*

Culto
Arcade fire: el disco eterno

Arcade fire: el disco eterno

Los canadienses han transitado desde un pop con aires progresivos y emotivos hacia una arquitectura concentrada en el ritmo. Lo enunciaron en Reflektor. En Everything Now reiteran.

I.
La burbuja en torno a Arcade Fire ha reventado. Fans y una parte de la prensa se sienten defraudados. La expectativa desmesurada en torno a los canadienses pasa la cuenta. El espaldarazo de David Bowie y U2, semejante a una venia papal al sentirse reflejados en el debut Funeral (2004), timbró una especie de sello de calidad inapelable sobre este ensamble soñado para el indie rock: combo de multi instrumentistas de nerviosa energía con áurea de eternos chicos. Tenían que ser buenos. Pero la historia de la música popular es así. Hay gente que comulga con Patti Smith como la heroína del punk. Otros ven humo. El cartel de sucesores de U2 también es un traje pasado de tallas. El impacto de Arcade Fire es de nicho, a distancia kilométrica de la huella de los irlandeses en sus mejores años. No hay réplicas de su estilo ni cambiaron el curso de la música como sucede con los artistas realmente influyentes.

II.
Everything Now tiene algo de musical sobre la vida moderna con un detalle ingenioso: el primer corte se enlaza al último y viceversa. Si se programa para reproducción continua provoca un perfecto loop. Punto para Arcade Fire.

La canción homónima es el eje del álbum protagonizada por una melodía al piano con rastros de la dulzura bailable de ABBA. Tenemos todo al alcance, apunta la letra, aludiendo a la tecnología, la información, el consumo, la instantaneidad en definitiva, mientras fingimos en redes una felicidad vacua. Los versos rematan en un llamado nostálgico al núcleo familiar. Todo eso en una pieza de pop de crecimiento coral entre liturgia y carnaval. Otro punto para Arcade Fire.

El álbum avanza convincente en “Signs of Life” y sube la apuesta con “Creature Comfort”. El deseo de atención, la fama y el suicidio envueltos de synth pop intenso, crispado y siniestro.

La intensidad desciende de golpe cuando tantean la pista de baile con bosquejos reminiscentes a The Clash divagando en el ambicioso Sandinista! (1980), falta ya cometida por los canadienses en Reflektor (2013). “Peter Pan” y “Chemistry” son absolutamente sosas. El voltaje y el punk rock con violines -gran maridaje- se apodera de “Infinite Content”, seguida de “Infinite_Content”, la misma canción pero interpretada en clave acústica folk, a la manera de un vehículo que cambia la marcha de golpe. “Electric Blue”, con la voz de Régine Chassagne procesada en plan Alvin y las ardillas, y “Good God Damn”, un soul donde apenas el bajo aventura algo, trastabillan.

“Put Your Money on Me”, de coro adictivo y embriagante fraseo en el sintetizador, recupera la gracia de la primera mitad confirmando que el cariz electrónico de Arcade Fire es la mejor cara de este título. El cierre llega con “Everything Now (continued)”, suave suite en teclados con un espectacular clímax de cuerdas. Luego, el comienzo otra vez.

III.
Los canadienses han transitado desde un pop con aires progresivos y emotivos hacia una arquitectura concentrada en el ritmo. Lo enunciaron en Reflektor. Acá reiteran. No aciertan siempre. Es natural. A cambio ejercen la libertad artística dando muestras de integridad. Abandonar la zona de confort es una prueba superada para esta banda que goza de más fichas de las merecidas.


Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras