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Culto
Tebas Land: un Edipo en la cuna moderna del parricidio

Tebas Land: un Edipo en la cuna moderna del parricidio

Aplaudida en Alemania, Francia, Inglaterra y Argentina, la obra del uruguayo Sergio Blanco que reescribe la célebre tragedia griega debuta este viernes en el GAM, en una versión dirigida por Lucía de la Maza.

Un padre tortura a su hijo apretándole los dedos entre las páginas de un libro, y este último decide darle 21 estocadas con un tenedor -una por cada año de su vida- hasta verlo desangrarse. “El padre era una bestia. Un monstruo. Le pegaba todo el tiempo. Lo torturaba. Incluso en público. Lo humillaba permanentemente. Les deshizo la vida. A él y creo que también a su madre. Es como lógico que un día lo haya eliminado. Que un día haya puesto un freno a toda esa especie de calvario”, dice S, un conocido dramaturgo que decide abandonar la excéntrica París para volver a su tierra natal, en busca del testimonio que le dará sangre y verdad a su próxima obra.

S es, a todas luces, el más nítido reflejo del dramaturgo uruguayo Sergio Blanco (1971), autor de La ira de Narciso y de Tebas Land, un texto que desde su aparición en 2012 no solo impactó por su fresca aunque brutal revisita a la tragedia griega de Edipo, sino que además expuso una suerte de manifiesto moderno sobre el quehacer teatral y las múltiples posibilidades que surgen durante el proceso creativo. La obra ya debutó en Alemania, Francia e Inglaterra, donde obtuvo el premio Off West End a la mejor producción del año, y recientemente fue estrenada en Argentina, donde además fue publicada por la editorial cordobesa DocumentA/Escénicas. Desde este viernes 4, y por primera vez en Chile, una versión local llegará al GAM bajo la dirección de Lucía de la Maza que convertirá a los actores Freddy Araya y Lucas Balmaceda en el escritor y el joven parricida.

Nunca sabremos cuánto lleva preso, pero desde que asesinó a su padre no han cesado las comparaciones entre el joven Martín Santos y el desventurado protagonista de la tragedia de Sófocles.

“El parricidio es solo la primera lectura, lo más anecdótico e impactante del texto”, dice De la Maza (1974). “Pero una vez que lo leímos los tres juntos y nos pusimos a ensayar, nos atrajo la forma en que desnuda el proceso creativo, con el cual nos identificamos todos”. Agrega: ”La urgencia de hacerla yo misma y ahora, tiene que ver primero con una inquietud artística mía, pero también porque el texto instala otros temas, como la violencia, la paternidad y la lucha de clases en un mundo hostil como el de hoy, en el que es casi imposible sostener un encuentro significativo con otro”.


La jaula

Está la cancha de básquetbol enrejada en la que S y Martín sostendrán sus encuentros. También el escritorio sobre el que el autor escribirá la obra, y en medio de todo, la sala en que se ensayará la misma. En esas tres dimensiones paralelas, aunque inseparables la una de la otra, corre Tebas Land. “La obra está armada como pieza de relojería”, opina Freddy Araya. “El texto es como una célula: uno no solo es testigo de cómo se afiata la relación entre ambos, sino que además ve el proceso de escritura y montaje de la obra, y en la misma narración. Ese ha sido el mayor desafío de montar un texto como este, que entrecruza lo que es ‘real’ y lo que no”, agrega.

“Es como si la obra comenzara muchas veces, y siempre es la figura del padre muerto la que provoca tensión entre Martín y S”, dice Balmaceda, quien además de encarnar al parricida, de un momento a otro se convierte en el actor que protagonizará la obra: “Cada vez que los dos logran establecer una relación más lineal y humana reaparece el fantasma del padre -un claro guiño a Hamlet-, y todo se quiebra”.

¿Cuándo se empieza realmente a escribir un texto?, le preguntaron en una entrevista a Sergio Blanco en Argentina. Y aunque la misma incógnita ronda el texto, para él la respuesta es un misterio: “No se empieza a escribir justamente en el momento en que uno la empieza a escribir”, declaró. “Siempre digo que Tebas la empecé dibujando, porque una mañana vi en París una cancha de básquet enrejada, con unos chicos adentro, y pensé: qué bonito lugar para contar algo, quizá sea uno de los espacios más teatrales dentro del ámbito deportivo”, siguió. Lo primero que hizo fue dibujar en su cuaderno la misma jaula que había visto desde su ventana. “Creo que uno empieza a escribir una obra cuando de pronto siente algo extraño, una especie de enunciación que te viene a decir que algo va a pasar”, agregó.

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