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Culto
Hugues Pradier, director de la colección La Pléiade: “Elegimos obras vivas, capaces de atravesar el tiempo conservando a los lectores”

Hugues Pradier, director de la colección La Pléiade: “Elegimos obras vivas, capaces de atravesar el tiempo conservando a los lectores”

El responsable del buque insignia de editorial Gallimard, conversa sobre una de las colecciones más prestigiosas del mundo y de la reciente incorporación de Mario Vargas Llosa y Georges Perec a su catálogo.

En 1943, en una entrada de su Diario, el escritor André Gide anotaba que le habían comentado que en varios lugares del mundo eran muy valorados los libros de la Pléiade, aquella colección que hacía más de una década había llamado su atención. Desde entonces la importancia y prestigio de la Bibliothèque de la Pléiade no ha hecho sino aumentar. Iniciada en 1931 con obras de Charles Baudelaire, cada año se incorporan a ella autores franceses o extranjeros, con vocación por la “inmortalidad”: Poe, Faulkner, Proust, Dante, Stendhal, Cervantes, Montaigne, Kafka.

Tras la Segunda Guerra Mundial la Pléiade se consolidó como un catálogo de referencia y se convierte en una de las colecciones de libros más importantes del mundo, a la vez reconocida y reconocible, con sus volúmenes cuidadosamente encuadernados en cuero, de distinto color según cada época.

La integración de un autor se considera como la mayor consagración, “más importante que el Nobel”, según algunos. Pero los más de 600 volúmenes editados, no han estado exentos de polémicas. Ya porque fuera cuestionada la edición, como hizo la viuda con la de Borges, que significó una lucha judicial de 10 años. Ya porque cierta crítica no consideraba a algunos autores a la altura, como ocurrió con Georges Simenon o Jean Anouilh. Otras discusiones han ocurrido en las ocasiones en que la colección deja entrar a autores vivos. El primero fue el propio Gide en 1939, al que siguieron otros pocos. El último de ellos ha sido Mario Vargas Llosa, en 2016. Después de todo, no es fácil convertirse en “clásico” en vida. E incluso puede no serlo, 35 años después de muerto, como ocurre con la más reciente publicación, en mayo pasado: los dos volúmenes dedicados a Georges Perec (1936-1982), que representan a un autor (que tanto gustaba de las bromas y los juegos formales) inesperado.

Creada en 1931 por Jacques Schiffrin y comprada por Gallimard en 1933, sólo ha tenido seis directores. Desde 1996 lo es el escritor Hugues Pradier.


-¿Qué hay de cierto en que la producción de los libros de la Pléiade se inspira en la de los misales?

-La forma de los volúmenes de la Pléiade, en efecto, está inspirada en los misales: cubierta de cuero suave, “papel biblia”, caracteres pequeños pero muy legibles. Lo que es original, naturalmente, es la idea de publicar en esta forma las obras maestras de la literatura.

-¿Le parece exagerado decir que los fieles de la Pléiade constituían una “secta”?

-Esta “secta” es en realidad la comunidad informal de personas para las que la lectura no es una simple distracción, sino una necesidad. Es decir, como dijo André Malraux, los lectores que “sin haberse vuelto locos, se someten a lo que los otros llaman imaginario con la fuerza que esos otros otorgan a lo real”.

-¿Cómo es el proceso de selección de autores?

-Ningún volumen es publicado por deber. Siempre es una cuestión de deseo. Algunas propuestas nos llegan desde el exterior. La decisión final de publicar la toma Antoine Gallimard. Los escritores que elegimos tienen algo en común: sus obras no son moda. No son prisioneros de su tiempo, sino que continúan atrayendo a los lectores mucho después desaparecer. La Pléiade elige obras vivas, es decir, obras capaces de atravesar el tiempo conservando lectores.

-¿Cuál es el riesgo de apostar por escritores “atípicos” como Blaise Cendrars, Boris Vian y Georges Perec?

-Todo gran escritor es “atípico”. Al nombrar a Vian, Cendrars o Perec, puede querer indicar que ellos, ante ciertos ojos, no tienen la legitimidad de “clásico”. Pero si los hemos publicado en la Pléiade, es porque creemos que ellos tienen, también, la capacidad de escapar de su tiempo. Su obra puede no haber sido considerada en su justo valor en vida. No importa: todo el mundo no es reconocido inmediatamente. Con el tiempo, la mirada de los lectores cambia, y de cierta manera la obra también.

-¿Es distinto cuando entra a la colección un autor vivo?

-Publicar a un autor durante su vida no cambia nada en principio. Escoger obras destinadas a durar, es siempre una apuesta. Lo que puede cambiar es la elaboración del volumen. A menudo los escritores vivos quieren construir una edición que a sus ojos tiene un carácter definitivo o un valor testamentario. Así, ellos eligen los libros, la organización, los principios editoriales que les parece que hacen más justicia a su obra.

-¿Cómo va la edición de Philip Roth?

-El primer volumen de la obra de Philip Roth aparecerá en octubre de 2017.

-Está también la cuestión político, como en el caso del colaboracionista Drieu La Rochelle …

-La cuestión, para nosotros, no es hacer hoy un juicio sobre las decisiones políticas o morales que un escritor hizo ayer: es algo fácil y sin interés. De lo que se trata es saber si es un gran escritor. Si es así, podemos publicarlo, no a pesar de sus posiciones políticas, sino con esas posiciones, teniendo en cuenta el estudio de la obra, como aparece respecto de Drieu La Rochelle, en el aparato crítico del volumen.

-¿Le preocupa la digitalización?, ¿cuál es el futuro de la Pléiade?

-El futuro de la colección está vinculado en parte a los grandes lectores, los famosos miembros de la “secta” y, en parte, a nuestra capacidad de seguir tomando opciones a la vez exigentes y atractivas. La Pléiade es el encuentro de un objeto y de una fórmula editorial. Si uno de los elementos desaparece (y en el caso de una edición digital es el objeto el que desaparece), la definición misma de la colección es vulnerada. Esto no impide que las ediciones preparadas por la Pléiade estén en forma digital, para otros usos.

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