dos puntos a favor de los actuales poseedores del trono de hierro.

El panorama luce mejor para los Stark. Una conversación con Meñique reafirmó que el joven cuervo de tres ojos, es la clave para  desenmarañar la telaraña que desde la primera temporada teje Petyr Baelish.

La daga de acero Valyrio que tenía por misión degollar al menor de los Stark, volvió a manos de Bran como un regalo de Meñique para congraciarse. “El caos es una escalera”, dijo Bran a Baelish, misma frase que este pronunció a Varys en la tercera temporada, explicando que “muchos intentarán escalarla y fallarán, sin tener la oportunidad de escalarla de nuevo”.

El cuervo de tres ojos es conocedor de todo, por lo que Meñique no tiene el camino fácil para sus tácticas de manipulación.

Arya por fin volvió a su hogar después de cinco temporadas sobreviviendo con destreza a los peligros de los siete reinos. Pero el lugar que la vio nacer ya no era el mismo. El Maestre Luwin y Sir Rodrick, quienes la criaron a ella y a sus hermanos, ya no estaban con vida y Jon Snow estaba ausente. Lady Stark estaba a cargo y sería la encargada de darle la bienvenida.

Ya no quedaban rastros de aquellas niñas que peleaban al borde del odio por no comprender sus diferentes formas de ver la vida. Un afectuoso abrazo frente a la tumba de su padre selló aquel vínculo que, a pesar de la muerte de sus padres y dos hermanos, se conservó y fortaleció con la experiencia que ambas han adquirido.

Bran no estuvo al margen de este retorno, y al igual que con Sansa, su respuesta no fue una calurosa recepción. Él está más allá de eso, pero sabe perfectamente lo que hace. Ahora, aquella daga que simbolizaba la muerte enviada por los Lannister, está en poder de Arya, la hábil sin rostro.

En Rocadragón Jon Snow accede a la gran reserva de vidriagón, pero antes de extraerlo y construir armas quiere mostrarle su hallazgo a Daenerys. Unas suerte de pinturas rupestres invadían el interior de la cueva a orillas del mar. Los símbolos indicaban que los primeros hombres no estaban separados en casas ni enfrentados entre sí por obtener el trono, sino que luchaban juntos por un enemigo común.

Los caminantes blancos y el Rey de la noche deben ser el objetivo a atacar. Aquellos murales lo dejaron en claro y la heredera Targaryen lo comprendió, pero se resiste a entregarse de lleno a aquella lucha sin que el Rey en el Norte se incline ante ella jurando lealtad. Por su gente, por aquellos que creen en él, Jon no puede aliarse ciegamente con la casa de los dragones.

Las noticias de la estrategia fallida de Tyrion no tardaron en llegar. “Estoy en guerra y estoy perdiendo”, dijo Danerys a Jon en busca de apoyo para partir con sus dragones y atacar a sus enemigos. Daenerys de la tormenta no quiere continuar con los planes ingeniosos. “Pudiste hacer lo imposible, pero si derrites castillos y quemar ciudades, solo mostrarás que eres más de lo mismo”, replicó Jon.

El próximo destino de Danerys no fue Desembarco del Rey, pero tampoco se quedó de brazos cruzados. En ausencia de la reina, Jon recibió al derrotado Theon Greyjoy, quien se liberó de la ira de Jon al mantener a salvo a Sansa cuando fue cautiva de Ramsay Bolton. Las piezas del tablero están adquiriendo nuevas posiciones.

Todo lucía tranquilo para el batallón liderado por Jaime Lannister tras su triunfo en Alto Jardín. El oro fue recolectado y sus soldados descansaban, pero llegó el momento de igualar el marcador.

El inconfundible sonido de cascos de caballos resonando en la lejanía fue percibido por Bronn, activando las voces de alerta en el campo de batalla. En el horizonte, una horda de Dothtraki anunció el inminente contraataque liderado por la hija del Rey Loco.

Montada en un dragón de dimensiones difíciles de creer, solo se escuchó la orden “Dracarys” y tras ellos, gritos de desesperación y aullidos de guerra. Hombres quemados vivos, decapitados, atravesados por lanzas y caras de horror invadían el lugar.

Pero Bronn y Jaime se negaban a huir sin jugar la carta maestra: la ballesta capaz de matar dragones. A pesar de la escena apocalíptica en que estaban, uno de aquellos arpones mortales logró atravesar al hijo de Daenerys. El cielo dejó de ser su posición de batalla, y en tierra la joven líder luchaba con todas sus fuerzas por salvar a Drogon.

Era el momento para que Jaime repensara su estrategia, pero el odio y la desesperación pudo más. Quería a toda costa eliminar aquella mujer que decía ser dueña del trono y que estaba asesinando a su ejército. Pudo ser el error que le quitara la vida, pero zafó por un segundo de morir calcinado.

La madre de dragones tomó la delantera en la guerra por el trono de hierro, por ahora…

Sobre el autor:

Mónica Garrido |
Periodista de La Tercera