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Culto
Cecilia y Violeta: incomparables

Cecilia y Violeta: incomparables

La historia es curiosa. La imagen de estas dos mujeres irrepetibles conversando sobre su vida, sus amores y canciones es algo que conmueve de solo imaginarlo.

No les paraba la lengua. Cada vez que se encontraban en las radios de la época o en los sellos discográficos o en uno que otro show, siempre pasaba lo mismo. Que terminaban conversando largo rato, contándose las historias personales, riéndose, “tallando”. Cecilia recuerda que la única que se le cerró la garganta, que no le salió la voz, fue ese domingo de febrero de 1967. Violeta Parra le había metido un papelito debajo de la puerta invitándola a la Carpa de La Reina. Le dijo que la esperaba el domingo y que le tenía tres canciones que estaban pintadas para ella.

La nacida en Tomé se lamenta hasta hoy: ese día tenía otro compromiso, uno de tantos en la época en que era una de las cantantes chilenas más populares, y no fue a ver a la Violeta. Nunca pensó que la mujer que meses antes había estrenado “Gracias a la Vida” decidiría partir al otro mundo esa misma mañana y cuando le avisaron, poco antes de salir al escenario, apenas no se pudo la pena. Fue el día que peor cantó, recuerda, y ni siquiera tuvo ganas de ir al velorio o al funeral.

La mujer del “Baño de Mar a Medianoche”, la del pelo corto, pantalones con cierre adelante y besos de taquito, esa figura visionaria que ayudó a desterrar la idea de que la mujer era mero adorno en el mundo del espectáculo, vuelve este fin de semana en un show de la Nueva Ola. Y su retorno pasa algunos días después de un masivo homenaje a Violeta Parra en Buenos Aires y en el contexto de muchas otras celebraciones por el centenario de su natalicio.

Cecilia es muy probable que cante sentadita y no más de ocho temas este domingo en el teatro de la calle San Diego, ya recuperada de esa crisis de salud que casi la manda al encuentro de su vieja amiga durante el 2016. Pero a diferencia de “la Viola”, como la menciona hoy, ella sabe que es una sobreviviente, con toda la cuota de olvido y por momentos de indiferencia que eso conlleva.

La historia es curiosa. La imagen de estas dos mujeres irrepetibles conversando sobre su vida, sus amores y canciones es algo que conmueve de solo imaginarlo. Y es muy significativo que esto se recuerde hoy, en este año, en estos tiempos en que las mujeres siguen peleando por igualdad en un mundo gobernado por hombres porque estas dos fueron adelantadas a su tiempo y quizás por eso se tenían buena y se caían bien y se piropeaban cada vez que podían. Porque eran severas y talentosas, porque no se andaban con medias tintas y porque sabían que lo suyo iba a trascender.

Cecilia dice que una de las que va a cantar este fin de semana es “Gracias a la Vida”, esa que grabó en 1970, cuando quería reinventarse y que inesperadamente marcó el comienzo de su declive artístico. La va a cantar con lo que le queda de voz, pero con lo que le sobra de emoción. Con el eco de un ímpetu escénico que fue además el rasgo común de las dos más trascendentes cantantes chilenas de la historia de la música popular.

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