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Culto
La Telenovela Errante: cómo es la película perdida de Raúl Ruiz

La Telenovela Errante: cómo es la película perdida de Raúl Ruiz

Culto tuvo acceso al filme hasta ahora inédito del realizador de Tres tristes tigres que se estrenará en agosto en el Festival de Locarno. Con referencias a la televisión local y a los chilenos “retornados”, la cinta de 1990 podría definirse como lo que Raúl Ruiz encontró tras volver del exilio.

En la primavera del año 1990, 24 años antes de que el canal Mega comenzara a detonar la redituable audiencia de las teleseries nacionales a través de una producción turca llamada Las mil y una noches, al realizador chileno Raúl Ruiz (1941-2011) se le ocurrió poner en una película una telenovela hecha en el país de Asia Menor. Es más, como si percibiera que ningún actor chileno iba a tener demasiado estómago para ver y escuchar la implacable competencia venida desde el otro lado del Atlántico, escenificó una toma donde un muy joven Francisco Reyes grita, como poseído: “¡Piratas, piratas, turcos piratas!”. Está algo borracho y dicharachero, pero tiene razón: aquellos turcos que ve en una pantalla de 14 pulgadas de un televisor IRT son bastante despreciables.

Todo este entramado narrativo sucede en una de las sucesivas y delirantes escenas de La telenovela errante, película que por 27 años permaneció inédita. Dirigida por Raúl Ruiz en una semana de noviembre del año 1990, su nombre alude entre otras cosas al título que tiene la teleserie turca (se llama La telenovela errante) que por esos días cautiva a la teleaudiencia chilena. Como si Ruiz fuera un impensado oráculo del futuro pop, en una escena una actriz dice que trabaja en la televisión interpretando a una tal Scheherezade, el mismo nombre de la protagonista de la teleserie turca que reventó el rating chileno en el 2014.

La película, que a estas alturas podría caer en el género de la literatura de anticipación a lo Julio Verne o H.G. Wells, va en cualquier caso mucho más allá de aquella premonición sobre los futuros gustos televisivos del pueblo chileno: se trata de una sorprendente y lúcida radiografía del Chile posmilitar de 1990, el primer año de la democracia en el país

La telenovela errante se estrenará en el próximo Festival de Cine de Locarno (Suiza), el encuentro de cine de autor por excelencia del mundo, y el mismo festival que en el año 1969 le dio el primer gran reconocimiento internacional a Raúl Ruiz al concederle el Leopardo de Oro por Tres tristes tigres. Locarno, que va desde el próximo miércoles 2 de agosto hasta el sábado 12, es una de las paradas de la cinta, que además inaugurará el Festival de Valdivia el próximo 9 de octubre.

Aunque la producción fue rodada por Ruiz, en sus créditos la dirección recae en Ruiz y su viuda Valeria Sarmiento, quien en poco menos de cuatro meses de este año le dio coherencia al material de rodaje. “Cuando se encontraron los primeros rollos de negativo en la Cineteca Nacional, comenzó la búsqueda”, cuenta Sarmiento desde París sobre el metraje que nunca había visto la luz y que en Locarno se dará el jueves 10 de agosto. En la investigación y producción de la copia final de La telenovela errante participó Chamila Rodríguez, una de las actrices habituales de Ruiz en el nuevo milenio, mientras que el montaje estuvo a cargo de Galut Alarcón, socio de Chamila Rodríguez en la productora Poetastros. Los tres (Sarmiento, Rodríguez y Alarcón), y con ayuda de fondos del Consejo Nacional de la Cultura, sacaron adelante el que puede ser el primero de varios filmes que Ruiz dejó a medio terminar.

“Fue un trabajo de equipo que espero continuará para recuperar otros filmes”, dice Valeria, quien por estos días prepara una nueva cinta de su propia autoría. Sobre el proceso de ensamblar una cinta que hasta ahora no tenía forma, la realizadora dice: “No hay misterio, trabajé muchos años con Raúl y creo que puedo adivinar lo que me habría dejado hacer con la película para terminarla. Filmamos dos días más y eso permitió darle una forma simpática a elementos dispares”, cuenta.

Una semana, una película

En la cinta, a la que tuvo acceso Culto, los 80 minutos de duración se dividen en siete capítulos que representan los siete días de la semana, cada uno animado por viñetas disparatadas y diálogos delirantes. Ya se sabe: son delirantes el sentido de Ruiz, es decir ingeniosos, cómicos y hasta kafkianos, desde un funcionario gubernamental que sólo habla a través de eufemismos de leguleyo hasta un empleado de oficina que cada vez que se comunica por teléfono explica si sus palabras van con hache o sin hache, con acento o no, con b o v, etcétera. Y, por supuesto, están los clásicos semidesconocidos que salen desde la nada para terminar chachareando alrededor de una “pílsener”

Esta última palabra, que se refiere a la clásica cerveza rubia, es probable que incluso haya estado ya en desuso en 1990 y tenga que ver con un guiño de Ruiz hacia el habla del Chile que dejó en 1973. Pero Ruiz no era un nostálgico, o al menos no sólo era eso, y la película está repleta de lazos con el momento. Aquella cualidad de sintonizar con lo más grande y lo más pueril de nuestro pueblo ya había dado como resultado Diálogos de exiliados (1975), referencial título donde observaba con lucidez y causticidad a un grupo de desterrados tras el Golpe Militar.

Cerrando un círculo perfecto, La telenovela errante comienza con un episodio cuyos protagonistas podrían ser dos auténticos viejos exiliados tratando de ganar puntos en la naciente democracia. Son dos hermanos, ambos políticos socialistas y uno de ellos pretende a la esposa del otro. Uno se cree poeta y el otro es más pragmático. El que hace alardes de artista es el marido y el otro, el que tiene los pies más en la tierra, es un clásico fabricante de acuerdos y partidarios de las medias tintas. Cuando su amante le pregunta acerca del divorcio, responde, tibiamente: “Es un tema delicado ya que en nuestro partido (el socialista), sobre todo en los sectores más renovados, hay católicos, y no sería ni justo ni oportuno promover una ley de divorcio, que va contra sus más profundas convicciones”.

Toda la película contiene citas al auge de las telenovelas nacionales y como para Raúl Ruiz había que practicar lo que se predicaba el elenco está sacado en gran parte del grupo de actores que en ese momento poblaba la tv local: así es como acá desfilan nombres como Roberto Poblete, Patricia Rivadeneira, Mauricio Pesutic, Carlos Matamala, Maricarmen Arrigorriaga, Liliana García, Francisco Reyes o Luis Alarcón. Pocos siguen en la pantalla, otros (como Alarcón) eran actores de toda la vida de Ruiz y un grupo significativo desapareció para siempre de la caja catódica.

En rigor, el elenco se formó a partir de un taller que Raúl Ruiz daba en ese momento y que decidió transformar en una película. “Yo lo observa cuando realizaba los diferentes ateliers. Era una manera de compartir lo que el sabía de cine y de dirección de actores. Su manera de enseñar en Harvard, Duke, Aberdeen, Sicilia, era así: ‘Yo filmo una secuencia, los alumnos hacen otra y después comparamos’. Pocos profesores de cine se prestan a que sus estudiantes los juzguen y discutan de igual a igual”, cuenta Valeria Sarmiento.

Acompañada de una sombría y melancólica banda sonora del habitual compositor de Ruiz, Jorge Arriagada, La telenovela errante también es recurrente en una serie de personajes que recién llegaron a Chile tras el exilio e incluso una de las teleseries que se ve se llama Las retornadas. Eso sí, uno de los personajes (Patricia Rivadeneira) tiene una visión más concreta del término: “Las retornadas son las esposas de los retornados, tipos que ahora son ministros y que las abandonaron por unas cabras más chicas”.

Para Valeria Sarmiento, la acertada visión panorámica que Ruiz tuvo de Chile en ese momento se explica con facilidad: de alguna manera ellos compartían muchas de las características de los personajes de La telenovela errante: “Raúl poseía inteligencia y lucidez, dos cualidades que no siempre van juntas. Nosotros estuvimos 10 años sin volver a Chile, después comenzamos a visitar el país unos pocos días por año para ver a la familia y observábamos. Cada visita era la posibilidad de descubrir: un nuevo escándalo, un nuevo desastre, la cuidad modernísima y los nuevos chilenismos. Nos llamaban ‘retornados’, y a decir verdad no nos gustaba mucho pero había que aceptarlo”.

El tono despectivo del término “retornado” se cuela en la actitud de una serie de caracteres de la película. Uno de ellos, un clásico compatriota con envidia a cargo de Mauricio Pesutic, es bastante gráfico al encontrarse con un viejo compañero de colegio (Francisco Reyes) en la calle: “Te acordai de mi. Imagíname sin barba. ¿Llegaste hace poco? Hablai francés ah, ¿Oye y cómo es Venecia? Sabís que yo nunca he salido de Chile”.

Ambos terminan en un bar, alrededor de una “pilsener”, el último refugio de los noctámbulos de Tres tristes tigres y también de los chilenos del primer año en democracia.

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